Era un día frío pero claro, las primeras luces navideñas comenzaban a adornar las calles mientras el grupo de amigos se encontraba en el parque, sentados sobre el césped cubierto por las primeras hojas secas de la temporada. El aire estaba impregnado con el aroma a pino, y aunque faltaba una semana para Navidad, todos parecían ansiosos, como si el espíritu de la festividad ya estuviera flotando sobre ellos.
Lynn, como siempre, estaba en el centro de la conversación, haciendo un chiste mientras se recostaba hacia atrás, mirando las nubes. Amelia, sentada a su lado, sonreía, disfrutando de cada palabra que salía de su boca. Los demás se dispersaban entre las mantas y sillas, algunos bromeando, otros más pensativos.
—Entonces —dijo Marco, con una mirada astuta—, ¿ya todos tienen los regalos listos para la Navidad?
Kelly, que estaba tumbada en el césped con las manos detrás de la cabeza, miró al cielo con una sonrisa divertida.
—No estoy tan segura de que alguien sepa qué regalarme —dijo en tono de broma—. Pero si alguien tiene ideas, que me las pase, porque mi lista está en blanco.
—¡Yo sí sé qué regalarte! —exclamó Ivy, levantándose un poco para mirar a Kelly con una sonrisa traviesa—. Pero, ¿quieres que te lo diga o prefieres la sorpresa?
—¡Dímelo ya! —respondió Kelly, con los ojos brillando de emoción.
—Te lo diré cuando llegue el momento —dijo Ivy, guiñándole un ojo y recostándose de nuevo en la manta.
Lynn se rió, mirando a Amelia, quien se había acurrucado a su lado, su rostro lleno de curiosidad.
—¿Tú qué harás para mi regalo, princesa? —preguntó Lynn, su tono juguetón y lleno de cariño.
Amelia, al escuchar el apodo, sonrió con esa calma característica que siempre tenía.
—Eso es un secreto —respondió Amelia, mirando a Lynn con una mirada cómplice—. Y tú, ¿qué me vas a regalar?
Lynn se quedó pensativa por un momento, como si estuviera calculando algo.
—Te sorprenderé. —Dijo Lynn con una sonrisa traviesa. —Aunque, no sé si lo que voy a darte se puede considerar un regalo.
Amelia la miró con una ceja levantada, pero Lynn no continuó la conversación, como si quisiera mantener el misterio. En realidad, tenía en mente algo especial para Amelia, pero no podía dejar que lo descubriera tan fácil.
Marco, por otro lado, no podía quedarse callado por mucho tiempo. Miró a Jace con una sonrisa pícara y dijo:
—Estoy bastante seguro de lo que te voy a regalar, amigo. Algo que te guste... aunque tal vez no sea lo que esperas.
Jace lo miró con cara de confusión, pero luego entendió y soltó una risa nerviosa.
—No sé si me siento tranquilo con eso, pero bueno... —respondió Jace con una sonrisa incómoda, mirando de reojo a Marco.
—Sé que te va a gustar —insistió Marco—. Lo que te voy a regalar es algo que va a sorprenderte mucho.
—¿Ya no puedes aguantarlo más, eh? —dijo Ivy, mirando a Marco con una sonrisa burlona.
Lynn, que estaba observando todo con atención, miró a Amelia y se recostó sobre ella, sin poder evitar una sonrisa.
—¿Qué tal si hacemos un trato? —propuso Lynn de repente, mirando a todos los demás—. Vamos a dejar de hablar de los regalos por ahora, pero solo si todos prometen no revelar nada hasta el día de Navidad.
—¡Eso sería un buen plan! —dijo Margo, levantándose para unirse a la conversación—. Aún tengo que encontrar el regalo perfecto para algunos de ustedes.
—Ya saben, amigos, lo importante no son los regalos, sino lo que realmente significan, ¿no? —comentó Ivy, su tono reflexivo y tranquilo.
Lynn sonrió, sabiendo que aunque las bromas y las expectativas seguían siendo divertidas, todos entendían lo que realmente importaba: estar juntos. Sin embargo, aún había algo en ella que la hacía pensar en las sorpresas. Aún faltaba una semana para la Navidad, y aunque los regalos se volvían el tema de conversación, todos sabían que la verdadera magia estaba en los momentos que compartirían.
—Entonces —dijo Lynn, con un toque de sarcasmo y un guiño—, si todos guardan sus secretos, yo los respeto. Pero no puedo prometer que no se me escape algún detalle.
Amelia le dio un pequeño beso en la mejilla, sonriendo ampliamente.
—Nada de detalles, Lynnie. Quiero sorprenderme, ¿recuerdas?
—¡Oh, claro! No diré nada. —Lynn fingió estar ofendida, pero luego no pudo evitar soltar una risa.
La conversación continuó entre bromas y risas, mientras los chicos seguían proponiendo ideas sobre lo que podrían regalarse. Aunque el aire frío empezaba a calar, ninguno de ellos parecía querer dejar el parque, como si todos quisieran alargar ese momento. Una semana para Navidad, sí, pero para ellos, ya se sentía como si la festividad estuviera ahí mismo, tocándolos.
—Al final —dijo Jace, mientras miraba a Marco con una expresión divertida—, quiero ver si te vas a poner nervioso cuando te dé tu regalo.
—Lo que me vas a regalar no me va a poner nervioso, eso seguro —respondió Marco, con su típica actitud relajada, aunque Lynn notó la ligera tensión en su mirada.
—Ah, ya veré... —respondió Jace, con una sonrisa cómplice.
El sol ya comenzaba a ponerse, pintando el cielo de tonos anaranjados y morados. Todos se quedaron en silencio por un momento, disfrutando de la calma que traía la tarde. La Navidad estaba a la vuelta de la esquina, y aunque todos bromeaban, sabían que lo que realmente importaba era el tiempo que pasaban juntos.
Finalmente, después de un rato más de risas y bromas, se levantaron y comenzaron a irse, cada uno rumbo a su casa. Pero todos sabían que, sin importar los regalos que pudieran recibir, la verdadera alegría venía de estar con aquellos que más querían.
—Nos vemos en la Navidad, amigos —dijo Lynn, mirando a todos mientras caminaban hacia la salida del parque.
Y así, aunque aún faltaba una semana para la celebración, la magia de la Navidad ya estaba presente, no en los regalos, sino en los momentos compartidos, en las risas y en los pequeños gestos de cariño que se daban cada día.
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Princesa, estoy contigo
Teen FictionQue pasa si la número 1 de su secundaria se enamora? no pasaría nada, si tan solo no fuera *Amelia Anderson*
