ANDY
Después de acostar a Mateo, me aseguré de que Doki se acomodara a su lado. Siempre duerme con él, como si fuera su guardián. Apagué la luz de su habitación y cerré la puerta con cuidado.
Al entrar a nuestra habitación, encontré a Joel acostado. En cuanto me vio, se acercó con esa mirada que conozco bien.
—Joel: ¿Ya se durmió?
—Andy: Después de llorar durante todo el baño, sí.
—Joel: ¿Crees que se despierte?
—Andy: No. El baño lo relaja... dormirá toda la noche.
Se acercó y me besó. Yo correspondí. Sus besos me abrigan, me hacen sentir en casa. Nos dejamos llevar por lo que sentíamos... y en esa entrega silenciosa, terminamos dormidos, envueltos el uno en el otro.
La mañana siguiente
Desperté abrazada a su pecho, sintiendo el calor de su cuerpo y su respiración tranquila. Por un momento, quise quedarme ahí para siempre. Pero Joel se giró suavemente, y quedó sobre mí, sonriendo, travieso, comenzando a besarme.
Y justo cuando el ambiente comenzaba a cambiar de tono...
¡Pum!
Un peluche nos cayó encima.
—Andy: (sorprendida, entre risas) ¿Qué fue eso?
Al girar, lo vimos.
Mateo estaba en la puerta, con Doki a su lado. Cruzado de brazos, con su cara de enojo nivel "mini jefe".
—Andy: ¡Mi amor, buenos días!
—Mateo: (molesto) Mamá...
—Andy: ¿Qué pasa, bebé?
—Mateo: Te estaba llamando hace rato y no me hacías caso.
—Andy: Perdón, mi amor... no te escuché. (me pongo la bata) ¿Qué necesitas?
—Mateo: Quiero mi leche.
—Andy: Sí, vamos a la cocina.
Mateo me tomó la mano con fuerza y miró muy serio a su papá mientras salíamos. Joel apenas aguantaba la risa.
En la cocina, ya había servido el desayuno de Joel.
—Joel: ¿Esto es para mí?
—Andy: Claro, amor.
—Joel: ¿Mateo está listo para la guardería?
—Andy: Hoy iremos más tarde. Hay actuación porque ya salen de vacaciones.
—Mateo: ¡Sí! ¡Y voy a cantar una canción!
—Joel: ¡Entonces iré a verte!
—Mateo: No, gracias.
Silencio.
Joel lo miró confundido. Yo también.
—Andy: ¿Qué tienes, mi amor? ¿Por qué le dices eso a tu papá?
—Mateo: Estoy molesto con mi papá.
—Joel: ¿Qué te hice, hijo?
—Mateo: Me quitaste a mi mamá...
Me miró con esos ojitos llenos de celos y tristeza.
—Andy: No, mi amor... mamá siempre va a estar contigo.
—Mateo: Pero en la mañana no me hiciste caso.
Joel se levantó, revisó su reloj.
—Joel: Amor, ¿le puedes explicar tú? Se me hace tarde.
—Andy: Sí, anda tranquilo. (le doy un beso)
—Joel: Adiós, mi amor. Mateo, yo no te quito a tu mamá, ¿ok?
—Mateo: (bajando la cabeza, luego abrazándolo) Está bien, papá.
Después, me senté con Mateo en la sala.
—Andy: Escúchame bien, mi amor. Yo nunca voy a dejar de quererte. Tú eres mi hijo, mi corazón. Pero también quiero a tu papá, y los quiero a los dos por igual.
—Mateo: Entonces... ¿tengo que compartir?
—Andy: Sí, mi cielo. Compartir también es amar.
—Mateo: Mmm... está bien, entonces.
Lo abracé y lo llené de besos hasta que se le olvidó el mal humor. Luego pasamos el resto de la mañana preparando las maletas. El domingo se acercaba, y con él, la aventura.
Domingo en la mañana
Las maletas estaban listas desde la noche anterior. Dejamos a Doki con mi hermana. Mateo lloró un poco al despedirse, pero le prometió a su tía que la llamaría todos los días para ver a su perrita.
—Mateo: Dile que no se olvide de mí, tía.
—Tía: Te lo prometo, bebé. Yo le voy a dar tus besitos todos los días.
Subimos al carro. Rumbo al aeropuerto. El ambiente era emocionante, con algo de nervios, pero sobre todo felicidad. Yo tenía una sensación extraña en el cuerpo... los mareos seguían, pero no quise pensar mucho.
Llegamos al aeropuerto, hicimos el check-in, registramos las maletas. Mateo estaba como loco de felicidad, saltando de un lado a otro, preguntando si el avión tenía cama o si darían caramelos.
Como salimos muy temprano, no habíamos desayunado, así que nos sentamos a comer algo mientras esperábamos el llamado de embarque.
Y entonces, por fin...
—Anuncio: Pasajeros con destino a Madrid, por favor abordar por la puerta 6.
Nos miramos, los tres, sonriendo.
—Joel: ¿Listas las alas?
—Andy: Listas.
—Mateo: ¡Vamos a Españaaaa!
Subimos al avión. El viaje comenzaba.
Lo que ninguno sabía... es que pronto habría otra gran noticia que cambiaría todo.
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Una Historia de amor
RomantiekNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
