capitulo 6: Escape entre amigas

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Después de dos meses intensos en el trabajo —y una montaña rusa emocional gracias a cierto personaje— sentía que necesitaba desconectarme. Pame lo notó primero.

📱 Chat – Las tres mosqueteras

Pame: Amiga, tienes cara de "necesito un break de la vida".

Michel: Yo la veo con cara de "¡llévenme lejos ya!"

Andy: Jajaja, sí... estoy al borde. ¿Nos escapamos?

Pame: ¡Dicho y hecho! Fin de semana en la playa. Las tres. Cero dramas, cero hombres.

Michel: Solo nosotras, ceviche, sol y outfits de infarto. ¡Confirmo!

Andy: Confirmadísima. Lo necesito como aire.

📍Playa – Dos días después

Salimos un viernes por la tarde. Maletas ligeras, playlists listas y cero señal de estrés. En cuanto bajamos del bus, respiré hondo. El mar frente a nosotras, el viento salado en la piel... y mis dos mejores amigas a mi lado. El alma se me acomodó de golpe.

Nos hospedamos en un Airbnb sencillo pero con vista al mar. Al dejar las cosas, corrimos directo a la arena.

Michel: ¿Quién dijo terapia? Esto es mejor.

Pame: El mejor antídoto para un "Joel".

Andy: ¡No digan su nombre, que me da alergia!

Nos reímos a carcajadas. Por primera vez en semanas, me sentí liviana. Libre.

Esa noche pedimos comida marina, pusimos música y nos sentamos en la terraza con unas copas de vino rosado. Ahí, entre risas y confidencias, lo solté todo.

Andy: Me da cólera. No porque me gustaba... sino porque me sentí invisible. ¿Entienden?

Pame: Te entiendo demasiado. Es como si te quitaran el poder de decidir, porque ni siquiera te ven.

Michel: Pero ¿sabes qué? Eso ya pasó. Ahora mírate: estás aquí, con nosotras, más fuerte. Ese tipo no merece ni un pensamiento más.

Andy: Lo intento. En serio. Pero aún tengo esa espinita...

Pame: Te propongo algo: este fin de semana será tu "reseteo emocional". ¿Aceptas?

Andy: Acepto.

Michel: Y mañana, nos tomamos fotos como diosas para que el universo sepa que estamos listas para lo bueno.

Andy: ¡Hecho!

📷 Al día siguiente

El amanecer nos despertó con una brisa suave. Salimos temprano, tomamos desayuno en el malecón y pasamos la mañana entre chapuzones y selfies.

Pame y Michel me hicieron posar como si fuera modelo de catálogo. Me reí como no lo hacía hace mucho.

Michel: ¡Esto va directo a tu nueva era! Andy 2.0.

Pame: Ya no lloramos por patanes. Solo sudamos bloqueador y brillo natural.

Andy: ¿Y si esta versión de mí también se enamora?

Michel: Que lo haga, pero solo de alguien que la vea entera.

Pame: Exacto. Nada de medios amores.

📱 Esa tarde, mientras tomaba una siesta, mi celular vibró.
Era un mensaje.

📱 Número desconocido:
"Te ves bien en la playa... no sabía que tenías ese lado."

¿Qué?

Salté en la cama. Revisé la foto de perfil. Nada. Sin nombre.
Mi cuenta estaba privada. Solo mis contactos podían ver mis historias.
¿Quién era? ¿Y cómo sabía que estaba en la playa?

Me invadió un escalofrío.
Volví a leer el mensaje. Y, otra vez, no supe si reír, gritar o bloquear.

Michel (leyendo por encima de mi hombro): ¿Otra vez un número raro? Amiga, eso ya no es coincidencia.

Pame: ¿Estás segura de que nadie del trabajo te sigue con otra cuenta?

Andy: No lo sé... Pero ya me está asustando.

Ese viaje debía ser un escape. Pero en vez de respuestas, me trajo una nueva pregunta.

Esa noche, mientras miraba las olas desde la terraza, me hice una promesa silenciosa:

"Ya no me voy a dejar impresionar por palabras. Ni por miradas. Solo por hechos."

Y sin darme cuenta, ese viaje no solo me curó un poquito el alma...
Me preparó para lo que estaba por venir.

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