Cuerda floja

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Era una mañana típica en la escuela, pero para Lynn, todo parecía ir bien. Había estado emocionada por pasar otro día con Amelia, pero cuando llegó a la escuela, no pudo evitar sentir una extraña sensación de inquietud en el aire. Tras un par de clases donde la química entre ellas fue palpable, algo cambió. Lynn se dio cuenta de que su corazón se aceleraba al ver a Amelia, pero una pequeña sombra de inseguridad comenzó a asomarse.

Después del almuerzo, Lynn decidió que necesitaba un momento a solas para organizar sus pensamientos. Así que, al salir de la cafetería, le dijo a Amelia que iba al baño. En realidad, se dirigió a la biblioteca, pensando que un poco de tiempo a solas le ayudaría a procesar todo lo que sentía.

Mientras tanto, Amelia esperaba afuera de la biblioteca, revisando su teléfono. Al ver que pasaban los minutos y Lynn no salía, comenzó a preocuparse. Fue entonces cuando recibió una notificación que le hizo el corazón caer en su estómago. Era un mensaje anónimo de un número desconocido. Su mano tembló mientras abría la conversación.

La foto que se mostraba era impactante: Lynn estaba besándose con otra chica, y aunque la imagen era borrosa, Amelia reconoció inmediatamente a Lynn. Su mente comenzó a dar vueltas. ¿Por qué Lynn nunca le habló de esto? ¿Desde cuándo había comenzado algo con alguien más? Las preguntas y la confusión se arremolinaron en su cabeza.

Amelia no pudo evitar sentir un puñal de celos. Las risas y la alegría que había sentido por su amistad con Lynn se desvanecieron. Se levantó de su lugar y comenzó a buscar a Lynn por toda la escuela.

Finalmente, la encontró sentada sola en una de las mesas de la biblioteca, con un libro abierto frente a ella pero claramente sin leer. Amelia se acercó rápidamente, y la expresión de Lynn al verla fue de sorpresa.

—"Lynn, ¿qué está pasando?" —preguntó Amelia, tratando de mantener la calma, aunque su voz temblaba de indignación y dolor.

Lynn levantó la vista, su sonrisa se desvaneció al ver la seriedad en el rostro de Amelia. —"¿Qué pasa? Te estaba buscando."

—"Te vi con otra chica. ¿Qué significa eso?" —interrumpió Amelia, agitando su teléfono frente a Lynn para mostrarle el mensaje.

Lynn miró la pantalla y sus ojos se abrieron con incredulidad. —"¡Espera! Eso no es lo que parece," —comenzó, intentando explicarse, pero Amelia no le dio oportunidad.

—"¿Entonces qué es? Porque se ve muy claro en esta foto," —dijo Amelia, su voz ahora casi un susurro, pero cargada de dolor.

—"Amelia, por favor, déjame explicarte. Esa no soy yo... o, bueno, lo soy, pero fue un error. Esa chica era solo una amiga y..." —trató de aclarar, pero cada vez que Lynn intentaba hablar, Amelia la interrumpía.

—"¡No quiero escuchar tus excusas! ¿Desde cuándo te has estado besando con otra persona sin decírmelo? ¿Todo lo que tuvimos no significó nada?" —la frustración de Amelia era palpable, y Lynn sintió cómo su corazón se rompía por cada palabra que decía.

—"¡No! No es así, por favor, escucha," —dijo Lynn, sintiéndose impotente. Quería que Amelia supiera que no había nada más que una confusión, pero las palabras se atascaban en su garganta.

—"¿Sabes qué? No puedo hacer esto," —respondió Amelia, dando un paso atrás. Su expresión era una mezcla de tristeza y rabia. —"No puedo seguir con esto si no puedes ser honesta conmigo."

Sin poder soportar más, Amelia giró sobre sus talones y se marchó, dejando a Lynn en la biblioteca, paralizada por la confusión y la angustia. El murmullo del lugar la rodeaba, pero todo se desvaneció en el fondo de su mente. Se sentía como si el mundo se hubiera detenido.

Lynn se quedó sentada, sintiendo un nudo en su pecho. La imagen de Amelia marchándose era un eco en su mente. Había querido aclarar todo, pero ahora las palabras se le escapaban como agua entre los dedos. Se preguntó cómo una simple foto podía arruinar todo lo que habían construido.

Con el corazón pesado, decidió salir de la biblioteca y buscar a Amelia. Pero cuando llegó a la sala de clases, no la encontró. Se movió por los pasillos, llamando a su nombre, pero nadie parecía haberla visto. La incertidumbre la envolvía como una niebla pesada.

A medida que el día avanzaba, Lynn no pudo concentrarse en nada. Cada vez que miraba su teléfono, la ausencia de mensajes de Amelia era un recordatorio doloroso de que algo había cambiado entre ellas. La sensación de desesperación creció en su interior.

Finalmente, la última clase del día llegó a su fin, y todos comenzaron a salir. Lynn se dirigió a la salida, sintiendo una mezcla de ansiedad y tristeza. Justo cuando estaba a punto de salir, vio a Marco y Kelly hablando animadamente. Decidió acercarse a ellos con la esperanza de distraerse un poco.

—"Hey, Lynn. ¿Estás bien? Te vimos salir de la biblioteca, te veías... diferente," —dijo Marco, levantando una ceja.

Lynn suspiró, sintiendo que el peso de sus sentimientos la aplastaba. —"No, no estoy bien. Amelia y yo... tuvimos una pelea."

—"¿Por qué? ¿Fue por lo de anoche?" —preguntó Kelly, mostrando preocupación en su rostro.

Lynn asintió lentamente. —"Recibió un mensaje anónimo con una foto mía y otra chica... Ella no me dejó explicarle. Ahora creo que no quiere volver a hablarme."

—"Eso suena complicado. Pero tal vez deberías darle espacio," —sugirió Marco. —"Las cosas a veces se calman con el tiempo."

Lynn sintió que su corazón se hundía más. —"No quiero que se calmen. Quiero que hablemos. No puedo perderla. No después de lo que hemos compartido."

Mientras se dirigían a sus casas, Lynn no podía dejar de pensar en Amelia. Cada paso que daba era un recordatorio de que algo tan bello se había vuelto frágil. Se preguntó si la amistad que tenían podría sobrevivir a este malentendido.

Al llegar a casa, Lynn trató de distraerse con sus tareas y sus hermanas, pero su mente siempre volvía a la misma pregunta: ¿Qué pasaría con ella y Amelia? Las horas se arrastraron lentamente, y la noche cayó, envolviendo a Lynn en la incertidumbre.

Finalmente, se dejó caer sobre su cama, sintiendo el cansancio en sus huesos. Cerró los ojos, deseando que la mañana trajera consigo la oportunidad de enmendar las cosas con Amelia. Pero mientras las lágrimas caían, sabía que necesitaría ser valiente, enfrentar sus propios sentimientos y el dolor de la separación.

Se sumió en un sueño inquieto, con la esperanza de que el día siguiente les brindaría la oportunidad de reconciliarse y aclarar el malentendido. Todo lo que quería era volver a sentir la calidez de la sonrisa de Amelia, el abrazo que compartían, y la conexión que las unía.

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