Andy
Pasaron los días y el momento que tanto temía llegó: el adiós. Ely y Leydi se iban a España.
Joel cambió su descanso para acompañarnos. Mateo, como si presintiera lo que estaba por pasar, no quería despegarse de Ely. Se aferraba a su cuello, con esas manitas temblorosas, llorando sin entender por qué lo abrazaban más de lo normal.
—Ven, mi amor. —le dije, tomándolo en brazos.
Mateo rompió en llanto. Se estiraba hacia Ely, gritando con ese llanto que rompe el alma. Ella le hablaba dulcemente, con la voz entrecortada:
—No llores, bebé. Voy a llamarte todos los días. No me voy a olvidar de ti.
—Ni de ti tampoco. —añadió Leydi, aunque sus ojos ya estaban llenos de lágrimas.
Yo no pude contenerme.
—¿Y de mí sí? —pregunté con la voz rota.
Leydi me abrazó fuerte:
—¡No inventes, Andy! Claro que no.
Ese abrazo me dolió. Como una despedida entre hermanas que no saben cuándo se verán de nuevo.
Joel las acompañó hasta la puerta, sereno por fuera, pero con los ojos más húmedos de lo habitual.
—Ya chicas, las están llamando. Cuídense mucho.
—Cuídense ustedes también.
Y se fueron.
Las vimos desaparecer entre la gente del aeropuerto. Me senté en una banca con Mateo aún llorando, y Joel me abrazó por la espalda.
—Ya pasó, amor... pero qué suerte tuvimos de tenerlas aquí.
—Sí... fueron como hermanas para mí.
Ese vacío, el que dejan las personas que se vuelven familia, no se llena con palabras. Se queda ahí, como una herida suave, una nostalgia dulce. Como una promesa de volvernos a encontrar.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
