Capítulo 44 - Promesas en el lago

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Narra Andy

Ya estábamos en el colegio de Mateo, justo antes de que saliera. Antes de bajar, dejé a Emilia con Joel en el carro.

Quédate con Emilia, amor —le dije, dándole un beso en la frente a mi hija.

—¿A dónde vas? —preguntó Joel, algo confundido.

—Voy a recoger a Mateo antes de que suba a la movilidad.

—Ok, te esperamos aquí.

Bajé y caminé rápido hasta donde estaba el chofer de la movilidad escolar.

Buenas tardes —saludé.

—Buenas, ¿en qué le ayudo?

—Soy la mamá de Mateo. Hoy no se va con usted, lo voy a recoger yo. Vamos a salir en familia.

—Perfecto, no hay problema. Justo ya está por salir.

En ese momento vi a Mateo saliendo. Cuando me vio, corrió hacia mí.

¡Mami! ¿Qué haces aquí?

—Vine a recogerte, hijito.

—¿Por qué?

—Porque vamos a salir con tu papá y tu hermana.

—¡Ah, ya! ¿Y dónde están?

—Nos esperan en el carro, vamos.

Caminamos juntos hasta el auto. Joel estaba en el asiento del conductor, con Emilia en brazos, jugando con sus manitos. Mateo subió atrás con su hermanita, y yo me senté adelante junto a Joel.

¿Mami, a dónde vamos? —preguntó curioso.

—No lo sé, amor. Tu papá es el que maneja esta vez.

—¿A dónde vamos, papá?

—A mi lugar favorito cuando era niño —respondió Joel, sonriendo mientras manejaba.

—¿Tú también fuiste niño? —preguntó Mateo, sorprendido.

—Jajaja, claro que sí.

—Pensé que tú ya habías nacido grande.

—¡No, campeón! Yo también fui niño, igual que tú. Luego crecí.

—Entonces yo también seré adulto.

—Siiip. —Joel le guiñó un ojo por el espejo retrovisor.

Mientras ellos conversaban, Emilia comenzó a balbucear suavemente en su sillita. Joel giró la cabeza apenas un poco para mirarla.

—¿Qué pasó, mi princesa? ¿Estás despierta? —le dijo con voz dulce.

Emilia estiró sus manitos y Joel, sin quitar la vista del camino, le acercó un peluche que ella tomó feliz.

—Eso es, agárralo fuerte. ¿Estás lista para una aventura? —le decía con ternura—. Hoy vamos a ver patitos.

Emilia se rió con ese sonido suave y chispeante que me derretía. Ver a Joel con ella así me llenaba el corazón.

Yo, por mi parte, estaba pensando en cómo decirles a las chicas que vinieran para ayudarme con la boda. Ely y Leidy podían venir con sus bebés, luego Alejandra, Gladys y Julie. Y de paso... podía usar el departamento que teníamos en la ciudad. Sería perfecto.

Tanto me perdí en mis pensamientos que no escuché cuando me llamaban... hasta que Mateo me tocó la cara con ambas manitos.

¡Mami, mami, mamáaa!

—¿Qué pasó? —pregunté sobresaltada.

—¡Te estamos hablando y no haces caso! —dijo Joel, divertido.

—Ay, perdón, estaba pensando en algo.

—Mami, papi dice que ya llegamos —dijo Mateo.

—¿Sí? ¡Entonces bajemos!

—¡Mami, tengo hambre!

—Ya lo sabía —intervino Joel, bajando del auto—. Por eso trajimos comida.

—¿Será como un picnic?

—Algo así, campeón.

Joel cargó a Emilia y yo tomé la mano de Mateo. Caminamos un poco y, al llegar, me quedé sin palabras.

Un claro en medio del bosque. Un lago hermoso. Árboles altos rodeaban el lugar. El reflejo del sol sobre el agua brillaba como si estuviéramos en un cuento. Patos nadaban tranquilos cerca de la orilla.

—Es... hermoso —susurré.

Extendimos una manta cerca del lago y nos sentamos allí. Mateo comía mientras observaba los patos, Emilia también recibía su comida, y Joel estaba a mi lado.

Entonces, Joel miró a Mateo y le dijo:

—¿Terminaste de comer?

—Sí, papá.

—Ven, por favor.

—Ya voy.

—¿Qué pasa, amor? —le pregunté.

—Solo... por favor, no digas nada hasta que termine, ¿sí?

—Ok.

Joel se levantó, tomó aire y nos miró.

—Como les dije, este lugar fue mi refugio de niño. Venía con mi papá, y cuando estaba triste o confundido, aquí encontraba paz. Me hacía sentir que todo iba a estar bien. Como a ti te pasa con el agua, Andy.

Sacó de su bolsillo tres collares. Cada uno tenía un corazón con las iniciales M.A.J.E. (Mateo, Andy, Joel y Emilia).

—Hoy, aquí, quiero hacerles una promesa. Pase lo que pase, aunque el mundo se oponga... siempre voy a luchar para que estemos juntos los cuatro.

No pude contener las lágrimas.

—Sí... siempre los cuatro juntos —dije, emocionada.

—¡Sí, papá! ¡Juntos! —repitió Mateo, abrazando a Joel.

—Ustedes son lo más importante que tengo. Esta es mi familia. —Nos colocó los collares uno por uno—. Este símbolo será la prueba de nuestra promesa.

Me acerqué y lo besé, pero justo una pequeña manito se interpuso entre nosotros.

—¡Oye! —me reí.

—Uh, me salió otra celosa —bromeó Joel.

—Eso lo sacaron de mí los dos —dije divertida.

—No me cabe duda —respondió él, besando a Emilia en la frente.

Narra Joel

Pasamos un rato más en el lago. Jugamos, reímos, y hasta nos acostamos un momento a ver las nubes. Cuando empezó a oscurecer, recogimos todo y nos fuimos de regreso a casa.

Ya en casa, ayudamos a Mateo con su tarea. Mientras escribía, me miró y dijo:

—Papá, ¿el lago también puede ser mi lugar favorito?

Lo miré con orgullo.

—Por supuesto, hijo. Y será aún mejor... porque ahora es nuestro lugar favorito.



Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora