Broma, rivalidad y pelea

293 11 0
                                        

El sol apenas había salido cuando Amelia ya estaba despierta. No podía dejar de pensar en lo que había pasado el día anterior con Lynn. Habían tenido sus peleas, pero nunca había sentido que Lynn estuviera tan molesta como en ese momento. Sin embargo, Amelia no podía resistirse. La tensión entre ambas era innegable, pero también había un extraño y confuso juego en el que ambas se lanzaban pullas, bromas y comentarios sarcásticos. Era como si esa rivalidad fuera su forma de comunicarse.

Hoy, Amelia tenía un plan. No podía dejar que la cosa se quedara en un malentendido. Sabía que si no hacía algo para romper el hielo, la relación con Lynn podría deteriorarse más. Así que ideó una broma que pensaba que sería lo suficientemente ligera para hacer reír a todos, pero que también le daría una lección a Lynn. Con una sonrisa traviesa en su rostro, escondió un balón rosado en su mochila, con el nombre de "Lynn" escrito en letras grandes y brillantes en la superficie.

—Esto debería sacarle una sonrisa... o al menos hacerla hablarme —se dijo mientras se dirigía a la escuela.

---

El día transcurrió con relativa normalidad. Tres clases seguidas donde Amelia y Lynn apenas intercambiaron palabras, pero las miradas furtivas no pasaron desapercibidas para sus amigos. Margo, Kelly e Ivy notaban la tensión, pero preferían no intervenir. Sabían que, aunque se trataban con rivalidad, había una extraña complicidad entre ellas.

Finalmente, llegó la hora del entrenamiento. Lynn, como siempre, llegó antes que nadie. Estaba en su elemento, liderando a su equipo con firmeza. Mientras daba órdenes a sus compañeras, no pudo evitar sentir que algo extraño estaba por suceder. La forma en que Amelia la había estado observando durante todo el día le hacía sospechar que algo se traía entre manos.

Amelia, por su parte, esperaba el momento adecuado para hacer su movimiento. El balón rosado estaba escondido entre los demás balones, esperando a ser descubierto. No podía esperar a ver la cara de Lynn cuando lo viera.

—Vamos, chicas, a calentar —ordenó Lynn, mientras las jugadoras tomaban los balones y comenzaban a practicar. Pero entonces, sus ojos se posaron en algo que le hizo detenerse en seco.

Ahí estaba. Un balón de fútbol completamente rosado, con su nombre escrito en letras brillantes y brillando al sol. Lynn frunció el ceño, sintiendo cómo la ira comenzaba a crecer dentro de ella. No solo era el hecho de que alguien había escrito su nombre en un balón sin su permiso, sino que además lo habían hecho en un balón rosado, el color que más detestaba.

—¿Qué demonios es esto? —murmuró entre dientes, mientras levantaba el balón y lo examinaba. El equipo de fútbol que estaba cerca comenzó a reír, pensando que era una broma divertida. Pero la cara de Lynn era todo menos divertida.

Amelia, que estaba observando desde la distancia, no pudo evitar soltar una carcajada. Era justo la reacción que esperaba. Pero lo que no esperaba era lo que sucedió después.

Lynn, con el balón en la mano, caminó con pasos decididos hacia donde estaba Amelia, su rostro completamente encendido de rabia. Las risas de las demás chicas se apagaron al notar la intensidad en los ojos de su capitana.

—¿Esto es una broma tuya? —preguntó Lynn, su voz temblando de enojo mientras levantaba el balón justo frente a Amelia.

Amelia levantó las manos en señal de rendición, aún con una sonrisa en el rostro. —Vamos, Lynn, es solo una broma. No es para tanto.

—¿No es para tanto? —repitió Lynn, sus manos apretándose alrededor del balón—. ¿Te parece gracioso poner mi nombre en esto? ¿Hacerme ver como una...?

Lynn estaba tan furiosa que apenas podía encontrar las palabras. Amelia se dio cuenta de que tal vez había ido demasiado lejos, pero no estaba preparada para dar marcha atrás.

—Mira, princesa —dijo con sarcasmo—. No sabía que eras tan sensible.

Eso fue todo. La palabra "princesa" fue la gota que colmó el vaso. Lynn soltó el balón al suelo y avanzó hacia Amelia, sus puños cerrados con fuerza. Por un momento, todo el equipo quedó paralizado, viendo cómo la capitana del equipo de fútbol se acercaba a Amelia con una mirada que prometía pelea.

—Lynn, espera... —intentó decir Amelia, retrocediendo un paso.

Pero Lynn no escuchaba. Estaba furiosa, y la idea de que alguien la ridiculizara delante de su equipo la estaba sacando de quicio. Su orgullo estaba herido, y todo lo que quería en ese momento era hacer que Amelia pagara por su broma.

—¡Te lo advertí! —exclamó Lynn, levantando el puño, dispuesta a golpearla.

Pero antes de que pudiera hacer algo, una mano firme la detuvo. El entrenador, que había estado observando desde la distancia, intervino justo a tiempo.

—¡Lynn, basta! —ordenó, con una voz que resonaba con autoridad.

Lynn se detuvo, respirando con dificultad mientras miraba al entrenador. Su mano temblaba por la rabia contenida, pero poco a poco comenzó a relajarse. El entrenador se interpuso entre ellas, mirando a ambas con desaprobación.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó, su mirada fija en Lynn.

Amelia aprovechó el momento para dar un paso atrás, sintiéndose aliviada de que el entrenador hubiera intervenido. Sabía que había cometido un error, pero no estaba dispuesta a admitirlo tan fácilmente.

—Solo era una broma, entrenador —dijo Amelia, tratando de sonar despreocupada.

—Pues tus bromas están empezando a causar problemas —replicó el entrenador, mirando a Amelia con severidad—. Aquí estamos para entrenar, no para jugar con las emociones de los demás. Si no pueden comportarse como un equipo, no tengo problemas en suspenderlas a ambas.

Lynn, todavía furiosa, miró a Amelia por el rabillo del ojo. Aunque no había golpeado a Amelia, la ira seguía ardiendo en su interior. No podía creer que Amelia hubiera hecho algo tan infantil, y la palabra "princesa" seguía resonando en su mente.

—No quiero que esto vuelva a suceder —dijo el entrenador, mirando a ambas—. Ahora vuelvan al entrenamiento. Y resuelvan sus problemas fuera del campo.

Lynn asintió, aún sin decir una palabra. Amelia, por su parte, se limitó a recoger el balón y alejarse del grupo, sintiéndose ligeramente humillada. Las demás chicas las observaron en silencio, sin atreverse a intervenir.

El resto del entrenamiento pasó en un tenso silencio. Lynn y Amelia no se hablaron ni una sola vez, y la atmósfera en el equipo era densa. Pero aunque el entrenador había evitado que las cosas se salieran de control, Amelia sabía que no había terminado. Tendría que enfrentar a Lynn de nuevo, y esta vez no habría un entrenador para intervenir.

Mientras salía del campo, Amelia no pudo evitar sentirse mal por cómo habían terminado las cosas. Tal vez la broma había sido demasiado, pero no esperaba que Lynn reaccionara tan violentamente. Ahora tendría que encontrar la manera de arreglar las cosas antes de que su relación se rompiera por completo.

Princesa, estoy contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora