El armario de la verdad

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Era un día soleado en la escuela, y el ambiente estaba lleno de risas y energía. Lynn Loud Jr. se movía entre sus amigos con una sonrisa en el rostro, pero en su mente estaba tramando una broma ligera para Amelia. Después de la conversación sincera que habían tenido recientemente, decidió que era hora de hacer algo divertido para aligerar el ambiente entre ellas. Sin embargo, no tenía idea de que esa pequeña broma podría llevarlas a una situación inesperada.

—Chicos, tengo una idea brillante —dijo Lynn mientras se sentaban en el patio durante el almuerzo. El grupo estaba compuesto por Margo, Jace, Kelly, Ivy y, por supuesto, Amelia—. ¿Qué les parece si hacemos una broma a Amelia?

Los amigos se miraron, intrigados.

—¿Qué tienes en mente? —preguntó Kelly, sonriendo—. Sabes que siempre es divertido cuando se trata de Amelia.

—Voy a esconder su mochila en el armario de limpieza. Luego, cuando ella se dé cuenta, le diré que la he visto caer en la sala de música —explicó Lynn, tratando de contener la risa.

Amelia, distraída hablando con Marco, no escuchó la conversación.

—Eso suena genial, pero no demasiado pesado —dijo Margo, con un poco de preocupación—. No quiero que se lo tome mal.

—No, será solo una broma amistosa —respondió Lynn, segura de su plan—. Ella se reirá de esto.

Cuando Amelia se fue al baño, Lynn puso en marcha su plan. Con la ayuda de sus amigos, se deslizaron hacia el armario de limpieza y escondieron la mochila detrás de unas cajas. Lynn no pudo evitar reírse mientras imaginaba la cara de Amelia cuando descubriera que había "perdido" su mochila.

Sin embargo, las cosas no salieron como Lynn esperaba. Mientras volvían a sus asientos, un grupo de estudiantes empujó accidentalmente la puerta del armario, cerrándola de golpe. En un instante, la risa de Lynn se apagó. El armario se quedó en completo silencio, y se dio cuenta de que ella y Amelia estaban atrapadas.

—¡Genial! —dijo Lynn, frunciendo el ceño—. Esto no era parte del plan.

Amelia, quien estaba a su lado, parecía tan confundida como molesta. —¿Qué hiciste, Lynn? ¿En serio?

Lynn se sintió culpable, pero al mismo tiempo, una parte de ella quería reír. —Lo siento. Esto fue un accidente.

Amelia respiró hondo y cruzó los brazos. —¿Así que ahora estamos atrapadas en un armario de limpieza por tu "broma"?

Lynn miró alrededor, tratando de encontrar alguna forma de abrir la puerta. No había manera. Ambas estaban encerradas y solas. La situación se volvió un poco incómoda.

—Supongo que esto es una oportunidad para hablar —dijo Lynn, intentando romper el hielo—. No podemos hacer mucho más que eso, ¿verdad?

Amelia se giró para mirarla. —Sí, claro, porque estar atrapadas en un armario de limpieza es el momento perfecto para compartir secretos.

Lynn se encogió de hombros. —¿Por qué no? A veces, las situaciones más incómodas pueden llevar a las mejores conversaciones.

Amelia suspiró, claramente aún frustrada, pero un destello de curiosidad brilló en sus ojos. —Está bien, ¿qué quieres saber?

Lynn pensó por un momento. —¿Recuerdas cuando éramos niñas y hicimos esa competencia de quién podía hacer más ruidos raros en el patio de recreo? Siempre te ganaba.

Amelia soltó una risa, y esa chispa de nostalgia alivió un poco la tensión. —¡Oh, sí! Te dejé ganar esa vez. No quería que te sintieras mal.

Lynn levantó una ceja, claramente escéptica. —¿De verdad? Nunca lo habría imaginado.

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