La tarde había avanzado más rápido de lo que esperaban. Después de ese primer beso, Lynn y Amelia pasaron el rato juntas en silencio, sin la necesidad de hablar demasiado. No era incómodo, sino todo lo contrario, era como si finalmente hubieran cruzado una barrera invisible que había estado entre ellas durante tanto tiempo. Ambas se sentían más tranquilas, más conectadas, como si de alguna manera entendieran lo que estaba pasando sin tener que decirlo en voz alta.
Pero el reloj no se detiene para nadie, y Amelia sabía que pronto tendría que volver a casa.
—"Es tarde," —dijo Amelia, rompiendo la calma que se había asentado entre ellas. Su voz sonaba un poco melancólica, como si no quisiera que el momento terminara—. "Debería irme."
Lynn asintió lentamente, aunque no estaba lista para dejar que Amelia se fuera. Había algo en la forma en que el sol se estaba poniendo, en el brillo en los ojos de Amelia, que la hacía querer prolongar el momento un poco más.
—"Supongo que sí," —murmuró Lynn, con una sonrisa pequeña pero algo traviesa—. "Pero antes de que te vayas…"
Amelia la miró, levantando una ceja, claramente intrigada.
Sin decir más, Lynn se inclinó hacia ella y, antes de que Amelia pudiera reaccionar, le plantó un beso. Esta vez no fue tan suave ni tímido como el primero. Fue más seguro, más decidido, como si Lynn quisiera dejar en claro lo que sentía, aunque ni ella misma lo tenía del todo claro.
Amelia se quedó inmóvil por un momento, sorprendida. Pero lentamente, correspondió al beso, aunque seguía con ese mismo aire de incertidumbre. Cuando finalmente se separaron, ambas se miraron, un poco más sonrojadas, pero sin decir palabra.
—"Ahora sí, puedes irte," —bromeó Lynn, su tono intentando mantener la normalidad, aunque su corazón estaba latiendo a mil por hora.
Amelia soltó una pequeña risa nerviosa, todavía procesando lo que acababa de pasar. —"Nos vemos el lunes," —dijo en voz baja antes de recoger sus cosas y comenzar a bajar de la casa del árbol.
Lynn la observó hasta que desapareció entre los árboles, con una extraña mezcla de emociones agolpándose en su pecho. Se sentía confundida, pero también emocionada. No sabía exactamente qué significaba todo esto, pero estaba segura de una cosa: algo había cambiado, y no había vuelta atrás.
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El lunes por la mañana, la escuela parecía igual de caótica como siempre, pero para Lynn, todo parecía haber cambiado de alguna forma. Caminó hacia su casillero, tratando de actuar normal, como si no hubiera nada extraño en el aire. Pero su mente seguía repitiendo los momentos del sábado, recordando el beso, y el hecho de que había algo nuevo entre ella y Amelia.
Amelia llegó poco después, y aunque sus miradas se encontraron brevemente, ninguna de las dos hizo mención de lo ocurrido. Fue un momento incómodo, pero ambas lo manejaron como si fuera cualquier otro día. Se saludaron con un asentimiento de cabeza, como siempre lo hacían frente a sus amigos. Nadie en el grupo parecía notar nada fuera de lo común, y eso fue un alivio para ambas.
En la primera clase, se sentaron en sus lugares habituales. Lynn estaba distraída, jugueteando con su bolígrafo mientras intentaba concentrarse en lo que el profesor estaba diciendo, pero su mente seguía volviendo una y otra vez al fin de semana. No podía evitar echar miradas de reojo a Amelia, quien parecía estar en su propio mundo, anotando cosas en su cuaderno.
Durante el descanso, el grupo de amigos se reunió en la mesa del comedor. Margo y Kelly hablaban sobre los últimos chismes del colegio, mientras que Ivy y Shasha discutían sobre una tarea que habían dejado pendiente.
—"¿Todo bien contigo?" —preguntó Kelly, dirigiéndose a Lynn cuando la vio especialmente silenciosa.
—"Sí, todo bien," —respondió Lynn, aunque su voz no sonaba del todo convincente.
Amelia estaba sentada al otro lado de la mesa, también inusualmente callada. Era como si ambas estuvieran intentando mantener las cosas bajo control, sin llamar demasiado la atención.
Pero a pesar de los intentos por actuar como si nada hubiera pasado, había algo innegable entre ellas. Cada vez que sus miradas se cruzaban, ambas sabían que compartían un secreto, algo que no estaban listas para contarle a nadie más. Y mientras el día avanzaba, ese sentimiento no hizo más que intensificarse.
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Las clases pasaron sin muchos sobresaltos. Lynn intentaba concentrarse, pero la tensión en el aire era palpable. No era incómoda exactamente, pero sí nueva, diferente. En la última clase del día, mientras el profesor hablaba sobre ecuaciones complicadas, Lynn sintió una pequeña patada debajo de su escritorio. Sorprendida, bajó la mirada y vio que era Amelia quien la había pateado, con una pequeña sonrisa en su rostro.
Lynn respondió con una mirada sarcástica, pero no pudo evitar que una sonrisa traviesa se asomara en sus labios. Y así, el día transcurrió como si las cosas entre ellas estuvieran en equilibrio, aunque por dentro, ambas sabían que nada volvería a ser igual.
Al final del día, después de las clases, Lynn y Amelia salieron juntas del colegio, caminando lado a lado. El ambiente entre ellas era tranquilo, pero había una corriente de tensión que ambas intentaban ignorar. Amelia se giró hacia Lynn justo antes de despedirse.
—"¿Quieres venir a mi casa mañana?" —preguntó, tratando de sonar casual, aunque sus ojos revelaban algo más.
Lynn asintió, sin pensarlo demasiado. —"Claro, princesa. Será divertido."
Amelia rodó los ojos ante el apodo, pero sonrió de todos modos. Ambas sabían que, aunque las cosas entre ellas estaban cambiando, lo que fuera que estaba ocurriendo era algo que estaban dispuestas a explorar, incluso si no tenían todas las respuestas aún.
Y con ese pensamiento, se despidieron, sabiendo que lo que vendría sería diferente, pero emocionadas por descubrirlo juntas.
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Princesa, estoy contigo
Teen FictionQue pasa si la número 1 de su secundaria se enamora? no pasaría nada, si tan solo no fuera *Amelia Anderson*
