Bese a Daila con mucha pasión porque tenía miedo que esto fuera un sueño y no quería soltarla.
Daila rompió el besó para poder tomar un poco de aire.
"¿Estás seguro de esto?" Ella me preguntó.
"Daila, estoy 100% que quiero hacer esto. No sabes cuanto dese este momento," respondí muy seguro.
Daila me regalo una dulce sonrisa que era un poco inocente.
"Me da mucha alegría escuchar eso," ella respondió.
Ella se levantó y después me extendió la mano así a mi para que pudiera tomarla lo cual lo hice sin pensarlo. Daila me jalo haciendo que yo me levantara del sillón.
"¿Vamos al cuarto?" Ella me pregunto.
Cargue a Daila en mis brazos para yo poder llevarla al cuarto. Ella solo comenzó a reírse pero yo la callé con un beso apasionado. No se como le hice pero en cuestión de segundos ya nos encontrábamos en la habitación. Recosté a Daila con mucho cuidado como si fuese de cristal.
"¿Segura que quieres hacer esto?" Le pregunté.
"Cien por cierto segura," ella respondió.
Me quite la camisa de inmediatamente y la aventé sin importarme donde cayera. Daila solo sonreía haciéndome sentir nervioso como si fuese mi primera vez. Ninguna mujer me había puesto así de nervioso y menos en el sexo como Daila me esta poniendo en este momento. Tenía miedo que no le gustara nada o lastimarla. No sabía ni cómo comenzar que solo me quede viéndola recostada en la cama.
"¿Estas bien? Daila pregunto sacándome de mis pensamientos.
"Si, solo que estoy nervioso." Confesé.
"¿Tu, nervioso? ¿Iván Archivaldo Guzmán Salazar, el hijo del narcotraficante más famoso del mundo está nervioso por hacer el amor?" Ella preguntó con un tono de burla.
Deseaba tanto este momento que ahora no se que hacer. ¡Dios mío! Iván reacciona antes de quedar en ridículo.
Suspire muy profundo para poder calmarme.
"Déjame ayudarte," dijo Daila para después empezar a desabrochar mi cremallera de mi pantalón.
Mire a Daila quien solo tenía una pequeña sonrisa perversa, la cual jamás se la había visto pero la hacía ver muy sexy lo cual hizo que mi miembro se pusiera muy duro.
En cuestión de segundos mis pantalones y mis bóxers estaban bajo en mis tobillos. Daila tomó mi miembro con sus manos, las cuales eran pequeñas que no cubrían por completo mi miembro. Ella lo llevó directo a su boca haciéndome gemir. Cerré los ojos y eché mi cabeza para atrás para poder disfrutar más. Sentí como Daila trató de meterla toda a la boca pero no pudo así que la sacó de inmediato y comenzó a toser.
"¿Estás bien?" Le pregunté.
La miré y ella con una dulce sonrisa en su rostro asintió con la cabeza. Aún no podía creer como podía ser tan sexy y tan adorable al mismo tiempo.
Todo iba tan bien, Daila aún seguía chupando mi miembro haciendo gemir de placer hasta que mi teléfono comenzó a sonar. Trate de ignorarlo para que la llamada se fuera al buzón y así continuar pero el maldito teléfono no paraba de sonar.
"Deberías contestar a lo mejor es algo importante," dijo ella limpiando la saliva que había derramado.
Maldigo al idiota que me está llamando en este momento.
Daila se levantó y se acostó sobre la cama.
Subí mis bóxers y mi pantalón también para poder sacar mi teléfono de mi bolsa para saber quién diablos me estaba llamando. Mi expresión de mi cara cambió en cuestión de segundos al ver el nombre del contacto que me había llamado.
"¿Todo bien?" Daila preguntó.
En ese momento comprendí lo que estaba pasando. Por más que traté de ser un hombre de bien siempre gana el maldito DNA de mi maldito padre.
"Si," mentí.
"¿Quién era?" Ella me preguntó.
"Néstor. Es que lo mandé hacer algunos pendientes y se está reportando," mentí de nuevo.
Ella sonrió en señal de haber creído mis mentiras.
Me senté en la orilla de la cama y segundos después Daila me abrazó por detrás para después darme algunos besos en el cuello los cuales traté de ignorar.
"Daila, no está bien lo que estamos haciendo." Salió de mi boca.
Ella dejó de besar mi cuello.
"Yo tengo a Citlaly y no quiero hacerle daño." Dije.
"¿La amas?" Daila preguntó.
No estaba seguro si la amaba o no pero tampoco quería hacerle daño.
"¿Tú aún sigues amando a mi hermano?" Le pregunté.
Daila dejó a abrazarme y puede sentir que se alejó de mí.
"Vamos a lastimar a dos personas a las cuales queremos por una maldita calentura," dije.
"¿Una calentura? ¿Eso soy para ti?" Ella preguntó.
Daila se levantó de la cama de inmediato para poder salirse del cuarto pero la detuve agarrándola del brazo.
"No quise decir eso," dije.
"Eres igual que todos esos putos narcos," dijo ella zafándose de mí agarré para después salir de la habitación llorando.
Iván pero que idiota eres.
Seguí a Daila hasta afuera de la habitación donde ella se encontraba sentada en el sillón llorando como un niño chiquito. Odie a mi hermano por hacerla llorar y mira ahora yo soy el pendejo que la hizo llorar.
Me acerqué a ella para después arrodillarme al frente de ella.
"Perdóname pero es que simplemente no quiero lastimar a Citlaly y mucho menos a ti," dije mientras ella aún seguía llorando.
"Iván... yo... yo," dijo con dificultad.
La abracé para que pudiera calmarse un poco. Después de unos minutos ella se tranquilizó.
"¿Te sientes mejor?" Le pregunté aún abrazándola.
"Si, gracias."
Deje de abrazarla para que pudiera respirar un poco mejor porque sentía que la estaba ahogando con mi abrazo. Me senté junto a ella en el sillón. Ella puso su cabeza en mi hombro.
"Iván," dije rompiendo el silencio.
"Mandé."
"Ya no quiero callar esto," respondió.
Tragué saliva y sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo.
"Me estoy enamorando de ti," Daila confesó.
Abrió mis ojos por completo por el shock en el estaba. No podía creer que Daila estuviera enamorada de mí. ¿Acaso estoy soñando?
No sabía ni qué contestar por lo nervioso que estaba.
"Yo... yo también estoy enamorado de ti," por fin tuve el coraje de decir.
