Narra Andy
Media hora después de salir del departamento, llegamos a casa. Los bebés venían rendidos del cansancio, así que lo primero que hicimos fue llevarlos a sus cuartos.
Joel cargó a Mateo con cuidado, lo cambió de ropa, le puso su pijama favorita de dinosaurios, y lo arropó en su cama. Doki, como siempre, ya estaba dormido a su lado, como si supiera que ese era su lugar.
Yo llevé a Emilia a su habitación. La acomodé en su cuna con su mantita rosada y su peluche de conejita. La miré por un momento y le di un beso en la frente. Estaba tan en paz...
Nos encontramos luego en nuestra habitación. Era hora de hablar.
—¿Podemos hablar tranquilos? —le pregunté al cerrar la puerta.
—Sí... ya estoy tranquilo —respondió Joel, dejando su celular a un lado.
—¿Y entonces? ¿Por qué te pusiste así?
—¿Así cómo?
—Molesto. Por algo que dijo Ely...
—Es que no inventes, Andy... ¿enserio stripper?
Me crucé de brazos con una sonrisa irónica.
—Amor, fue solo una idea suya. Yo misma la descarté porque ya sabes que no me gustan esas cosas.
—¿En serio no quieres un stripper? —me preguntó dudoso.
—No. Nunca me han gustado. Me incomodan.
Joel me miró serio, pero con un dejo de celos.
—¿Y si Ely igual lo trae?
—Ya le pedí que no lo haga.
—¿Y si a pesar de eso lo hace?
Suspiré, ya sabiendo por dónde iba todo esto.
—¿De verdad crees que Leidy la dejaría?
Joel sonrió inevitablemente.
—Pues no —admitió.
—¿Entonces por qué te pones así?
—No sé... —dijo encogiéndose de hombros—. Es que esos tipos... no sé, están todos marcados, se preocupan por sus cuerpos... y podrían fijarse en ti.
Lo miré fijamente.
—¿En serio?
—Sí. Esos tipos van por la vida medio desnudos, bailándole a las mujeres... y tú eres hermosa.
—A mí no me interesa eso —le dije, caminando hacia él.
—¿Y entonces qué te interesa?
—Los sentimientos de las personas —respondí con una sonrisa.
—O sea, ¿me estás diciendo que soy feo?
—No —me reí—. Te estoy diciendo que el único hombre que me interesa eres tú. Llevamos casi cinco años juntos, Joel. Tenemos dos hijos. ¿De verdad crees que me voy a fijar en otro?
—Y pronto vamos a casarnos —agregó él, bajando la voz.
—Exacto. Así que no te pongas celoso por tonterías.
—No sé... —murmuró mientras se acercaba.
—¿Y qué tengo que hacer para que me creas?
Joel me rodeó con sus brazos, tomándome de la cintura. Por inercia, mis manos subieron a su cuello. Empezó a besarme y, poco a poco, nos fuimos dejando llevar hasta terminar en la cama, donde le dejé en claro con hechos que solo me interesa él.
Narra Joel
Después de esa charla... y lo que siguió, me sentí mucho más tranquilo. Me di cuenta de que había exagerado. Andy es clara, siempre lo ha sido. Y yo... a veces soy un celoso sin sentido.
El despertador sonó temprano al día siguiente. Teníamos un día cargado por delante: vestido de boda, decoración, reunión con las chicas...
Pero entre la alarma y el frío de la mañana, me negaba a soltarla.
—Amor, tengo que levantar a Mateo para que vaya al colegio —dijo Andy, intentando zafarse de mis brazos.
—No. Que hoy no vaya al colegio —respondí medio dormido, abrazándola más fuerte.
—Joel, hoy va a ser un día largo...
—Por eso mismo —repliqué sonriendo.
—Está bien —cedió ella—. Pero igual tengo que hacer desayuno.
—Pásame mi celular.
—¿Para qué?
—Voy a pedir desayuno.
—¿Hoy tienes flojera o qué?
—No. Solo que no quiero soltarte.
—Jajaja, ya va a llegar Mateo... y después se despierta Emilia.
Y justo como si lo hubiéramos llamado, Mateo entró corriendo al cuarto.
—¡Buenos días!
—Buenos días —dijimos los dos a coro.
—Permiso... —dijo, ya subiendo a la cama.
—No —le respondí bromeando.
—Papá...
—No.
—Mami, me quiero echar —dijo con carita de drama.
—Mateo, acuéstate de este lado —le indiqué, pero él ya señalaba el centro.
—¡No! Quiero aquí —insistió, apuntando entre los dos.
—No, allí no.
—¿Por qué no?
—Porque yo no quiero —dije serio pero ya aguantando la risa.
—¡Mamáaaa! —lloriqueó.
Andy suspiró con la paciencia de una santa.
—Por Dios... empiezo el día con ustedes peleando.
—¡Mi papá empieza! —acusó Mateo.
Y como si fuera coreografía otra vez, Emilia comenzó a llorar desde su cuarto.
—Me suelto, voy a verla —dijo Andy.
—No. Voy yo —le respondí, y fui en busca de nuestra bebé.
Volví con Emilia en brazos. Por suerte, la cama es grande y cabemos los cuatro... aunque no con mucho orden.
—Mami, ¿ya es tarde, no? —dijo Mateo.
—¿Tarde para qué?
—¡Para ir al colegio!
—Hoy no vas a ir al colegio —respondió Andy, acariciándole el cabello.
—¿Entonces puedo ir con Doki a jugar con mis primos?
—¿Con tus primos?
—Sí. Leidely, Liam...
Andy me miró.
—Sí... hoy vamos a ir con ellos —dijo sonriendo.
Y así, entre besos, celos y caos matutino, empezamos un día más. Un día más cerca del "sí, acepto", y un día más juntos como familia.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
