A pesar de todo lo que había pasado con Mario, decidí ir a la fiesta.
No por despecho.
No para escapar.
Sino porque merecía ese momento.
Quería reír, bailar, vivir... y cerrar un ciclo.
La discoteca estaba envuelta en luces que titilaban como estrellas nerviosas.
La música vibraba en el pecho, en los pies, en la piel.
Y por primera vez en mucho tiempo, sentí que la alegría no me era ajena.
Estaba tan sumergida en ese ambiente de libertad que no noté que alguien me observaba desde una esquina.
Sentí su mirada antes de encontrarla.
Me giré, curiosa.
Estaba junto a Joel.
Me acerqué.
ANDY
—Hola, Joel.
JOEL
—¡Andy! Qué bueno verte.
Te presento a un amigo... Carlos.
CARLOS (sonriendo de lado)
—Hola, Andy.
ANDY
—Hola, Carlos.
Mucho gusto.
Voy a saludar a Caro, ¡ya vuelvo!
No escuché lo que dijeron cuando me fui, pero al voltear brevemente, los vi hablando en voz baja.
Carlos parecía bromear. Joel, no tanto.
CARLOS
—Andy es bonita.
JOEL (serio)
—Carlos... ella no es como las chicas con las que tú juegas. No te metas con ella.
CARLOS (burlón)
—¿Te gusta, no?
JOEL
—Es mi amiga. Y te conozco demasiado.
No la toques.
CARLOS (desafiante)
—Te apuesto que esta noche... se va conmigo.
JOEL (molesto)
—Ni se te ocurra.
Yo, ajena a esa conversación, seguí bailando.
Primero con Joel, que ya era mi compañero de baile favorito.
Luego, incluso con Carlos, aunque algo en él me cayó mal desde el primer paso. Demasiado seguro, demasiado invasivo.
Pero esta noche, no pensaba dejar que nadie me robara la calma.
Me reí. Canté. Giré sobre mí misma.
Me sentí viva.
Libre.
Hasta que miré la hora.
Las 4:15 a.m.
Me acerqué a Caro, que ya estaba en modo despedida.
ANDY
—Amiga, ya me voy.
CARO
—¿Tienes cómo irte? ¿Taxi?
ANDY
—Se me apagó el celular...
Creo que buscaré un hotel cerca para descansar unas horas. Luego me voy tranquila.
CARO
—Bueno, pero cuídate. Avísame cuando llegues.
Apenas salí del local, Joel apareció a mi lado.
Siempre atento.
JOEL
—Andy, te acompaño.
CARLOS (interrumpiendo, desde atrás)
—No, Joel. Yo la acompaño.
Los miré a ambos. Estaban tensos.
Pero tomé una decisión.
ANDY
—Gracias, pero puedo ir sola.
CARLOS (insistente)
—En serio. No es molestia.
ANDY (firme)
—Carlos, te agradezco... pero no te conozco bien.
Prefiero ir sola, ¿ok?
Él frunció el ceño.
CARLOS
—Veo que tienes carácter.
¿Sabes qué? Mejor vete sola.
ANDY
—Idiota.
Me giré sin esperar respuesta.
Estaba molesta, sí. Pero también orgullosa de no ceder.
No más complacencias.
Caminé unas cuadras hasta que encontré un pequeño hotel abierto.
Nada lujoso, pero suficiente.
ANDY
—Buenas noches. ¿Cuánto cuesta un cuarto?
ENCARGADO
—Veinte por cuatro horas.
ANDY
—Lo tomo. Solo quiero descansar.
Y justo cuando iba a pagar, escuché esa voz que ya empezaba a reconocer entre miles.
JOEL (suave)
—Andy... mejor compartimos el cuarto. Yo tampoco encontré taxi.
ANDY (sorprendida)
—¿Estás seguro?
JOEL
—Solo para descansar. Tú pagas veinte, yo veinte.
¿Trato?
ANDY (sonriendo)
—Trato.
El cuarto era sencillo, con una cama amplia y una ventana que dejaba entrar la luz de los postes.
No hablamos mucho.
Me quité los zapatos. Me dolían los pies, las emociones, la historia entera.
Y sin darme cuenta, me quedé dormida.
No sé cuántos minutos pasaron, pero algo me despertó suavemente.
Un roce.
Un suspiro.
Y unos labios sobre los míos.
Abrí los ojos. Era Joel.
Él también tenía los suyos entreabiertos, como si dudara.
Por un segundo pensé en apartarme.
Pero no lo hice.
No había miedo.
No había culpa.
Solo esa sensación de estar en el lugar correcto, con la persona que había estado ahí cuando más lo necesitaba.
Sus manos recorrieron mis brazos, mi espalda, mis miedos.
Las mías encontraron su rostro, su cuello, su temblor.
No dijimos nada.
Solo nos dejamos llevar.
Como si el universo nos hubiera estado empujando a este momento desde siempre.
Y esa noche, entre silencios, caricias y un amanecer que no nos apuraba, dejé que el pasado se esfumara.
Y que una nueva historia comenzara...
una historia escrita con deseo, respeto...
y libertad.
🔸 ¿Lo que nació esa noche fue solo el reflejo de una emoción fugaz... o el inicio de algo verdadero?
Porque cuando alguien te toca el alma antes que el cuerpo...
el corazón ya ha dicho que sí.
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Una Historia de amor
RomansaNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
