XXXVI

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Tercera Persona

Mía estaba en la casa de su padre y Valeria, la pareja con la que vivía dos semanas al mes desde que sus padres se separaron. El día había sido largo y había llegado a casa con la esperanza de terminar de ver una película que había comenzado la noche anterior con Alexia y su madre. La película había sido uno de esos pequeños momentos de tranquilidad y felicidad que Mía valoraba profundamente, un refugio en medio de la confusión que a veces sentía en su nueva vida.

Sin embargo, cuando se acomodó en el sofá, lista para continuar la película, Valeria entró en la sala con el mando de la televisión en la mano. Su rostro mostraba una mezcla de determinación y desdén.

—Mía, esa película no es para ti—dijo Valeria con una firmeza que dejaba poco lugar a discusión.

Mía frunció el ceño, mirando el mando con frustración mientras Valeria lo sostenía a un lado. Sabía que Valeria a menudo tomaba decisiones por ella, pero no entendía por qué no podía simplemente terminar de ver la película que tanto le gustaba.

—Por favor, papá, ¿puedo terminar de verla? —le pidió Mía con una mezcla de súplica y esperanza en su voz, mirando a su padre con los ojos bien abiertos.

Pablo, que estaba sentado en la esquina del sofá, miró a Mía con una expresión cansada. Finalmente, miró a Valeria y luego a Mía.

—Hazle caso a Valeria, Mía —dijo con un tono que no dejaba lugar a discusión.

Mía sintió una oleada de frustración y decepción. Se cruzó de brazos y murmuró, sin pensar demasiado en las consecuencias:

—Por eso quiero más a Alexia-Aunque lo dijo en un murmullo, las palabras no pasaron desapercibidas para Pablo y Valeria. Pablo levantó una ceja, claramente sorprendido y curioso.

—¿Quién es Alexia? —preguntó, su voz cargada de una curiosidad inesperada.

Mía se quedó congelada por un momento, dándose cuenta de que había cometido un error. Su mente comenzó a correr a toda velocidad mientras intentaba encontrar una manera de salir de la situación. Sabía que Alexia era una parte importante de su vida, pero también entendía que no debía hablar de ella, especialmente con Pablo y Valeria.

Su pequeño cuerpo se tensó y sus ojos se llenaron de nerviosismo. Intentó desviar la mirada, pero no podía evitar la intensidad de la pregunta de Pablo. Aunque solo tenía cinco años, el instinto le decía que debía proteger lo que sabía de Alexia.

—Es... es solo una amiga de mamá —dijo finalmente, su voz temblando mientras intentaba mantener una expresión tranquila.

Mientras Mía se apartaba al rincón de la sala, intentando distraerse con sus juguetes, Pablo no podía sacudirse la curiosidad que había despertado en él el nombre de Alexia. La mención de ese nombre había encendido una chispa de intriga y preocupación en él, y no pudo evitar seguir indagando.

Se levantó del sofá y se acercó a Mía con una expresión que trataba de ser calmada, pero que tenía un matiz de intensidad en su mirada.

—Mía —dijo, su tono serio pero suavizado por un intento de paciencia—. Necesito que me digas la verdad. ¿Quién es Alexia? 

Mía miró a su padre con ojos grandes, sus pequeñas manos apretadas alrededor de sus juguetes. La presión de la pregunta y el temor a las posibles consecuencias la hicieron temblar. Sabía que había cruzado una línea y que debía decir la verdad, pero también entendía que no sería algo fácil de explicar.

—Alexia... —empezó a decir, con la voz temblando—. Alexia es... la pareja de mami.

Pablo se quedó paralizado, sus ojos se abrieron con sorpresa y confusión. La noticia de que su expareja, quien había sido una parte importante de su vida, ahora estaba con una mujer, lo dejó atónito. La revelación le causó una sensación de rechazo que no había anticipado. El mundo que conocía se tambaleaba, y una oleada de emociones contradictorias se apoderó de él.

—¿Qué? —preguntó Pablo, su voz apenas un susurro de incredulidad. —¿La pareja de mamá? ¿Y tú... tú estás bien con eso?

Mía sintió una ola de angustia al ver la reacción de su padre. No entendía completamente por qué esa noticia parecía afectar a Pablo de manera tan fuerte, pero el desagrado en su rostro era claro.

—Sí —dijo Mía, su voz temblando—. Alexia es muy buena conmigo. La quiero mucho.

Pablo se sentó de nuevo en el sofá, la cabeza entre las manos, tratando de procesar la información. La idea de que su expareja estuviera ahora con una mujer era algo que no podía aceptar fácilmente. La revelación chocaba con sus creencias y expectativas, y la idea de que su hija creciera en un entorno que no comprendía le provocaba un desasosiego profundo.

Valeria, que había estado observando en silencio, notó la tensión creciente y la incomodidad de Pablo. Se acercó a él y le colocó una mano en el hombro, intentando calmar la situación.

—Pablo, no es tan terrible —dijo Valeria con una voz suave, tratando de ofrecer una perspectiva más equilibrada—. Mía tiene derecho a estar cerca de quienes son importantes para ella. Alexia es parte de su vida, y deberíamos tratar de aceptar eso.

Pablo levantó la vista, sus ojos reflejando una mezcla de desconcierto y rechazo. No podía deshacerse de la imagen de su expareja en una relación que no podía entender ni aceptar completamente. La idea de que su hija creciera en un ambiente que no compartía sus valores y creencias le resultaba difícil de aceptar.

—No sé si puedo aceptar esto, Valeria —dijo Pablo, su voz llena de preocupación—. Esto es muy diferente de lo que imaginaba para Mía. No sé si quiero que se críe en un entorno así.

Valeria suspiró, entendiendo la complejidad de la situación, pero también sabía que había que encontrar una solución que funcionara para todos. Mía, todavía en su rincón, sentía el peso de la conversación, y su inocente corazón estaba roto al ver la tristeza en el rostro de su padre.

—Papi —dijo Mía, con un tono de súplica—. Por favor, no te pongas triste. Alexia me hace feliz.

Pablo la miró, el conflicto interno reflejado en su expresión. Sabía que no podía simplemente rechazar a Alexia, pero la aceptación completa parecía aún lejana y complicada. La realidad de la situación estaba comenzando a asentarse en él, y la preocupación por el futuro de su hija en un entorno que no comprendía se mantenía presente.

La tensión en la sala era palpable mientras Pablo y Valeria trataban de encontrar una solución que equilibrara sus propios sentimientos con el bienestar de Mía. La pequeña, aunque no comprendía del todo la magnitud de la situación, sabía que había dicho algo importante y que ahora debía enfrentarse a las consecuencias.

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La tercera persona no siempre es buena

veremos que pasa con esto😋

𝐔𝐍𝐓𝐈𝐋 𝐈 𝐅𝐎𝐔𝐍𝐃 𝐘𝐎𝐔-𝐀𝐥𝐞𝐱𝐢𝐚 𝐏𝐮𝐭𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora