Narra Andy
Habían pasado algunos días desde que Joel tomó la difícil pero firme decisión de alejarse de su familia. En ese tiempo, también renunció a su trabajo, y aunque sabía que era lo correcto, noté en su mirada una nostalgia profunda. Lo acompañaban la paz de su decisión... y el duelo que eso implicaba.
Sus amigos del call center quisieron despedirlo con una pequeña reunión. Como siempre, me invitaron, pero preferí no ir. No tenía con quién dejar a Mateo, y además confío plenamente en Joel. Le dije que fuera, que se despidiera con cariño.
Ese día, mientras él se iba, me metí de lleno en la cocina. Estaba probando una receta de un postre nuevo para el colegio de Mateo. Tan concentrada estaba que no escuché a Joel entrar. Cuando me besó por sorpresa, solté la bolsa de harina y terminé completamente blanca. Nos reímos tanto que terminamos abrazados en medio de la cocina, como si el polvo blanco fuera confeti de celebración.
Luego de ese momento, comenzamos a planear lo que sería la bienvenida de nuestra princesa: el baby shower de Emilia. Mis mejores amigas, Leidy y Ely, se encargaron de ayudarme con la organización. Todo iba a ser sencillo, en casa, rodeados de quienes nos quieren de verdad.
Llegó el gran día.
Mateo estaba emocionado. Mis hermanas vinieron temprano a ayudar. Decoramos con tonos rosa suave, mariposas y pequeñas flores. Invitamos a la familia de Joel, aunque sabíamos que no asistirían. Lo hicimos por respeto, por cerrar el círculo sin rencores.
Fue un día hermoso. Lleno de amor. Aunque los regalos no eran muchos —muchos de los que Mateo usó aún servían—, el cariño fue abundante.
Pero entre todo ese amor... noté a Joel diferente. Sonreía, sí. Pero tenía la mirada perdida en algunos momentos. Yo sé cuánto le duele no compartir estos momentos con su madre y con su familia. Por eso, decidí hacer algo por él. Decidí que intentaría hablar con su mamá. No por mí, sino por él.
Narra Joel
Ver a Andy feliz, ver a Mateo ilusionado con su hermana, y estar rodeado de gente que sí nos quiere... debería ser suficiente. Pero soy humano. Y me dolía. Me dolía que mi madre no estuviera. Que ni siquiera enviara un mensaje. Que no conociera esta nueva versión de mí.
La fiesta fue perfecta, pero no pude evitar mirar de reojo la puerta. Esperando algo que ya sabía que no llegaría. Fue Andy quien se dio cuenta. Siempre lo hace. Y como siempre, fue ella quien pensó en todos.
Lo más gracioso pasó días después, cuando fuimos al evento escolar de Mateo. Andy había prometido llevar postres, pero con su pancita ya bastante grande, fui yo quien tuvo que cargar cajas, bandejas y hasta servilletas. Lo hice feliz.
En el colegio, mientras arreglábamos la mesa, Andy se encontró con la mujer que cuidó a Mateo el día que se perdió. Cuando me acerqué, me la presentó.
—Te presento a Mariana —me dijo—. Ella cuidó a Mateo cuando se perdió.
—Mucho gusto. Y gracias por lo que hiciste.
—Fue un placer. Por cierto, felicidades por tu bebé —respondió sonriendo.
—Gracias. Falta poco ya —contestó Andy.
—¿Es una niña, verdad?
—¿Cómo lo sabes? —preguntamos los dos al mismo tiempo, sorprendidos.
—Soy ginecóloga —dijo, y ambos nos reímos.
En ese momento sentí una mezcla extraña... vergüenza, agradecimiento... y una punzada en el pecho. Pensé en lo que Mateo vivió ese día. En lo que mi madre le hizo. Y me sentí tan pequeño frente a Mariana, que sin conocerlo, protegió a mi hijo.
Mariana se fue después de darnos su número. Andy la despidió con una sonrisa cálida.
Reflexiona Mateo
Hoy en el colegio fue un día bonito... aunque también raro.
Todos hablaban de mi hermanita, de los regalos, de lo que le van a dar... y yo me sentí un poquito triste. Sentí como si ya no fuera tan importante.
Me porté bien. Comí pastel. Ayudé a mi papá con las bandejas. Pero cuando vi que todos le hablaban a la barriga de mi mamá y no a mí... me fui a jugar solo.
Mi mami me encontró después y me abrazó.
—¿Estás celoso? —me preguntó con una sonrisa.
No quise responderle, pero sí lo estaba.
Entonces me dijo:
—Tú fuiste el primer milagro que tuve, Mateo. Y aunque tu hermana es chiquita y va a necesitar muchos mimos, tú siempre serás mi primer amor.
Y ahí entendí. Que el amor no se divide... se multiplica.
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Una Historia de amor
RomansaNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
