La fiesta de Alfredo era mañana y como sabía que podía escaparme para no ir él mando por mi un día antes y me instalo en su rancho donde sería la fiesta.
Estaba en el comedor desayuno una ensalada porque Ricardo había dicho que había ganado unos kilos de más por estar de reposo.
"¿Eso estás desayunando?" Preguntó Alfredo atrás de mi asustándome.
Trague lo que tenia en la boca y después me limpie con la servilleta mi boca.
"Estoy en una dieta," respondí.
Él se sentó en la silla de alado.
"No se por que las mujeres hacen esas mamadas. Si eres gorda o flaca no hay problema yo les doy a todas," él dijo.
"Eres un grosero," reír.
De pronto la muchacha de la cocina entró al comedor.
"Señor, ¿que quiere desayunar?" Ella le pregunto a Alfredo.
"Una pizza," dijo él.
La muchacha de inmediato se marchó.
"¿Vas a desayunar una pizza?" Pregunté.
"Es mejor que tú ensalada."
Tiempo después la muchacha llegó con una pizza de pepperoni y para ser honesta se miraba más deliciosa que mi ensalada.
Alfredo tomó una rebanada y la mordió haciéndome babear porque él disfrutando cada mordida.
"Toma un pedazo," dijo al darse cuenta que casi babeaba toda la mesa.
"No puedo. La compañía me tiene en una dieta," me negué.
Él tomó un pedazo y lo puso sobre mi ensalada.
"Ahí esta tu ensalada al estilo Alfredo," río.
Sin pensarla dos veces le di una mordida a la rebanada de pizza y sin darnos cuenta los dos nos comidos una pizza completa. Después de la pizza Alfredo pidió pastel de chocolate y los dos lo cominos hasta dejar el plato limpio.
Todo el día no las pasamos comiendo dulces y mirando películas de terror. De los tres hermanos Alfredo era el más relajado, divertido y gracioso. Era como si aún fuera un Niño pero cuando se trataba de los negocios se transformaba a otra persona totalmente diferente.
Él día de la fiesta llego y todos los trabajadores estaban apurados preparando todo. Alfredo ayudaban poniendo mesas y las sillas y checando que la comida estuviera lista.
Alfredo me había informado que Ovidio vendría a la fiesta así que para demostrarle que estaba mejor sin el decidí arreglarme y vestirme más de lo normal.
Busque en mi maleta un outfit así que saque todo de la maleta y lo tiraba por todos lados. Me estaba volviendo loca porque no sabía que ponerme.
"¿Pasó un tornado aquí o que vergas?" Escuché la voz de Alfredo.
Giré a verlo y el estaba parado en la entrada.
"¿Por que tienes un cochinero aquí?" Dijo levantando uno de mis sostenes del suelo y observándolo.
Corrí así a él y se lo quite de las manos para ocultarlo atrás de mi. Sentí mis cachetes rojos de la vergüenza.
"No encuentro nada que ponerme," dije tímida.
"¡Ay! Las mujeres son bien complicadas."
Alfredo miro toda mi ropa tirada en el suelo y se quedó pensando unos segundos para después tomar un vestido negro de manga larga con un estampado de flores rosadas.
"Ponte este," dijo aventándome el vestido.
"¿Zapatillas?" Pregunté.
Él tomó unas botas negras largas que estaban al lado de la cama y me las puso en las manos.
"Ya vez que no es complicado," se burló.
Me sorprendía que Alfredo armara mi outfit y la verdad se miraba muy bien.
"Bueno, te dejo que te arregles y yo también lo haré porque la fiesta está apunto de comenzar." Dijo Alfredo y después salió de mi habitación.
Me di un baño y después me puse el vestido para comenzar a maquillarme y arreglar mi cabello. Ya solo me faltaba ponerme mis aretes cuando escuché que alguien tocaba la puerta.
"Adelante," dije.
La puerta se abrió y desde mi espejo del tocador mire a Iván. Me giré para verlo mejor y estaba muy guapo. Los dos nos reímos al darnos cuenta que estábamos vestidos similar. Él venía con una pantalón negro de vestir y una camisa negra también con un estampado floral. Tenía los primeros tres botones desabrochados, su cadena de oro, sus anillos y su reloj de mano.
Él entró a mi habitación y se paró en medio de la habitación con las manos en su cintura viendo todo el desastre.
"¿Pasó un tornado o que?" Preguntó.
Me empece a reír fuertemente porque era lo que Alfredo había dicho hace rato.
Me levante de la silla para poder saludarlo pero el se me quedó mirando de pies a cabeza.
"Que hermosa te ves," él susurró.
"Y tú muy guapo pero mírate estamos vestidos igual," reí.
"Parecemos pareja," Iván rio nervioso.
"Alfredo escogió el vestido por mi."
"Y a mi me escogió la camisa," él confesó.
El rasco su nuca al igual que yo porque no sabíamos si había sido al propósito o simplemente una coincidencia.
"¿Y Citlaly? ¿Vino contigo?" Pregunté.
"No, ella se fue de viaje con su familia." Iván contestó.
"Me hubiera gustado saludarla," dije.
De la nada Alfredo entro al cuarto y empezó a aplaudir.
"Pero mírense, que bonitos se ven." Dijo Alfredo aún aplaudiendo.
Baje la mirada y sentí como mi cara se ponía roja de la pena y vergüenza.
"Parecen novios," Alfredo se burló.
Mire a Iván y el también tenía sus mejillas rojas.
"Alfredo, no digas esas mamadas." Iván dijo.
Alfredo se acercó a mi y me tomo de la mano para darme una vuelta.
"Pero mira esta belleza. ¿Apoco no te gusta ni tantito?" Alfredo le pregunto a Iván.
Él negó con la cabeza y le dio una mirada de advertencia a Alfredo.
No se porque pero sentí algo extraño y desilusión al saber que no le gustaba a Iván.
"Carnal, ¿no te parece hermosa?" Alfredo insistió.
"Para mi Daila es la mujer más hermosa del mundo," dijo Iván.
Alfredo se quedó callado porque no esperaba esa respuesta al igual que yo.
Sentí una gran emoción al saber que para Iván yo hermosa.
Alfredo llevo mi mano al brazo de Iván para poder tomarlo.
"Escóltala," Alfredo ordenó.
Sin poner peros Iván siguió la orden de Alfredo y los dos juntos salimos de la habitación dejando a Alfredo ahí.
Los dos salimos al patio donde ya habían invitados y entró los invitados de encontraba Ovidio.
Iván se dio cuenta que la presencia de Ovidio me incomoda y me ponía nerviosa así que se acercó a mi oído para susurrarme que no me dejaría sola. Al escucharlo puse una sonrisa en mi rostro lo cual enfureció a Ovidio.
