Es mio, para mi

118 6 0
                                        

Después de dejar el gimnasio y llegar a casa de Lynn, la noche ya había caído, pero el ambiente seguía lleno de esa energía especial entre ellas. Al entrar, Amelia no podía ocultar su sonrisa.

—Lynnie, ¿sabes? —dijo mientras se quitaba las zapatillas—. Ese tatuaje… ¡es increíble!

Lynn, todavía con la respiración agitada por el ejercicio, la miró de reojo mientras se dirigía a la cocina para buscar algo de agua.

—¿Qué tatuaje? —contestó con tono ligeramente sarcástico, como si no tuviera idea de lo que estaba hablando.

Amelia la siguió con la mirada y se sentó en el sofá, cruzando las piernas.

—Por favor, no te hagas la inocente. El tatuaje del costado. El mío.

Lynn se detuvo por un momento en la cocina, sintiendo el calor de la mirada de Amelia detrás de ella.

—Oh, ese tatuaje —dijo, girándose para mirarla con una ceja arqueada—. ¿Te molesta? ¿Te hace sentir especial o algo?

Amelia se rió y sacudió la cabeza.

—No, no me molesta. Me encanta. Pero lo que realmente me gusta… es que lo tengas.

Lynn dejó el vaso de agua sobre la mesa y caminó lentamente hacia Amelia.

—¿Y tú? —dijo mientras se recostaba a su lado, mirándola fijamente—. ¿Qué es lo que te gusta tanto?

Amelia, sin perder la sonrisa, le tomó las manos y las entrelazó con las suyas.

—Me gusta que sea mío. —Su voz sonaba dulce, casi como un susurro—. Que te hayas inspirado en mí.

Lynn soltó una pequeña risa, acariciando la mejilla de Amelia.

—No sé si fue solo en ti. Puede que solo quisiera algo bonito… en fin, es solo un tatuaje.

Amelia frunció el ceño, aunque su sonrisa seguía intacta.

—¡Por supuesto que fue solo para mí! No me importa si no lo admites. Lo sé, Lynnie.

Lynn se encogió de hombros con una sonrisa divertida, pero la cercanía y las palabras de Amelia la habían hecho sentir una calidez extraña. Se acercó a ella y le dio un pequeño beso en los labios.

—Bueno, si te hace feliz, lo haré, pero no quiero que hables tanto de eso.

Amelia soltó una risa suave, recostándose contra Lynn.

—No puedo evitarlo. Eres mía en todos los sentidos, ¿no?

Lynn se quedó un momento pensando en sus palabras, sintiendo el calor que emanaba de Amelia. Después de todo, no podía negar que estaba feliz de tenerla cerca.

—Princesa, yo no soy de nadie… —respondió, aunque su tono era juguetón.

Amelia se puso seria por un instante, pero luego sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa.

—Mmm, lo dudo. Eres mía, y ya me acostumbré a ti.

Lynn soltó un suspiro y se acomodó en la cama, tirándose sobre Amelia, que la recibió con los brazos abiertos.

—Ya veremos, bonita —dijo mientras la besaba con suavidad en los labios, llevando sus manos a la cintura de Amelia.

Amelia respondió al beso con intensidad, entrelazando sus brazos alrededor del cuello de Lynn.

—Nunca lo dudes —murmuró entre besos—. Nunca.

Se quedaron un largo rato abrazadas, besándose suavemente, como si el tiempo se hubiese detenido. La relación entre ellas había cambiado de formas que ni siquiera Lynn había anticipado, pero en ese momento, con Amelia cerca, no podía imaginarse un lugar mejor.

Después de un tiempo, se separaron con una sonrisa en sus rostros.

—Y… —dijo Amelia con una sonrisa traviesa—, no has dicho nada sobre mi tatuaje.

Lynn arqueó una ceja y le lanzó una mirada juguetona.

—¿Tu tatuaje? ¿Cuál?

Amelia la miró con ojos brillantes.

—¿En serio? —bromeó, llevándose una mano al costado—. El de la porrista. ¿No lo has visto?

Lynn se mordió el labio, intentando no reírse.

—Ah, ese tatuaje… Ya veremos si lo apruebo.

Amelia se acercó nuevamente y le dio un beso fugaz en los labios.

—No necesitas aprobar nada. Es mío, Lynnie. Lo sabes.

Lynn sonrió, acomodándose a su lado, y se quedó mirando el techo. En su cabeza, el pensamiento de Amelia se repetía una y otra vez. A pesar de los secretos y de su aversión inicial hacia ella, Lynn no podía negar lo feliz que se sentía al tener a Amelia cerca. Y ese tatuaje… aunque había sido su secreto, ahora estaba más que dispuesta a compartirlo.

Ambas se acurrucaron nuevamente en la cama, disfrutando de la tranquilidad de la noche. En algún rincón de su mente, Lynn sabía que el camino aún estaba lleno de sorpresas, pero no le importaba. Mientras estuviera con Amelia, nada más importaba.

Princesa, estoy contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora