🐒 Capítulo 49 - Donde el corazón elige

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Narrado por Andy

Nos despertamos temprano, aún con el eco de los últimos días resonando en la piel. Las mochilas ya estaban listas, y Mateo reía sin entender que nos íbamos a un nuevo destino. Su risa era todo lo que necesitábamos para saber que habíamos elegido bien.

Nuestro siguiente destino: Puerto Maldonado, en el corazón cálido y verde de la selva sur del Perú. Hacía días que Joel y yo hablábamos de cómo cerrar este viaje. Queríamos que fuera especial, memorable. Y bastó mirar cómo Mateo sonreía cada vez que veía un animal para entenderlo: debíamos ir a la Reserva Nacional de Tambopata.

Llegamos a Puerto Maldonado cerca del mediodía. Apenas bajamos del avión, el aire húmedo y caliente nos envolvió como una cobija pegajosa. A Mateo no le molestó. Al contrario, parecía fascinado. En cuestión de minutos terminó solo en pañal, riendo mientras Ely lo abanicaba con una revista doblada.

Como ya era tarde para entrar a la reserva, decidimos pasar la noche en la ciudad. Caminamos por sus calles llenas de vida, mercados repletos de frutas exóticas, puestos de jugo natural, niños corriendo descalzos. Todo parecía tener un ritmo distinto. Más libre. Más salvaje. Más vivo.

🌙 Noche en la ciudad

Cenamos temprano y nos fuimos a dormir con el plan claro: al día siguiente, partiríamos hacia la selva al amanecer.

Dormimos bien. No por comodidad, sino por paz. Por ese cansancio bueno, el que deja el alma contenta.

🌄 Al amanecer

Nos despertaron los cantos de aves, intensos, vibrantes. Era como un concierto natural. Nos miramos con Joel y sonreímos. No hacía falta despertador.

Desayunamos ligero y tomamos el bote rumbo a Tambopata. A medida que avanzábamos por el río, el paisaje cambiaba. Todo era más espeso, más profundo. El verde parecía absorberlo todo. Mateo no paraba de mirar. Balbuceaba, señalaba, se emocionaba con cada sonido nuevo.

Yo solo podía pensar en esto:
¿Cómo olvidará esto algún día? ¿Cómo puedo yo no recordarlo toda la vida?

Al llegar, los guías nos explicaron que lo ideal era quedarse al menos cuatro días para recorrer bien la reserva. Aceptamos sin dudar. Nos ofrecieron cabañas rústicas dentro de la selva. Solo quedaba una. Así que compartimos.

Una gran pijamada familiar. Mateo estaba encantado de dormir rodeado de todos.

🌿 Un día mágico

Ese primer día fue simplemente mágico. Monos saltando entre ramas, guacamayos de colores imposibles, caimanes dormitando en las orillas, mariposas que parecían papel celofán flotando. Mateo no se cansaba de mirar. Y nosotros tampoco.

Al atardecer, mientras Joel paseaba con Mateo, me senté con Ely y Leydi en la galería de la cabaña. Las tres en silencio, mirando el río. Hasta que no aguanté más.

—Chicas, tengo que hablar con ustedes —dije bajito.

—¿Qué pasa? —preguntó Ely.

—Cuando termine este viaje... tengo que tomar una decisión importante.

Leydi me miró como si intuyera algo dramático.

—¿Te vas a separar de Joel?

—¡No! ¡¿Qué?! ¡Claro que no! —reí—. Es sobre el trabajo.

Suspiré.

—Mi licencia de maternidad se termina pronto. Y... no quiero volver aún.

Silencio. Solo el canto de un tucán a lo lejos.

—¿No quieres? —repitió Ely.

Negué con la cabeza.

—No quiero dejar a Mateo. Es muy chiquito todavía. Pero también tengo miedo de renunciar del todo. No quiero abandonar mi carrera... pero tampoco estoy lista para separarme de él.

Justo entonces, como si lo hubiéramos llamado, apareció Joel con Mateo dormido en brazos. Se sentó a mi lado y escuchó lo último.

—Amor... si tú no quieres volver, no vuelvas. No te sientas culpable. Yo puedo seguir trabajando solo. Pero si decides regresar, también está bien. Solo prométeme algo...

Lo miré.

—Que no vas a tomar una decisión por miedo.

Ely asintió.

—Confía en ti. Las decisiones con amor casi nunca se equivocan.

—¿Y si intento trabajar de forma remota? Un tiempo al menos. No quiero dejar todo.

Joel me acarició la mano.

—Si te lo aceptan, perfecto. Si no, pues ya sabes... tu tiempo con Mateo vale más que cualquier oficina.

Leydi se estiró en su silla y murmuró:

—Yo renunciaría hasta sin hijo.

Reímos.

—Gracias, chicas. Gracias, amor. De verdad.

💤 Noche en la selva

Esa noche, Mateo dormía rodeado de mosquiteros y amor. Joel me abrazaba por la espalda, su respiración tranquila. Ely y Leydi hablaban en voz baja desde su cama. Todo estaba en calma.

Y por primera vez en mucho tiempo, yo también me sentí en calma. No porque ya tuviera la respuesta, sino porque ahora sabía que tenía con quién construir cualquier camino.

✨ Reflexión final

Hay decisiones que se toman con la mente. Pero hay otras, las más importantes, que nacen en el pecho. Y aunque aún no sé qué haré exactamente, sé que lo haré desde el amor.

Y eso... ya es un comienzo.

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora