Narra Joel
Al despertar, lo primero que hice fue mirar a mi hijo, dormido plácidamente entre nosotros. Después, mis ojos se posaron sobre Andy. Así quiero despertar todos los días: con mi mujer a un lado, mi hijo abrazado a nosotros, y muy pronto, con mi princesa Emilia en brazos.
Después de lo que vivimos anoche, tomé una decisión: hoy será un día solo para mi familia. Llamé al trabajo para avisar que no iría. Luego contacté al colegio de Mateo para justificar su falta, y también hablé con Michel para decirle que Andy no trabajaría. Hoy... nos desconectamos del mundo.
Me levanté temprano, con ganas de sorprenderlos, y preparé el desayuno. No soy un chef, pero lo hice con todo el amor que tengo.
El primero en aparecer fue Mateo. Entró corriendo a la cocina con una sonrisa tímida.
—¡Buenos días, papi!
—Buen día, mi bebé —le respondí, agachándome para abrazarlo.
—¿Ya no estás molesto conmigo?
—No, mi amor. Perdóname, de verdad... Nunca debí dudar de ti. Tú siempre has dicho la verdad.
Mateo bajó la mirada.
—Tú y mi mami me han enseñado eso.
—¿Me cuentas qué pasó exactamente?
—Yo estaba jugando con unos niños más grandes. Me tocaba tirar la pelota, pero uno dijo que no y me empujó. Me puse a llorar y justo llegó mi abuelita Regina... me dijo que me callara y me pegó. Por eso vino mi mamá.
Sentí que el corazón se me apretaba.
—No estás mintiendo, hijo. Te creo. Y hoy... no hay escuela ni trabajo. Vamos a pasear los tres juntos.
—¿Y Doki también?
—Claro, Doki viene con nosotros.
Mateo miró hacia el pasillo.
—Mami todavía duerme...
—Vamos a despertarla para desayunar todos juntos.
—Papi... a mi mami no le gusta que comamos en la cama...
—Eso es verdad. Pero vamos a despertarla con cariño.
Fuimos al cuarto. Cuando entramos, noté que Andy ya estaba despierta, pero se hacía la dormida. Sonreí.
—Mateo, despiértala con cuidado.
Mateo se acercó despacio, le dio besitos en las mejillas.
—Mami... despierta...
—Papi, no se despierta...
—Déjame intentarlo yo.
Me acerqué, le di un beso en los labios... y Andy me lo correspondió. Pero Mateo se cruzó de brazos, hizo una mueca y soltó:
—¡Ya no quiero nada! —y salió corriendo.
—Ay, no... —dijo Andy— Ven, mi amor.
—Ya salió celoso Mateo —comenté entre risas.
—¿De dónde saca tanto celo?
—No lo sé... pero lo tiene.
Narra Andy
Después del incidente en la habitación, fui tras Mateo a su cuarto. Lo encontré sentado en su cama, mirando al suelo.
—¿Qué pasa, mi amor?
—Nada...
—Tenemos que hablar.
—¿De qué?
—¿Por qué eres tan celoso?
—No lo soy...
—Sí lo eres, mi amor. Cada vez que papá me da un beso o me abraza, te molestas.
—Es que no quiero...
—¿Recuerdas cuando te dije que el amor se comparte?
—Sí...
—Entonces, ¿por qué actúas así?
Joel se asomó por la puerta.
—Ya no le digas más, Andy. Poco a poco lo va a entender.
—Papá...
—Vamos a desayunar.
Lo miré con ternura. Mateo aún tiene mucho por aprender, pero lo hará con amor. Nuestro amor.
Después de desayunar, nos preparamos para salir. Nos cambiamos y salimos todos: Joel, Mateo, Doki y yo. Fuimos al parque, a comer helado, caminamos por la plaza... nos sentamos en el pasto y reímos como hacía mucho no lo hacíamos.
Durante el paseo, Joel me dijo algo que me dejó en silencio:
—He tomado algunas decisiones. Ya era hora.
Lo miré sorprendida.
—La primera... es que voy a poner en su lugar a mi mamá. Ya hablé con Michel y Ely. Mi madre tiene que entender que mi familia ahora eres tú, Mateo y Emilia. Si no lo acepta... es su problema.
—Joel...
—La segunda decisión: voy a dejar el call center y ayudar con la empresa. Quiero tener más tiempo con ustedes. Ya hablé con Michel, con Ely, y ellas están de acuerdo.
No supe qué decir. Solo lo abracé. Joel estaba madurando, creciendo, y tomando decisiones como el hombre y padre que necesitábamos.
Narra Mateo
Todo el día fue increíble. Comí helado, corrí con Doki, me subí a los juegos y mis papás estaban felices.
En la noche, cuando llegamos a casa, subí solo a mi cuarto. Antes de dormir, le dije a mi mami:
—Mañana quiero hablar con mi abuelita Regina.
—¿Sobre qué, mi amor?
—Quiero decirle que ya no me puede mandar ni decir cosas feas. Que no me voy a dejar manipular.
Ella me abrazó tan fuerte... me sentí valiente.
Narra Andy
Esa noche, mientras arropaba a Mateo, pensé en lo lejos que habíamos llegado. No fue fácil, pero este día marcó un antes y un después.
Joel está cambiando. Mateo está creciendo con valores. Y yo... yo estoy aprendiendo a perdonar, pero también a poner límites.
Nuestra familia... está tomando forma.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
