XI

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Por fin llego el día de la fiesta y la verdad estaba súper sorprendida de toda la decoración. Podía verse que toda la decoración era de millones. Había una escultura de hielo de Frida, había banda en vivo, había un mini bar y un enorme pastel.

Ricardo nos había traído dos vestuarios para cada una para que pudiéramos escoger. Yo me decidí por un top blanco con tirantes negros, un short negro que me llegaba por arriba del ombligo, botas negras, y unos guantes negros que me llevaban hasta el codo y un collar  y aretes de perlas para que se viera un poco más elegante. Iván había contratado a personas para que nos maquillaran y nos peinaran. Me hicieron una cola de caballo alta con un moño negro. Me pusieron sombras negras para combinar con el vestuario.

Ricardo nos había informado que la presentación sería de las seis de la tarde hasta las ocho para que a las ocho y media Frida y yo pudiéramos presentar nuestra canción y nos diera tiempo de cambiarnos.

Iván nos había reservado una mesa para solo nosotras pero estábamos un poco retiradas de todo los invitados, supongo que por nuestra seguridad y la de ellos.

Los meseros empezaron a servir los platillos empezando por una ensalada y algunos aperitivos.

"¿Si te probaste el vestido?" Jessica me pregunto.

Frida me había comprado un vestido típico mexicano para usarlo en la presentación. La verdad era muy hermoso y que moría de ganas de que ya fuera la presentación.

"¿Como va todo por aquí?" Escuché la voz de Ovidio atrás de mi.

Giré mi cabeza y el estaba ahí parado con una sonrisa en el rostro y una cerveza en la mano.

"¿Quieren algo de tomar? ¿Cerveza, vino, un tequilita? Pidan lo que quieran que aquí hay alcohol  de sobra," dijo él.

"Las chicas tiene prohibido beber alcohol pero yo con mucho gusto te acepto una cerveza," Ricardo dijo.

Ovidio lo miro un poco serio.

"¡MESERO!" Ovidio gritó y un chico que traía una charola vacía se acercó a nuestra mesa de inmediato.

"¿Que se le ofrece, señor?" Preguntó el chico un poco nervioso.

"Tráigale unas cervezas aquí al señor," Ovidio le ordenó al muchacho.

"¿Y para las señoritas?" El mesero pregunto.

"Unas margaritas pero sin alcohol," Cristina ordenó sin importarle que Ricardo le hubiera echado una miradita.

"Ya las oíste," dije Ovidio.

El mesero se fue enseguida como si tuviera patines en los pies.

"Soy Ovidio, por cierto." Él dijo.

"Mucho gusto Ovidio. Soy Cristina y ellas son Jessica, Violeta y la mas pequeña es Daila." Ella dijo.

"Ya tengo el placer de conocer a Daila," me regaló una sonrisa.

Así como el mesero se fue así llegó de inmediato con un pequeño bote de cervezas y cuatro vasos de margaritas.

De pronto de acercó otro hombre y le susurró algo a Ovidio quien cambió su cara al escuchar lo que le había dicho.

"Bueno, las tengo que dejar y espero que se diviertan." El dijo y después se fue.

"Pero qué guapo está ese hombre," Jessica me susurro al oído.

Creo que Jessica tenía razón, Ovidio era muy guapo pero aún así no le quita que sea un delincuente.

Las chicas comenzaron a comer la ensalada pero yo era la única que no había tocado bocado.

"¿Comerás?" Cristina preguntó.

"Es que estoy nerviosa y no tengo hambre," mentí.

Anoche las chicas habían cenado unas ricas enchiladas verdes y como saben es mi platillo favorito pero no podía comer así que me fui a mi habitación para hablar con Alex y así evitar cenar.

"Ayer no cenaste y hoy tampoco desayunaste mas que una manzana," Cristina dijo.

"Son los nervios de que vamos a cantar para todas estas personas que son... bueno, ya sabes." Dije pero no termine mi oración para evitar que me escucharan.

"Después de la presentación quiero verte comer y no nos iremos de aquí está ver que hayas comido," Cristina me amenazo.

"¿Por que nos vas a castigar a todas?" Jessica se quejó.

"Esta bien, después de la presentación comeré." Asentí con la cabeza.

Frida estuvo casi todo el tiempo con nosotras tomándose fotos y platicando. Iván solo nos observa desde su mesa y cada que Ovidio se acerca ponía notar que a él no le agradaba.

Para ser sincera me la estaba pasando muy bien. El ambiente era muy bueno y más que Ovidio no paraba de hacernos reír.

"Y es por eso que me dicen ratón por mi padre," Ovidio dijo al final de su historia que nos había contado de la razón por la cual le decían ratón.

"Ya veo el parecido," Jessica dijo riéndose a carcajadas.

"Ya es hora de que salga a la pista de baile," Ricardo dijo mirando su reloj de mano.

Las chicas y yo nos levantamos de las sillas.

"Buena suerte," Ovidio dijo.

Le sonreí y después fui atrás de Jessica para empezar con la presentación.

"Queremos darle una sorpresa a la festejada de parte de sus tíos. Aquí tenemos a ¡ROSE! Un fuerte aplauso," dijo el DJ.

Las chicas y yo salimos al centro de baile y nos pusimos en nuestras posiciones. La música empezó a sonar y hicimos nuestros pasos de baile.

La gente solos nos aplaudía y podíamos notar que Frida y sus amigas solo cantaban y gritaban ya que los demás eran personas mayores y supongo que no estaban acostumbrados a nuestra música.

Nuestra presentación llegó a su fin. Las chicas y nos retiramos de la pista de baile y yo tuve que correr con Frida para poder cambiarnos.

"Nuestra festeja les tiene una gran sorpresa para todos ustedes así que recíbala con un fuerte aplauso," Anuncio el DJ y los aplausos no se hicieron esperar.

Frida y yo salimos agarradas de la mano a la pista de baile. Atrás de nosotras había varios mariachis. Sentía como el corazón comenzó a latirme muy rápido.

Los mariachis comenzaron a tocar así que di un paso para atrás para que la luz de las luces solo se enfocaran en Frida.

"Sola, sin tu cariño, voy caminando." Frida comenzó a cantar y todos le comenzaron aplaudir.

Yo estaba emocionada al verla cantar y ver los rostros felices de sus familiares.

Terminamos la canción y yo solo aplaudí al igual que todos a Frida para después darle un gran abrazo.

"Felicidades," le susurre al oído.

Las dos corrimos al baño para cambiarnos pero antes de llegar a los baños nos encontramos con Iván y Ovidio. Ellos la abrazaron y la felicitaron. Yo solo los estaba observándolos pero sentí como mi vista se empezó a poner borrosa y las voces se empezaron a escuchar lejos. Perdí de nuevo las fuerzas de mis piernas y caí al suelo de nuevo.

"¡DAILA!" Solo pude escuchar a Frida gritar a los lejos.

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