Capítulo 13 - Si ella supiera (Joel)

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A veces me pregunto si Andy sabe lo que provoca.
No hablo solo de su sonrisa, ni de sus ojos que se iluminan cuando habla de algo que la apasiona.
Hablo de su forma de estar en el mundo. De cómo entra a una sala y la llena.
De cómo se esfuerza.
De cómo escucha.
De cómo intenta seguir creyendo en el amor... aunque se note que le cuesta.

La vi llorar una vez, en silencio.
Estaba sola en el comedor de la empresa. Fingía que revisaba su celular, pero se secaba las lágrimas con disimulo.
No me acerqué.
Solo la observé desde lejos.
Y en ese momento supe que estaba rota por dentro, aunque seguía funcionando como si nada.

Desde que llegó al equipo de formación, se volvió inevitable para mí.
Está en todos mis pensamientos.
En todos mis silencios.

Cuando me toca exponer frente a todos, me esfuerzo un poco más. Porque sé que ella está mirando.
Y cuando se ríe de mis chistes malos, siento que el día valió la pena.

Pero hay un detalle:
Tiene novio.

O, bueno... tenía.
Porque lo que sea que haya entre ellos ahora, se siente más como una guerra fría que como amor.

A Mario lo conozco.
Y no solo por lo que él muestra.
Sino por lo que oculta.

Hace unos meses lo vi discutir con Andy en la oficina.
Ella estaba quieta, con la mirada baja.
Él gesticulaba. Apretaba los puños. La rodeaba.
Nunca levantó la voz, pero su tono...
ese tono que hiela la sangre. Lo reconocí.

Yo también tuve una hermana que se dejó envolver por alguien así.
Y sé lo difícil que es ver a alguien que amas justificar a un hombre que la apaga.

Desde ese día, supe que tenía que estar atento. No meterme, pero estar.
Porque Andy es luz...
y él quiere sombra.

Hoy, cuando vi su nombre conectado en el sistema, sentí algo raro.
Como si su presencia al otro lado de la pantalla me diera paz.
Le escribí.

📱
JOEL:
—Andy, ¿cómo estás?

Esperé.
Un minuto.
Dos.

📱
ANDY:
—Hola, Joel. Mejor. Gracias por preguntar.

Solo eso. Pero bastó.
Bastó para saber que estaba regresando a ella misma.

Pensé en escribir más.
En decirle que la extraño cuando no está.
En confesar que su voz me persigue incluso cuando llego a casa.

Pero no.
Porque no quiero ser el tipo que entra cuando otro aún no ha salido.
Quiero ser refugio, no escape.

A veces la observo de lejos.
Cuando habla con sus amigas.
Cuando organiza materiales.
Cuando frunce el ceño porque algo no le cuadra.

Y no puedo evitar imaginarme otra vida.
Una donde ella ya no tenga miedo.
Donde alguien le diga:
"No estás sola. No más."

La verdad es que me duele verla confundida.
Porque merece certeza.
Seguridad.
Respeto.

Y lo que tiene con Mario...
no se parece a nada de eso.

Sé que no me corresponde hablar mal de él.
Pero no puedo evitarlo.
Lo he visto ser pasivo-agresivo.
Lo he visto incomodarla frente a los demás.
La forma en que le revisa el celular.
En que la interrumpe cuando ella habla de sus logros.

Una vez lo escuché decirle:
"Estás creciendo demasiado, ¿no crees?"

Como si eso fuera un crimen.
Como si brillar fuera una amenaza.

Y en mi cabeza solo pude pensar:
"Claro que está creciendo. Y tú no puedes detenerla."

Hoy en el almuerzo, la vi reír.
Fue distinto.
Una risa honesta.
Auténtica.
Como si, poco a poco, la versión más real de ella estuviera volviendo.

No sé si fue el mar.
O el silencio.
O quizás sus amigas.

Pero hay algo en su mirada que dice:
"Estoy despertando."

Y eso me da esperanza.
Porque no quiero rescatarla.
Quiero acompañarla mientras se rescata sola.
Y si, en ese proceso, me permite estar cerca...

No voy a fallarle.

Hay cosas que no digo.
Que guardo solo para mí.

Como el día que la vi leyendo en la sala de capacitación y pensé:
"Ella es hogar."

O el día que me contó, sin decirlo, que tiene miedo a volver a caer.

Y supe que mi lugar, por ahora, era cuidar en silencio.
Desde el borde.
Desde la paciencia.

¿Me gusta Andy?
Sí.

¿Estoy enamorado de ella?
Todavía no.
Pero si me deja...
Si se da permiso de empezar de nuevo...

Podría llegar a estarlo.
Y mucho.

💭 ¿Podrá Joel convertirse en ese espacio seguro que Andy tanto necesita?
¿Se atreverá a dar el paso, o esperará en silencio mientras ella se reconstruye?
Porque a veces, amar también es saber esperar.

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora