Un recorrido con mi princesa

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Después de terminar sus helados y reír un poco más en la tienda, Lynn y Amelia decidieron que era hora de regresar a casa. Amelia, aún con el tobillo adolorido, miró a Lynn con una sonrisa agradecida.

—¿Crees que puedas cargarme un poco más, Lynnie? —preguntó Amelia, tratando de sonar despreocupada, aunque le encantaba que Lynn se ofreciera a llevarla.

Lynn, como siempre, respondió con una sonrisa burlona, levantándose de su asiento y agachándose para que Amelia subiera a su espalda.

—¿Que si puedo? ¿Quién te crees que soy? Esta heroína siempre está lista para salvar a su princesa —dijo Lynn en tono exagerado, provocando una risa en Amelia.

Amelia se acomodó en la espalda de Lynn, asegurándose de sujetarse bien mientras Lynn comenzaba a caminar hacia su casa. Con el sol ya bajando en el horizonte y pintando el cielo con tonos cálidos de naranja y rosa, el ambiente era perfecto para el tranquilo paseo que compartían.

—¿Sabes que probablemente me debas un helado extra por esto, no? —comentó Lynn, mirando de reojo a Amelia con una sonrisa traviesa.

—Oh, claro, porque cargarme unas cuantas cuadras es un trabajo durísimo para ti —respondió Amelia, riéndose—. Además, sabes que soy yo quien debería recibir un premio. ¡Soy la que se lastimó!

—Sí, sí… excusas de la princesa. Pero bueno, supongo que puedo dejarlo pasar esta vez —replicó Lynn en tono dramático—. Solo porque eres mi princesa favorita.

Caminaron algunas cuadras, conversando sobre cualquier cosa que se les ocurría. Lynn trataba de hacer reír a Amelia todo el camino, lanzando bromas sobre su “habilidad para torcerse el tobillo” y su “título honorario de princesa de los accidentes”. Amelia, como siempre, respondía con sarcasmo, pero en el fondo apreciaba cada palabra de Lynn.

En un momento, mientras cruzaban un parque, Lynn sintió que Amelia suspiraba y la miraba de una forma suave.

—¿Qué pasa, princesa? ¿No te estarás aburriendo de mí? —preguntó Lynn, fingiendo estar ofendida.

Amelia negó con la cabeza, sonriendo.

—Jamás. Pero tengo que admitir que verte hacer de “chofer personal” es algo que debería pedir más seguido —bromeó, dándole un ligero toque en el hombro.

Lynn soltó una carcajada.

—Oh, ya veo cómo es. Ahora resulta que vas a esperar que te lleve a todas partes. ¿Qué sigue, princesa? ¿Una alfombra roja también? —preguntó Lynn, divertida.

—Exacto. Una alfombra roja y un trono para mi “chofer” favorito —respondió Amelia con una sonrisa.

Al llegar a una esquina, pasaron junto a una fuente de agua donde un grupo de niños pequeños jugaba y corría alrededor. Uno de los niños, que llevaba una camiseta demasiado grande para su tamaño, señaló a Lynn y Amelia, sonriendo al ver a Lynn cargando a su amiga en la espalda.

—¡Mira! ¡Ellos también están jugando a los caballitos! —exclamó el niño, riéndose.

Amelia y Lynn se miraron y rieron al escuchar al niño. La escena les recordó lo fácil que era disfrutar de esos momentos juntos, incluso con los pequeños inconvenientes de la vida.

—Bueno, parece que somos la atracción del día —comentó Lynn, sonriendo mientras se alejaban del parque.

—¿Sabes? No me molesta ser tu "princesa" de vez en cuando —dijo Amelia, apoyando la barbilla en el hombro de Lynn—. Solo… no abuses de eso, ¿ok?

—Oh, no te preocupes, princesa, el privilegio de cargarte no es para cualquiera. Solo las personas súper especiales reciben este trato VIP —respondió Lynn, dándole un guiño.

Finalmente, llegaron a la calle de Amelia, y Lynn aminoró el paso mientras se acercaban a la puerta. Amelia la miró de reojo y sonrió, agradecida de tenerla allí para ayudarla en ese momento. Sin embargo, como siempre, decidió mantenerse en su papel sarcástico.

—Gracias, Lynnie. Creo que hiciste un buen trabajo. Pero… para la próxima podrías conseguir un carrito o algo más elegante, ¿no crees? —bromeó Amelia, mientras Lynn la bajaba suavemente.

Lynn puso los ojos en blanco, aunque una sonrisa se asomaba en su rostro.

—¿Así que ahora me pides un servicio de limusina? Exigente, princesa. Muy exigente —respondió Lynn, dejando que Amelia se apoyara en su hombro para caminar hacia la puerta.

Amelia soltó una pequeña risa, divertida con el comentario, y al llegar a la puerta de su casa, se giró hacia Lynn, sosteniéndola del brazo.

—Gracias de nuevo, Lynnie. —Luego, le dio un pequeño beso en la mejilla antes de agregar, con una sonrisa—. ¿Ves? Te has ganado una recompensa real.

Lynn, ligeramente sonrojada, se encogió de hombros tratando de parecer indiferente, pero en el fondo estaba encantada con el agradecimiento.

—De nada, princesa. Y bueno, si vuelves a necesitar que te cargue como un saco de papas, ya sabes a quién llamar —respondió, dándole un ligero toque en la nariz antes de despedirse—. Ahora descansa y cuida ese tobillo, ¿ok?

Amelia asintió, mirándola con una mezcla de diversión y gratitud, mientras Lynn se alejaba, lanzándole una última sonrisa confiada antes de desaparecer por la esquina.

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