Narra Andy
—Ale, antes que me digas quién es él... —le dije con la ceja alzada, notando que había alguien más con ellas.
Ale sonrió y soltó la bomba.
—Chicas, él es mi novio.
Tanto Ely como yo abrimos los ojos de sorpresa.
—¿Desde cuándo tienes novio tú? —preguntó Ely, entre escéptica y divertida.
—Pues sí —dijo Ale, tomando de la mano al chico.
—Ya salió la hermana mayor celosa —dije en tono de burla, ganándome la risa de Annie.
—Jajaja —rió Annie—. ¡Y después preguntan por qué Mateo es celoso! Pues su madrina lo es más.
—Tienes razón —dije sonriendo—. La madrina está celosa. Ya entiendo todo.
Ale rodó los ojos, divertida.
—Bueno, Andy, Ely... les presento a Albert.
—Mucho gusto —dije yo, cordial.
—Hola —añadió Ely, con tono juguetón—. Pero cuidado con mi hermana, ¿eh?
Albert sonrió, tranquilo.
—Mucho gusto a ambas. Y no se preocupen, la estoy cuidando bien.
—Más te vale, Albert —remató Ely con una sonrisa fingidamente amenazante.
Nos reímos todos. La verdad, Albert parecía un buen chico.
Después de las presentaciones, Ale y Annie nos explicaron que Juls no podría venir por un inconveniente familiar. Me entristeció la noticia; conozco a Juls y sé que si no fuera algo realmente urgente, ella estaría aquí.
Camino a casa
Tuve que reorganizar los cuartos en mi cabeza: en el de Mateo dormirían Ale y Albert. A Annie la puse en el cuarto que usamos como oficina. La logística estaba funcionando, por suerte.
Al llegar a casa, Joel y Leidy ya estaban ahí. A veces cuando esos dos se juntan, me da miedo... se entienden demasiado bien.
Ale ya conocía a Joel, así que lo saludó con confianza y le presentó a Albert, que fue amable como siempre. Después de ubicarlos en sus respectivos cuartos, decidimos salir a comer todos juntos.
Obviamente, en el auto de Joel no íbamos a entrar todos, así que optamos por pedir un Uber Van.
En el restaurante
Desde que llegamos, Albert conectó increíblemente rápido con los niños.
—Qué lindos son sus hijos —dijo sonriendo.
Mateo, que siempre está atento a todo, no tardó en reaccionar.
—¿Ves, mami? ¡Soy lindo! —dijo orgulloso.
—Dijo todos los niños, Mateo —le respondí, divertida.
—¡Pero soy el mayor! —protestó con cara de "así que igual gano".
—Ya, Mateo —intervino Joel, reprimiendo una risa.
—Está bien, no digo nada... —respondió, cruzado de brazos.
Todos estallamos en carcajadas.
Pasamos un buen rato entre risas y ocurrencias, especialmente por Mateo, que no se despegaba ni un segundo de su madrina Ely. Y sí, aunque me hacía gracia... me empezó a dar celos.
Joel lo notó enseguida.
—Amor, ¿qué tienes?
—Nada.
—Tu cara no dice eso —me dijo, con esa mirada que todo lo ve.
Suspiré.
—Ok. Es que me está dando un poquito de celos...
Joel sonrió divertido.
—¿Celos? ¿Por Mateo y Ely?
—¡Sí! Mateo solo quiere estar con su madrina. ¿Y yo?
—Jajajaja. ¡Y después dices que Mateo no es celoso! Ya veo de quién lo heredó.
—No te rías tanto. Hoy duermes con él, por lista.
—No lo creo... Con lo pegado que está a Ely, capaz se va con ella.
—Entonces duerme con Doki tú. —Le saqué la lengua.
—Mejor me callo.
—Sí, mejor —le dije, ya riéndome también.
Hora de irnos
Después de cenar, volvimos a casa para empezar con los preparativos de la boda. En parte, agradezco que Albert esté aquí, así Joel tiene compañía y no se siente tan "abrumado" con tanta mujer organizadora.
Joel iba a salir con sus amigos esa noche y lo invitó a Albert, cosa que me pareció bien... hasta que sugerí que Mateo fuera con ellos también, pero se negó rotundamente.
Prefirió quedarse cerca de su madrina Ely. ¡Otra vez!
Y sí, lo admito: ¡me da celos!
Mateo es mi bebé.
Yo soy su mamá.
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Una Historia de amor
RomantikNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
