Capítulo 51 - Celos que duelen

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Narración: Andy

El día transcurrió entre risas, vestidos, detalles florales y pasteles... todo era precioso. Mis amigas estaban emocionadas, pero yo no lo estaba disfrutando.

No entendía por qué me costaba tanto sonreír. ¿Será que no soporto la cercanía entre Mateo y Ely? Hasta juega más con Leidely y Liam que conmigo.

Annie se me acercó, notando algo.

Andy, ¿qué tienes?

—Nada... ¿por?

—Amiga, no lo estás disfrutando. Todas estamos buscando los detalles de tu boda, y tú estás en otro lado.

—Creo que estoy sintiendo lo mismo que Mateo siente con Emilia...

—Sin querer, tu hijo te está dando una probada de tu propia medicina, ¿no?

—Sí... y duele.

—Déjalo pasar. Ya falta poco para que regresen a casa. Disfruta de tu hijo.

—Sí, mañana no saldremos. Mateo irá al colegio y todo volverá a la rutina.

—Ay, Andy... y luego dices que Mateo no es celoso.

Me reí por no llorar. Annie es la más tranquila del grupo, la que me da perspectiva cuando más lo necesito.

Más tarde nos reencontramos con Joel y los chicos. Ya era tarde, así que fuimos a cenar algo rápido. Al terminar, dije:

—Bueno, chicas, ya es hora. Mañana nos vemos en la casa para ver la decoración y distribución, ¿sí?

—¿Y cómo llegamos? —preguntó Ely.

—Yo las recojo —respondió Joel.

—Está bien —dijo Leidy.

Pedimos la Van y al llegar al departamento, Mateo empezó con su idea fija...

—Mateo, despídete —le dije.

—¿Mami, me puedo quedar?

Miré a Joel.

—No, hijo.

—¿Por qué no? ¡Quiero dormir con mi madrina!

—Mañana tienes colegio, y tu madrina no tiene espacio —intenté explicarle.

—Papá, ¿puedo faltar?

—Mateo, despídete —le dijo Joel con firmeza.

—¡Pero quiero quedarme aquí! —lloró.

—Mateo, entiende. Además, Doky no puede dormir solo en casa —intentó razonar Joel.

—¡Papá, puedes ir a buscar a Doky! ¡A mi madrina no le molesta, verdad? —preguntó directo a Ely, sin mirarme.

¡Mateo! —dije en seco—. ¡No!

—Le hablé a mi papá, ¡no a ti!

Ese fue el punto de quiebre. Mateo nunca me había respondido así.

—Pídele disculpas a tu mamá —ordenó Joel, molesto—. Y sube al carro. Nos vamos.

—En casa hablamos —agregué.

—Mañana nos vemos, Mateo —dijo Ely con ternura.

Mateo subió al carro llorando, y no dijo una sola palabra durante el trayecto... hasta que Emilia se despertó llorando.

—¡¿Puedes callarte?! —gritó.

—¡Mateo! ¿Qué te pasa? —me giré sorprendida.

—¡Quiero dormir y no puedo!

—¡Deja de contestarme así! —le dije, con la voz quebrada.

—Te estás portando muy mal, hijo —dijo Joel, serio.

—Demasiado mal —añadí yo—. Vamos a hablar con la psicóloga del colegio. Esto ya no es normal.

—Honestamente, pensé que era solo por celos de Ely —murmuró Joel.

—No... Mateo tiene que aprender que su casa es su espacio. Tiene que dormir en su cama.

—Si tú lo dices, amor...

—Así es.

Narración: Joel

Cuando Andy me pasó a la bebé al llegar a casa, supe que venía cargada de emociones. Mateo había cruzado una línea hoy, y aunque era evidente que necesitaba atención, también necesitaba límites.

Está claro que su mundo cambió con la llegada de Emilia. Pero Andy también está sintiendo celos... ¿y quién la culpa? Mateo siempre fue suyo, su bebé.

Ahora está empezando a ver cómo se siente él.

Lo importante es que lo manejemos juntos.

Esto no se trata solo de Mateo. Se trata de nosotros como padres.

Reflexión: Mateo

No me gusta cómo me siento.

No es que no quiera a Emilia... pero desde que llegó, mami está diferente.

Antes veía películas conmigo. Antes me ayudaba con la tarea. Antes se reía de mis chistes.

Ahora siempre tiene a Emilia en brazos. Siempre está ocupada.

Y mi madrina sí me escucha. Ella juega conmigo. Me dice que soy divertido.

¿Por qué no me dejan quedarme con ella?

¿Por qué todos piensan que estoy mal?

Solo quiero sentir que también soy importante.

Solo quiero a mi mamá.

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora