¿Que es eso?

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El día en la escuela había sido agotador, pero también emocionante. Amelia y Lynn se habían reencontrado con sus amigos, y el entrenamiento había ido mejor de lo esperado. Mientras caminaban juntas hacia la salida, una idea brillante iluminó la mente de Amelia.

"¿Qué te parece si vamos a por helado después de la escuela?" sugirió, su voz llena de entusiasmo. "Podemos invitar a todos. Necesitamos celebrarlo, y no hay mejor manera que con algo dulce."

Lynn sonrió, claramente emocionada por la idea. "¡Eso suena genial! ¿A quién deberíamos invitar? Creo que Margo y Kelly definitivamente querrán unirse."

Amelia comenzó a pensar en el resto del grupo. "También podríamos llamar a Jace, Ivy y Marco. Ellos siempre están dispuestos a una buena dosis de helado."

"Perfecto. Vamos a hacer esto," respondió Lynn, con un brillo en sus ojos. "Te voy a ayudar a organizarlo."

Apenas habían hecho el plan, y ya estaban llamando a sus amigos. En cuestión de minutos, el grupo se reunió en la entrada de la escuela, todos emocionados por la idea de disfrutar de un buen helado juntos. El lugar elegido fue una heladería local famosa por sus enormes porciones y sus extravagantes combinaciones de sabores.

Mientras caminaban, la energía del grupo era contagiosa. Las risas resonaban y las bromas volaban de un lado a otro. Amelia sintió que la tensión que había acumulado en los últimos días se disipaba. Todo lo que importaba era el momento presente y la compañía de sus amigos.

Al llegar a la heladería, todos se alinearon en la barra de helados, admirando la variedad de sabores que se ofrecían. Lynn, siendo la amante del chocolate, se lanzó a pedir un enorme cucurucho de helado de chocolate doble con chispas. Amelia optó por algo más atrevido: un helado de mango picante con un toque de limón.

"¡Esto es lo mejor!" exclamó Marco mientras pedía un helado de menta con chispas de chocolate. "Necesitamos hacerlo más seguido."

"Sí, definitivamente deberíamos," concordó Ivy, mirando a su alrededor con una sonrisa. "Después de todo lo que hemos pasado, esto es justo lo que necesitamos."

El grupo se sentó en una mesa al aire libre, riendo y disfrutando de sus helados. La tarde era perfecta: el clima cálido y soleado creaba el ambiente ideal para disfrutar de un buen rato juntos. Amelia sintió que su corazón se llenaba de alegría. Miraba a su alrededor, viendo a sus amigos disfrutar, y se dio cuenta de lo mucho que significaban para ella.

Mientras todos compartían historias y anécdotas, Margo, que siempre había tenido un ojo para los detalles, no tardó en notar algo inusual. "Amelia, ¿qué es eso en tu cuello?" preguntó, señalando con el dedo.

Amelia se tensó de inmediato. Había hecho todo lo posible por cubrir las marcas con su bufanda, pero ahora parecía que había sido en vano. "Oh, es... es solo una picadura de mosquito," dijo rápidamente, intentando desviar la atención.

Lynn, que estaba sentada junto a ella, soltó una risa nerviosa. "Sí, ¡los mosquitos están muy activos esta temporada!" Su voz sonaba un poco forzada, y Amelia le lanzó una mirada fulminante.

"¿Mosquito? ¿En primavera?" Jace se unió a la conversación, arqueando una ceja. "Eso no suena muy creíble, Amelia. Deberías decir la verdad."

Amelia se rió nerviosamente, intentando ocultar su incomodidad. "En serio, es nada. Solo un pequeño accidente. No hay por qué preocuparse."

Pero el resto del grupo no estaba convencido. La curiosidad de Margo solo aumentaba. "Amelia, ¿de verdad no quieres decirnos qué es? A veces, la gente no es honesta sobre sus cosas."

Amelia se sintió atrapada en un círculo de miradas inquisitivas. Fue entonces cuando Lynn decidió intervenir, apoyando a su novia. "Chicos, creo que deberíamos dejarla en paz. Si no quiere compartir, es su decisión," dijo Lynn, manteniendo una sonrisa, pero sintiendo la tensión.

"Pero es que me intriga," dijo Margo, con una sonrisa traviesa. "Amelia, si hay algo más, ya sabes que somos amigos y podemos compartirlo."

Amelia suspiró, sintiendo que las risas y la diversión de la tarde comenzaban a desvanecerse por un momento. Sin embargo, no quería arruinar el ambiente. Así que decidió cambiar de tema. "¿Qué tal si hablamos de la última serie que vimos en la televisión? ¿A alguien más le ha gustado ‘Chicos y Chicas al Límite’?"

La conversación se desvió rápidamente hacia la serie, y todos comenzaron a compartir sus momentos favoritos. A pesar de la tensión inicial, la atmósfera se relajó nuevamente. Amelia se sintió aliviada, y se unió a la charla, riéndose y disfrutando del momento con sus amigos.

Mientras todos hablaban, Amelia se dio cuenta de que era bueno tener a Lynn a su lado, y también de que, aunque sus amigos eran un poco chismosos, lo hacían por el cariño que tenían hacia ella.

Después de un rato, mientras la conversación giraba en torno a las bromas más memorables del grupo, Amelia decidió que era hora de hacer algo divertido. "¡Chicos, tengo una idea! ¿Qué tal si hacemos un concurso de quién puede comer más helado sin hacer una mueca?"

Los ojos de todos brillaron con emoción al escuchar la propuesta. "¡Eso suena genial! Yo me apunto," dijo Marco, dándose una palmadita en la espalda.

La competencia comenzó y todos se lanzaron a probar sus helados a toda velocidad. Las risas resonaban en el aire mientras cada uno intentaba contener las muecas. Lynn y Amelia se miraron, y una complicidad silenciosa se apoderó de ellas.

"Esto es una locura," comentó Lynn entre risas. "Pero me encanta."

"Sí, es divertido ver a todos hacer el ridículo," respondió Amelia, disfrutando del momento. Lynn le lanzó una mirada divertida y le dio un ligero codazo. "Solo espera hasta que me toque a mí, princesa."

Poco a poco, los helados fueron desapareciendo. En medio de las risas y la competencia, Amelia sintió un impulso de mirar a Lynn. Las marcas en su cuello, aunque ocultas, le recordaron su conexión. Cada risa, cada momento compartido, la acercaba más a ella.

Finalmente, la competencia terminó con una divertida explosión de risas y un par de helados desbordados. Amelia había perdido ante Margo, que había demostrado ser la campeona en el arte de comer helado. Pero no importaba; todos se divertían y eso era lo que contaba.

Mientras se reían, Lynn se acercó a Amelia, con una sonrisa traviesa. "Creo que deberíamos tener más de estas noches de helado. Y la próxima vez, ¡no te olvides de que la bufanda tiene que ser opcional!"

Amelia se sonrojó nuevamente, recordando la pequeña disputa que había tenido con su novia. "Sí, prometo dejar la bufanda en casa la próxima vez, siempre que tú también lo hagas."

"Trato hecho," respondió Lynn, con una sonrisa cómplice.

Con el sol comenzando a ponerse, el grupo decidió dar un paseo por el parque cercano. El aire fresco de la tarde llenaba sus pulmones, y mientras caminaban, comenzaron a compartir historias de su infancia. Lynn empezó a contar anécdotas sobre sus travesuras en el vecindario, haciendo que todos rieran a carcajadas.

"Recuerdo una vez que intenté construir un fuerte en el patio trasero y terminé rompiendo la cerca de los vecinos. Pensé que se enojarían, pero solo se rieron," dijo Lynn, con una expresión traviesa en su rostro.

Amelia se unió a la diversión. "Yo solía esconderme en los armarios de mi casa para asustar a mi hermano. Un día, me quedé allí tanto tiempo que se olvidó de mí y tuvo que irse a la cama."

El grupo estalló en risas, cada uno compartiendo sus propias anécdotas. Amelia miró a Lynn, sintiendo que cada historia que contaban fortalecía su vínculo. A medida que la noche se acercaba, la risa y la calidez que compartían se sentían como un abrazo reconfortante.

Sin embargo, en el fondo, Amelia sabía que aún había un secreto que guardar. Las marcas en su cuello eran solo una pequeña parte de lo que significaba su relación con Lynn, pero sabía que, eventualmente, la verdad saldría a la luz. Por ahora, prefería disfrutar de esos momentos felices, abrazando el presente y disfrutando de la calidez de su amor.

Al final de la noche, todos regresaron a sus casas con una sonrisa en el rostro y el corazón lleno de alegría. Amelia no podía dejar de pensar en lo afortunada que era de tener a Lynn a su lado. Habían pasado por tantas cosas, pero al final, su amor y amistad siempre salían a la luz.

Mientras se acomodaba en su cama esa noche, no pudo evitar sonreír al recordar todos los momentos divertidos.

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