Narra Andy
Después de avisarles a todas, las primeras en llegar fueron Ely y Leidy, mis hermanas del alma. Venían desde más lejos, y llegaron con sus dos hermosos bebés, ¡mis sobrinos! Que por cierto, no sabía que ya eran dos. Sorpresa total.
Estaba con Mateo en el aeropuerto esperándolas, ya que Emilia se había quedado en casa con Joel. Mi niño estaba emocionado; llevaba su cartelito que decía: "Bienvenidas tías y primitos" (con letras torcidas pero hecho con mucho amor).
Abrí el celular y escribí:
Andy: "¿Dónde están?"
Leidy: "En aduanas, ya vamos a salir. ¿Con quién estás?"
Andy: "Con Mateo."
Leidy: "¿Y la bebé?"
Andy: "Se quedó en casa con Joel."
Leidy: "Aya... Ya salimos."
Apenas las vi salir por la puerta, corrí como una loca. Nos abrazamos tan fuerte que por poco me pongo a llorar. Verlas, después de tanto, me llenó el alma.
Nos fuimos al departamento en Lima, donde ellas se iban a quedar para estar más cómodas. Joel nos estaba esperando ahí, con Emilia en brazos. Apenas me vio, me dio esa sonrisa suya que derrite corazones.
Como eran cuatro, les asignamos la habitación más grande. Las otras dos quedaban para las demás chicas que venían. Desde que Ely pisó el lugar, ya venía con ideas en la cabeza. Ella sería la encargada de la decoración de la boda. Cada amiga tenía un rol. ¡Me estaban armando un ejército!
Ya instaladas, nos pusimos a conversar mientras acomodábamos las cosas.
Narra Joel
—¿Nos vamos a quedar solas aquí? —preguntó Leidy, mirando el lugar.
—Sí, para que estén cómodas —respondió Andy—. En la casa de campo ya no hay espacio.
—¿En serio? Pero si es más grande que este departamento —dijo Ely, sorprendida.
—Lamentablemente, solo hay tres cuartos —dije mientras dejaba las bolsas con despensa en la cocina.
—No hay problema. Este lugar está perfecto —respondió Leidy.
—Igual, si necesitan algo, me avisan —añadí mientras me acomodaba un poco a Emilia, que ya se estaba quedando dormida en mis brazos.
Me quedé conversando un rato con Leidy mientras Andy y Ely se fueron a acostar a los bebés. Escuchaba sus risas bajito desde el cuarto, y eso me tranquilizaba. Saber que Andy estaba rodeada de las personas que ama, me hacía feliz.
Narra Andy
Mientras los bebés dormían como angelitos, Ely y yo nos quedamos en la sala. Ella sacó su laptop y comenzó a mostrarme un montón de fotos de decoración, paletas de colores, flores, ideas de centros de mesa...
—Amiga... por fin decidiste casarte —dijo Ely con una sonrisa cómplice.
—Sí... nunca pensé llegar a esto —respondí—. Tú sabes lo que yo pensaba del matrimonio...
—Sí, pero Joel te hizo cambiar de opinión, ¿verdad?
—Sí. Él... él merece que me la juegue por él.
—Bueno, traje algunos modelos para que escojas —dijo, mostrándome una carpeta llena de imágenes—. ¡Mira estas flores! ¿Qué te parecen?
Yo las veía... y algo dentro mío se conmovía. No sabía que ver imágenes de una boda me podía hacer tan feliz. Pensé que sería solo trámite, un compromiso más. Pero no. Me ilusionaba. Me emocionaba.
Aunque... en el fondo, también había miedo.
Miedo a repetir la historia de mis padres. A que mis hijos vivan lo que yo viví. A que todo se derrumbe algún día.
Pero entonces recordaba que Joel no es mi padre. Y yo no soy mi madre. Nuestra historia... es distinta.
Me quedé callada, perdida en mis pensamientos, hasta que Ely me miró con curiosidad.
—Andy... ¿ qué tienes?
—Nada, solo pensaba...
—¿En qué? ¿Ya te arrepentiste?
—No. Es que... cada vez me ilusiona más. Y eso me asusta un poco.
Ely me tomó la mano.
—Es normal, amiga. Pero esta vez es diferente. Confía.
Sonreí, y justo cuando iba a responder, Ely bajó la voz y se acercó conspiradora:
—No le digas a Leidy, pero... también te estamos organizando tu despedida de soltera.
—¡Ay no! Eso sí me da miedo —dije entre risas.
—Tranquila. Mientras no se entere Leidy, todo bajo control.
—Mientras no me pongan un stripper, normal...
Y en ese instante, una voz desde la cocina rompió el ambiente:
—¿¡Cómo!? —dijo Joel con tono serio pero burlón.
Ambas nos giramos y lo vimos con una ceja levantada y una sonrisa contenida.
—¿Quién habló de strippers, ah?
Ely no podía parar de reírse.
—¡Ay Joel! ¡No escuches conversaciones ajenas!
—¿Ajenas? Si hablan como si estuvieran en parlantes. Además, eso me lo tienen que consultar a mí... —dijo, cruzándose de brazos.
—¡Ay no seas celoso! —dije bromeando.
—No soy celoso —dijo Joel, acercándose—. Pero sí tengo buen oído.
Nos echamos a reír los tres.
Y esa noche, mientras todas dormían, me acosté pensando que esto recién comenzaba. Que los días que venían serían caóticos, locos, emotivos... pero también los más especiales de mi vida.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
