Una tarde en casa de lynn

296 16 1
                                        

El día comenzó como cualquier otro, pero había una cierta calma en el aire. Lynn y Amelia habían dejado atrás la rivalidad que solía marcar su relación, y aunque no podían participar en los entrenamientos por la reciente expulsión, eso no significaba que el día fuera aburrido. El resto del grupo de amigos no parecía estar demasiado preocupado por la falta de su presencia en la práctica, pero sabían que Lynn y Amelia tendrían que encontrar otra manera de pasar el tiempo mientras ellos sudaban en el campo.

Las clases transcurrieron con normalidad. Lynn, como de costumbre, no era de levantar la mano en clase, y se mantenía mayormente callada, excepto por los comentarios sarcásticos que hacía de vez en cuando, lo que siempre provocaba risas en sus amigos. Amelia, por otro lado, estaba más concentrada, aunque de vez en cuando intercambiaba miradas con Lynn, sabiendo que ambas estaban esperando que el día escolar terminara para poder escapar de las aulas.

Durante el almuerzo, el grupo se sentó en su lugar habitual. Sasha y Marco discutían sobre la estrategia para el próximo partido mientras Margo y Kelly hablaban sobre los exámenes que se acercaban.

—Va a ser raro entrenar sin ustedes dos —comentó Marco, mirando a Lynn y Amelia—. ¿Qué van a hacer mientras nos entrenamos?

Lynn se encogió de hombros, mirando a Amelia. —Tal vez vayamos a casa a hacer algo más productivo. Ya sabes, como no hacer nada.

—O cocinar otro pastel —agregó Amelia con una sonrisa cómplice.

—¡No otra vez! —exclamó Kelly entre risas—. No puedo creer que lo hicieron la última vez en lugar de trabajar en el proyecto.

—Prioridades, Kelly. Prioridades —respondió Lynn, sonriendo con sarcasmo.

Todos rieron, relajados con la ligereza de la conversación. Sabían que las tensiones entre Lynn y Amelia eran cosa del pasado, y ahora todo fluía mucho más fácil entre ellas. Aun así, el grupo no podía evitar bromear sobre su expulsión temporal de los entrenamientos.

---

Cuando la última campana del día sonó, Lynn y Amelia recogieron sus mochilas y se dirigieron juntas hacia la salida de la escuela. Sabían que no podían quedarse para el entrenamiento, lo que las dejaba con la tarde libre.

—¿Vamos a tu casa entonces? —preguntó Amelia mientras caminaban hacia la salida.

—Sí, no tengo mejor plan —respondió Lynn, acomodándose la mochila en un hombro—. Podríamos trabajar en ese proyecto o hacer algo más divertido. Tú decides.

Amelia sonrió. —Tendremos tiempo para ambas cosas, creo.

El camino hacia la casa de Lynn fue relajado, lleno de conversaciones ligeras sobre la escuela, el grupo de amigos, y el proyecto que aún tenían pendiente. Aunque sabían que debían trabajar en él, ninguna de las dos parecía estar apurada por empezar. Estaban disfrutando el tiempo juntas, algo que hace poco tiempo habría sido impensable.

---

Cuando llegaron a la casa de los Loud, el lugar estaba, como siempre, lleno de energía. Varias de las hermanas de Lynn andaban por ahí, cada una ocupada en sus propios asuntos. Al entrar, fueron recibidas por Luan, quien, como de costumbre, estaba probando nuevos chistes.

—¡Lynn! ¡Amelia! ¿Qué tal una broma rápida antes de que se acomoden? —dijo Luan, con una sonrisa de oreja a oreja.

Lynn puso los ojos en blanco, pero sonrió. —Adelante, Luan, haz lo tuyo.

—¿Por qué los futbolistas nunca van al espacio? —preguntó Luan, esperando la respuesta.

—¿Por qué? —respondió Amelia, intrigada.

—¡Porque tienen miedo de los lanzamientos! —dijo Luan, estallando en risas ante su propio chiste.

Lynn sacudió la cabeza con una sonrisa sarcástica. —Buen intento, Luan. Pero creo que prefiero quedarme en la Tierra.

Amelia rió mientras se quitaba la chaqueta. —A veces me pregunto cómo sobrevives a esto, Lynn.

—Es un entrenamiento mental constante —respondió Lynn, guiñándole un ojo.

Se dirigieron hacia la sala de estar, donde Lynn encendió la televisión y dejó caer su mochila en el sofá. Amelia se acomodó a su lado, observando el bullicio en la casa de los Loud. Era algo completamente distinto a la tranquilidad de su propia casa, pero le resultaba curioso estar en un ambiente tan animado.

—Entonces, ¿quieres empezar con el proyecto o seguimos procrastinando? —preguntó Lynn, sacando su cuaderno del bolso y hojeándolo sin mucho interés.

Amelia se echó hacia atrás en el sofá, suspirando. —Podríamos hacer un poco de ambos. Trabajamos en el proyecto un rato, y luego hacemos algo más divertido.

—Me gusta cómo piensas, "princesa" —dijo Lynn, sonriendo mientras sacaba su computadora.

Ambas comenzaron a trabajar, pero como siempre, su atención pronto se desvió hacia otras cosas. Después de unos treinta minutos de escribir, Lynn ya estaba lanzando comentarios sarcásticos sobre lo aburrido que era el tema del proyecto, lo que provocaba que Amelia riera entre dientes.

—¿Cómo es que seguimos sobreviviendo a estos proyectos sin matarnos? —preguntó Lynn, mirando la pantalla de la computadora con una mezcla de frustración y aburrimiento.

—Porque somos mucho más inteligentes de lo que creemos —respondió Amelia con una sonrisa—. Además, ¿qué sería de nuestras vidas sin un poco de caos?

—Sabias palabras, "princesa" —dijo Lynn, fingiendo ser pensativa.

Después de una hora de trabajo, ambas decidieron tomarse un descanso. Amelia fue a la cocina a buscar algo para picar, mientras Lynn se quedó en la sala, jugando con su teléfono.

Cuando Amelia regresó con una bandeja de galletas, Lynn la miró con una sonrisa de agradecimiento.

—Eres un genio —dijo Lynn, tomando una galleta—. No sé qué haría sin ti.

Amelia sonrió, sentándose a su lado. —Probablemente estarías muy aburrida y con hambre.

Ambas rieron y se quedaron allí, disfrutando de la tarde tranquila en la casa de los Loud. Mientras tanto, sus amigos estaban en el campo, entrenando bajo el sol de la tarde, pero Lynn y Amelia sabían que, aunque no podían estar con ellos por la expulsión, estaban disfrutando de un tipo diferente de entrenamiento: el de llevarse mejor, aprender más la una de la otra, y disfrutar de la compañía mutua.

---

El día terminó con la puesta de sol tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosas. Lynn y Amelia sabían que aún tenían mucho por hacer, pero por el momento, se permitieron relajarse. No había prisas, no había tensión, solo dos chicas que, después de todo, habían aprendido a dejar de lado sus diferencias y encontrar algo valioso en la amistad que habían construido.

Princesa, estoy contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora