capitulo 7:EXTRAÑO A DOKI

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Después de una pequeña discusión con Joel, terminamos de alistar a Mateo y bajamos a almorzar. Era la primera vez que comía comida española. Mi querida Leydi (perdón, Ely) había preparado paella, un plato típico de España. Lo había cocinado especialmente para ese día. Leydi y Ely vivían en Barcelona, y ya conocían bien los sabores de la región. Leydi, conociendo a Mateo, también había preparado canelones, pues intuía que la paella no sería de su agrado.

—Chicos, ya está lista la comida. Bajen a comer —dijo Leydi desde el comedor.

Mateo bajó corriendo con entusiasmo.

—¡Mateo, con cuidado! —le advertí—. Te vas a caer.

—Tía Leydi, ¿qué has cocinado? —preguntó curioso.

—Paella —respondió ella con una sonrisa.

—¿Y qué es eso? —dijo Mateo, con una mueca de desconfianza.

—Es un plato típico de España, bebé —explicó Joel.

—Quiero probar —dijo Mateo con cierto recelo.

Ely bajaba en ese momento con Leidely en brazos, mientras todos nos sentábamos a la mesa. Yo le di una cucharada de paella a Mateo, pero apenas la probó, frunció el ceño.

—Mamá, no me gusta —dijo haciendo una mueca.

—Mateo, por favor, come —le pedí con suavidad.

—Vamos hijo, prueba un poco más —añadió Joel con tono firme.

Leydi intervino enseguida:

—Tranquilos, ya sabía que no le iba a gustar. Por eso preparé canelones también. A Leidely tampoco le gusta la paella.

—Gracias, madrina —dijo Mateo aliviado.

—No lo consientas tanto —refunfuñó Joel.

—No lo consiento, simplemente me acuerdo que de pequeña tampoco me gustaba —contestó Leydi.

—No le hagas caso —intervine yo—. Para Joel, yo consiento demasiado a Mateo.

—No me parece malo —comentó Ely—. A veces un poco de ternura no viene mal.

—¡Amigas, yo vivo con ella! —respondió Joel en tono de broma.

—¿Y eso qué quiere decir, amor? —lo miré, alzando una ceja.

—Solo digo que eres una gran madre, pero a veces Mateo se te sube a la cabeza.

—Bueno —dije con una sonrisa forzada—, he aprendido que las cosas de pareja se resuelven en privado. De eso hablaremos después, ¿sí?

—Está bien —asintió Joel.

—Me sorprendes, Andy. Se nota que has madurado mucho —dijo Ely, sincera.

—Gracias, amiga.

—Ya no quiero más, gracias —dijo Mateo, dejando sus cubiertos.

—Está bien, bebé. Vamos a lavarte las manos —respondió Ely.

—Gracias, tía. Papá, ¿ya puedo llamar a Perú? Extraño mucho a Doki.

Joel miró su reloj.

—Sí, ya es de mañana en Perú. Puedes llamar.

—¿Me prestas tu celular? —pidió Mateo.

—Sí, pero con cuidado —respondió Joel, entregándole el teléfono.

Mateo vio que estaba bloqueado. Sin decir nada, se acercó a mí, tomó mi mano y fue colocando mis dedos sobre el sensor hasta que lo desbloqueó. Luego se fue a llamar a su tía para ver a Doki.

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