Dosis de cariño

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La tarde en casa de Amelia había sido tranquila, y después de un largo día, ambas se acomodaron en el sofá, cada una sumergida en su propia burbuja de comodidad. Amelia estaba recostada sobre Lynn, disfrutando de la sensación de su brazo rodeándola. Lynn cerró los ojos, disfrutando de la paz del momento, mientras jugaba suavemente con los mechones de cabello de Amelia. La tarde estaba tan perfecta que casi parecía de ensueño, el tipo de día donde el tiempo se diluye y lo único que importa es estar con la persona a tu lado.

Amelia observó a Lynn por un momento, notando cómo sus ojos estaban cerrados y su respiración era pausada. Sonrió para sí misma mientras una pequeña idea comenzaba a formarse en su mente. Lentamente se levantó, con cuidado de no despertar a Lynn, y se dirigió a su habitación para buscar algunos productos de maquillaje que tenía guardados. Al regresar, Lynn abrió un ojo, mirándola con curiosidad.

“¿A dónde vas, princesa?” preguntó Lynn, todavía medio adormilada.

Amelia sonrió de forma traviesa y se sentó frente a ella con una pequeña bolsa en la mano. “Bueno, Lynnie, he decidido que es momento de hacerte una transformación. Algo… único, diría yo.”

Lynn frunció el ceño, levantándose un poco del sofá y mirándola con una mezcla de sorpresa y diversión. “¿Una qué? No creo que necesite una transformación, princesa. Me veo increíble así como estoy.”

Amelia rió y negó con la cabeza. “Oh, vamos. Solo será un cambio temporal. Prometo que no haré nada que no puedas quitarte después.” Le lanzó una sonrisa juguetona y se acercó más, abriendo su bolsita de maquillaje y mostrándole el arsenal de colores y pinceles que había traído.

“Está bien,” suspiró Lynn, aunque en el fondo le gustaba el entusiasmo de Amelia. “Pero nada de cosas brillantes, ¿ok?”

“Sin promesas,” dijo Amelia, conteniendo una risita mientras sacaba una paleta de sombras. Se sentó más cerca y levantó suavemente el rostro de Lynn para observar sus rasgos. “Tienes una piel increíble, ¿lo sabías?” murmuró, comenzando a aplicar un poco de sombra en los párpados de Lynn.

Lynn cerró los ojos, intentando no moverse demasiado. “Bueno, la heredé de mi mamá. Pero seguro no tanto como tú, princesa.”

Amelia sonrió ante el cumplido y siguió aplicando los productos con una precisión casi profesional. Poco a poco, el maquillaje iba transformando el rostro de Lynn, resaltando sus ojos y suavizando su expresión. Amelia trabajaba concentrada, aplicando un toque de rubor aquí, un poco de iluminador allá, y finalmente un tono de lápiz labial suave. Lynn sentía el suave roce de los pinceles y, aunque no quería admitirlo, le gustaba cómo Amelia ponía tanto cuidado en cada detalle.

Cuando terminó, Amelia dio un paso atrás, evaluando su obra con una sonrisa satisfecha. Lynn abrió los ojos lentamente y la miró, levantando una ceja.

“¿Terminaste?” preguntó, intentando mirarse en un reflejo cercano.

Amelia asintió, pero antes de mostrarle el resultado final, sacó una diadema con orejas de gato y la colocó suavemente sobre la cabeza de Lynn. “Ahora sí, mi obra está completa.”

“¿Diadema de gato? ¿En serio, Amelia?” Lynn la miró con incredulidad, aunque su expresión estaba cargada de diversión. Amelia se levantó y buscó un pequeño espejo de mano, mostrándoselo a Lynn.

Lynn se miró en el espejo, observando el maquillaje y la diadema. Al principio, se quedó sin palabras, mirando su reflejo con los ojos muy abiertos. Pero después de unos segundos, soltó una risa. “¡Pareces muy orgullosa de esta locura, princesa!”

“Más que orgullosa,” respondió Amelia. “Eres mi obra de arte.”

Lynn dejó el espejo a un lado y la miró, todavía sonriendo. “¿Entonces es así como te diviertes, transformándome en un gato elegante?”

Amelia asintió, riendo suavemente. “Eres la gata más linda que he visto.”

Ambas estallaron en risas, y Lynn la abrazó con fuerza, haciéndola caer de nuevo al sofá, donde comenzaron a jugar y bromear. Amelia le dio un pequeño beso en la mejilla, y Lynn, aún con la diadema y el maquillaje, le devolvió el beso. Era un momento tonto, pero perfecto, de esos que quedaban guardados en la memoria de ambas.

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Las dos pasaron el resto de la tarde en el sofá, compartiendo historias, riendo y tomándose algunas fotos para capturar el "nuevo look" de Lynn, aunque esta amenazó con eliminar todas las fotos después. Amelia se aseguraba de recordarle cada tanto que se veía adorable, y Lynn, aunque fingía molestia, no podía evitar sonreír cada vez que la escuchaba decirlo.

Cuando la tarde comenzó a caer y la luz del sol se filtraba suavemente a través de la ventana, Lynn tomó la mano de Amelia y se quedó mirándola en silencio, sintiendo que, de alguna manera, ese pequeño juego había hecho que el vínculo entre ellas fuera aún más fuerte.

“Gracias por… esto,” murmuró Lynn. “Creo que no lo olvidaré.”

“Ni yo,” susurró Amelia, entrelazando sus dedos con los de Lynn.

Era un recuerdo que ambas llevarían consigo, y mientras se quedaban en silencio, ambas sabían que cada momento a su lado se volvía, de alguna manera, inolvidable.

Princesa, estoy contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora