Capítulo 11 - Celos, pruebas y un fuego inesperado

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Narrado por Andy

Desperté con el corazón latiendo suave, envuelta por los dos amores de mi vida. Mateo, echado sobre mi pecho como si aún fuera un bebé, y Joel abrazándome por la espalda, como si tuviera miedo de soltarme. Estaba atrapada entre ambos, con cariño, calor... y peso.

Intenté moverme, pero ninguno de los dos parecía querer dejarme ir.

—Necesito ir al baño —susurré.

—Nooo —dijeron al unísono, medio dormidos.

—De verdad necesito ir al baño —repetí, riéndome entre dientes.

Con algo de resistencia, me soltaron. Aproveché para escabullirme, ducharme rápidamente... y, finalmente, hacerme la prueba de embarazo. Tenía el corazón acelerado mientras esperaba, los segundos se volvían eternos.

Pero antes de que pudiera mirar el resultado, Mateo entró corriendo.

—¡Mamá, quiero pis! —gritó.

—¡Cuidado! —intenté advertir, pero ya era tarde.

De un manotazo, botó la prueba al inodoro.

—¡Perdón, mamá! Quiero orinar...

—Pues orina, mi amor —suspiré, frustrada.

—¿Por qué gritan así? —se escuchó la voz de Joel desde la habitación.

—¡Atiéndelo tú! —le respondí desde el baño.

Joel apareció con cara de sueño.

—Enano, ¿qué hiciste ahora?

—No lo sé... —dijo Mateo con esa carita de inocente culpable.

Mi intento de hacerme la prueba se fue literalmente al caño. Me cambié, suspiré profundo y bajé con las chicas para distraerme. Encontré a mi sobrina Leidely en su silla, tan hermosa que no resistí cargarla. Ely se acercó con su mamila.

—¿Le quieres dar de comer? —me ofreció.

—Sí, me encantaría.

Me entregó la mamila, y comencé a alimentarla con ternura.

—Bebé, qué rico comes —le decía, embobada.

Pero entonces bajó Mateo con su papá, y al verme con la bebé, su expresión cambió por completo. Sus ojitos se llenaron de lágrimas.

—¿Qué pasa, hijo? —le preguntó Joel.

—Mi mamá ya no me quiere —dijo entre sollozos.

—¿Por qué dices eso?

—¡Porque quiere a la bebé Leidely! —respondió, señalando con el dedo.

—Amor —me llamó Joel.

—¿Qué pasó? ¿Por qué llora Mateo?

—Dice que ya no lo quieres.

—Mateo, ven acá —dije preocupada.

—¡No! Quiero a mi papá —respondió, alejándose.

Ely y Leidy se acercaron alertadas por el alboroto. Le entregué a Ely a la bebé con cuidado y me acerqué a Mateo, pero él seguía negando con la cabeza.

Suspiré. —Ok... vamos a desayunar.

Mateo tomó la mano de su papá y se fue con él, ignorándome por completo. Me dolía más de lo que quería admitir.

Después de desayunar, salimos a recorrer el famoso mercado de La Boquería. Como pronto pasaríamos Navidad en la sierra española, queríamos comprar algunas cosas para el viaje. Intenté acercarme a Mateo de nuevo, pero se alejaba cada vez que me aproximaba. La tensión era más que evidente.

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora