Capítulo 27 - Límites y decisiones

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Narrado por Andy

Ya habían pasado unas semanas desde la mudanza. Aún nos estábamos acostumbrando a la nueva rutina. Nos habíamos mudado lejos de la ciudad, lo cual trajo muchos cambios. Uno de ellos fue que tuvimos que cambiar a Mateo de colegio. Por suerte, el nuevo tenía movilidad, lo cual me venía perfecto porque mi barriga ya no me dejaba moverme con facilidad.

A pesar de todo, nos organizábamos bien. Con Michel hacíamos videollamadas todos los días para ver el avance de la empresa, aunque era Joel quien más lo sufría: tenía que manejar mucho más para ir al trabajo. Me daba pena verlo tan cansado.

Se acercaba el cumpleaños de la sobrina de Joel, Liliana. Digo "la sobrina" porque últimamente la familia de Joel se había distanciado bastante de mí. Con la única que aún hablaba era Paola, mi cuñada, que nunca se tragó la fachada de Diana. Siempre me dijo que ya sabía cómo era ella.

A pesar de todo, aceptamos la invitación. No quería ser egoísta con Joel ni con Mateo, después de todo es su familia y ellos tienen derecho a convivir. Pero no voy a mentir: no quería ir.

Narrado por Joel

Ese día ayudé a Andy a alistar a Mateo. Su barriga de siete meses ya no la dejaba moverse con tanta facilidad. Mateo se veía precioso con su ropa nueva, emocionado por la fiesta.

Salimos en el carro hacia el lugar. Al llegar, me impresionó lo bonita que estaba la decoración. Nos recibieron bien, aunque sentí algunas miradas incómodas, especialmente de mi madre y Melissa, una de mis hermanas. Yo traté de no prestarle atención. Me puse a conversar con mis cuñados mientras Andy y Mateo caminaban más adelante.

Narrado por Andy

Apenas llegamos, Mateo corrió feliz hacia su abuelita Regina. Pero lo que pasó me dejó congelada.

¡Abuelita! ¡Abuelita! —gritaba Mateo emocionado.

—Hola, Mateo —respondió ella con una sonrisa falsa.
Luego lo empujó suavemente y agregó con frialdad:

—Ve con tu mamá, estoy ocupada.

Mateo bajó la cabeza y se vino directo hacia mí, con los ojitos llenos de tristeza.

—Mi amor, ¿qué tienes? —le pregunté.

—Nada, mami —susurró.

—Si no pasa nada, ¿por qué quieres llorar?

—Creo que mi abuelita ya no me quiere.

—No digas eso, mi amor... Seguro está ocupada con todo esto de la fiesta.

—¿Será? ¿Me das un abrazo?

—Claro que sí, mi vida.

Lo abracé con fuerza. Me dolía verlo así. La indiferencia de su abuela no solo me hería a mí, ahora también lo afectaba a él.

Más tarde comenzó el show infantil. Joel salió con Mateo a jugar porque yo ya no podía, y por un rato todo estuvo tranquilo.

Pero entonces pasó algo que me colmó.

Narrado por Mateo

Estábamos jugando con unos niños cuando dije:

¡Vamos a jugar!

—¡Ya vamos! —me respondió uno.

—Es mi turno —dije feliz.

—¡No! ¡Es mío! —me gritó otro y me empujó. Me caí y me puse a llorar.

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