Después de la charla con Karina, me quedaron algunas dudas dando vueltas... pero decidí guardarlas en un rincón de mi mente. No quería alimentar ideas sin fundamentos. Lo importante ahora era enfocarme: hoy era mi primer día oficial de trabajo. Y eso, al menos, sí era real.
Respiré hondo.
Paso a paso.
No hay espacio para distracciones.
Llegando a la empresa
Llegamos al edificio y, como era de esperarse, no había nadie recibiéndonos. Algunos compañeros miraban a su alrededor, otros ya estaban escribiendo en el grupo de WhatsApp, buscando respuestas.
—¿Le marcamos a Carolina? —preguntó Gianfranco.
—Sí, porque ni idea dónde debemos ir —dijo Karina, revisando su celular.
Justo cuando estábamos por llamar, una figura conocida apareció por la puerta principal. Era Peter, uno de los capacitadores presenciales. Se notaba cansado, pero mantenía su amabilidad.
—¡Chicos! ¿Ya saben quiénes son sus supervisores?
—No... —respondimos casi en coro.
—Ya descargamos la app, pero no nos sale nada —añadí.
—Qué raro... Bueno, no se preocupen. Vengan conmigo. Vamos a solucionarlo.
Nos llevó por un pasillo largo hasta un área más interna del edificio, donde varias personas parecían ya estar trabajando. Un zumbido constante de voces en llamadas llenaba el ambiente, junto al tecleo rápido de quienes estaban en sus estaciones.
Ahí fue cuando nos empezaron a ubicar por grupos. A mí, junto con Gianfranco y Oswaldo, nos asignaron a una supervisora joven y carismática: Daniela.
—Bienvenidos, chicos. Este es el team. A partir de ahora, vamos a remar juntos.
—Gracias, un gusto —respondí, intentando sonar más segura de lo que me sentía.
—En este equipo nos apoyamos. Si todo va bien, pueden hacer línea de carrera, postular a otras áreas... ¡Hay oportunidades reales aquí!
—¡Eso me interesa! —dijo Gianfranco, entusiasmado.
—¡x2! —agregué.
—¡x3! —remató Oswaldo, sacándonos una sonrisa a todos.
Daniela nos ubicó en nuestras estaciones, nos dio instrucciones básicas y nos pidió que observáramos un par de llamadas reales para ir familiarizándonos. El ambiente, aunque un poco ruidoso, era dinámico y profesional. Empezaba a sentirme parte de algo más grande.
Y por unas horas... logré lo que me había prometido: no pensar en Joel.
Me concentré. Observé. Tomé notas. Hice preguntas.
Me enfoqué tanto que, sin darme cuenta, la jornada terminó más rápido de lo que esperaba.
Camino a casa
Como varios tomábamos la misma ruta, decidimos regresar juntos. Caminábamos en grupo, hablando de todo un poco: lo rápido que iba el día, lo complicado que era entender algunos sistemas, lo difícil que sería memorizar los scripts de llamadas.
Entre bromas, risas y anécdotas, el nombre de Joel salió a flote. Inevitable.
—¿No vieron a Joel hoy? —preguntó Karina, como quien lanza un comentario casual, pero con segunda intención.
—No... yo tampoco lo vi —dije, intentando sonar indiferente.
—Creo que ahora está en otra capacitación —comentó Bruno.
—Sí, le asignaron un nuevo grupo —añadió Oswaldo.
—Pobres nuevos... —soltó Gianfranco, riendo.
—¿Por qué? —preguntamos todos a la vez.
—¿No se han dado cuenta? —dijo Oswaldo, bajando un poco la voz.
—¿De qué?
—De que Joel es... gay.
Hubo un silencio incómodo.
—¿Qué? —dijimos casi al unísono.
—Se lleva demasiado bien con algunos chicos. Especialmente con Steven. No es por juzgar, solo... lo he notado.
—¿Y eso qué tiene que ver? —preguntó Karina, frunciendo el ceño.
—Nada, solo lo comento. Me pareció curioso.
—A mí... no sé, no me cae mal —dije rápidamente.
Mentira. Me gustaba. Mucho. Demasiado.
—Ahora que lo dices —intervino Bruno—, sí recuerdo que él y Steven eran inseparables en las reuniones presenciales.
—A mí Joel me cae mal, pero no por eso voy a andar sacando conclusiones —respondió Karina, tajante.
—Y si lo fuera, ¿cuál es el problema? —dije con voz firme—. Ser gay no cambia nada. Es su vida. Lo importante es cómo se comporta como profesional.
—Exacto —añadió Gianfranco—. Mientras trabaje bien, lo demás no importa.
El ambiente se volvió tenso por un segundo. No era lo que se dijo, sino cómo lo dijimos. Cada uno defendía su postura desde sus propias experiencias, desde sus prejuicios... o desde sus sentimientos.
Poco a poco, el grupo se fue disolviendo. Cada quien tomó su transporte y se marchó con sus propios pensamientos. Yo también lo hice.
Reflexiones de vuelta a casa
En el bus, mientras la ciudad pasaba como un borrón por la ventana, no podía dejar de pensar en lo que se había dicho.
¿Y si Joel realmente era gay?
¿Mis sentimientos eran solo una ilusión construida desde una imagen, desde su voz, desde esa conexión inexplicable?
Y si no lo era... ¿por qué me importaba tanto?
Era evidente: lo había idealizado. Lo puse en un pedestal sin conocerlo, sin siquiera hablar de verdad con él. Y eso no era justo, ni para él... ni para mí.
Entonces, mientras el bus avanzaba, tomé una decisión silenciosa, pero firme:
Poner mi corazón en pausa. Dejar de suponer. Y centrarme solo en lo que vine a hacer aquí: trabajar, aprender, crecer.
Porque si algo había aprendido en el pasado...
...es que el amor no siempre es lo que parece.
Y a veces, idealizar duele más que enamorarse.
✨ Hasta aquí el capítulo...
¿Qué crees que pasará después? ¿Será cierto lo que dicen de Joel? ¿O solo son rumores?
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
