Capítulo 43 - Entre bromas, listas y nuevos planes

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Narra Andy

Después de terminar de cocinar, fuimos a la sala y lo que vimos nos sorprendió: Mateo estaba jugando con Emilia.

Amor, mira eso —le dije a Joel, señalando la escena.

—Está jugando con su hermana —comentó él con una sonrisa.

—Sí... —sonreí también—. Al final, tenías razón. Solo era cuestión de darle tiempo.

Llamé a Mateo para almorzar. Servimos la comida y nos sentamos todos a la mesa.

Papá... —dijo Mateo.

Joel lo ignoró a propósito, siguiendo con la broma.

Amor, ¿me pasas la sal? —preguntó Joel, fingiendo que no lo había escuchado.

Papá, ¿por qué no me haces caso? —Mateo rompió en llanto.

Suspiré, ya un poco fastidiada.

—¡Joel, ya basta! Y los dos —miré a Mateo también—, se acabaron las bromas. No quiero que terminen peleando por esto.

—¿Por qué? —preguntaron los dos al mismo tiempo, como niños.

—Porque ya no me hace gracia, y si siguen así, van a terminar discutiendo de verdad.

—Está bien... —dijeron al unísono.

Terminamos de comer en paz.

Mami, ¿qué vamos a hacer en la tarde? —preguntó Mateo.

—¿Tienes tarea?

—No, mami.

—Entonces hagamos tarde de películas —propuso Joel.

—¡Sí! —Mateo se emocionó.

—Ok, yo preparo canchita y refrescos —les dije, feliz de verlos así.

Al día siguiente

Desperté temprano. Joel aún dormía a mi lado, abrazándome por la cintura. El sonido del despertador rompió la calma, y él soltó lentamente el abrazo mientras yo me levantaba para alistar a Mateo.

Mateo, despierta.

—Mami... un ratito más.

—Mateo, tienes que ir a la escuela.

—No quiero ir...

—Mateo, no quiero renegar desde temprano.

—Ya me levanto, mami —dijo finalmente, rindiéndose.

Lo ayudé a alistarse y bajamos a desayunar. Apenas terminó, la movilidad llegó y se lo llevó al colegio.

Me senté en la cocina con mi cuaderno y empecé a escribir cosas para la boda cuando entró Joel.

Narra Joel

¿Qué haces, amor?

—Estoy haciendo una lista para la boda.

Me acerqué curioso y vi lo que estaba anotando: invitaciones, vestido, buffet, traje, decoración...

—Amor, ¿por qué te complicas tanto?

—Porque hay que organizarse. ¿Cuándo pensabas que fuera la boda?

—En dos semanas.

—¿¡Estás loco!? —me miró como si acabara de decir la peor locura del mundo.

—¿Por qué? No quiero algo grande, solo familia y amigos cercanos.

—¡Sí, pero igual hay que planearlo bien! Dos semanas es muy poco tiempo... incluso si es algo sencillo.

—Bueno, ¿cuánto tiempo propones entonces?

—Mínimo tres meses. ¿Ok?

—Está bien... —acepté.

En ese momento, se escuchó el llanto de Emilia.

—Yo voy —le dije.

Fui a verla, la cargué y la llevé con Andy, que ya estaba preparando el desayuno.

Narra Andy

—Hola, mi bebé linda —le dije a Emilia mientras la recibía en brazos.

—¿Preparaste algo para desayunar? —preguntó Joel, sentándose.

—Sí, te serví café.

—Amor, tú no puedes tomar café si estás dando de lactar...

—Tranquilo, yo estoy tomando manzanilla.

Desayunamos juntos mientras Emilia volvía a dormirse. Entonces aproveché para contactar a Michel sobre el buffet para la boda, mientras Joel se dedicaba a revisar y cotizar algunas solicitudes de eventos.

Ambos estábamos trabajando, pero también pensando en cómo equilibrar todo para que funcionara.

Más tarde, mientras cocinaba el almuerzo para cuando Mateo regresara, Joel vino hacia mí.

Amor, ¿terminaste?

—Sí, ¿por?

—Vamos a recoger a Mateo al colegio. Quiero llevarlos a un lugar.

—¿Ah sí? Bueno, pero si ya cociné, llevemos la comida, porque si está lejos no quiero que pasen hambre.

—Perfecto. Llévalo en taper.

Así que empacamos todo, cargamos a Emilia, y salimos rumbo al colegio a recoger a Mateo... sin tener idea de qué lugar nos esperaba Joel.

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora