Entre proyectos y pasteles

270 17 0
                                        

El día comenzó como cualquier otro en la escuela. Lynn y Amelia habían dejado atrás cualquier tensión que las había separado antes, y el grupo de amigos notaba la diferencia en el ambiente. Mientras caminaban hacia su primera clase, Kelly, siempre la más curiosa, no tardó en hacer una pregunta.

—Entonces, ¿qué pasó con ustedes dos? —preguntó, mientras abría su casillero—. Hace un par de días parecían listas para matarse, y ahora... ¿están bien?

Lynn se encogió de hombros, mirando de reojo a Amelia. —Creo que solo necesitábamos... no sé, hablar. No es tan dramático.

Amelia asintió, sonriendo ligeramente. —Sí, resulta que dejar de bromear todo el tiempo ayuda. Aunque no te emociones, todavía estoy esperando la próxima broma de Lynn.

—Oh, vendrá. No te preocupes, "princesa" —dijo Lynn con una sonrisa sarcástica, usando ese apodo que se había convertido en una especie de broma entre ellas.

Todos en el grupo rieron, relajados de ver que las cosas estaban volviendo a la normalidad. Mientras caminaban hacia su primera clase, el ambiente era ligero, y las bromas entre ellos fluían con facilidad. Sasha comenzó a hablar sobre el partido de fútbol del fin de semana, emocionada por el enfrentamiento que tenían contra una de las escuelas más fuertes.

—Si ganamos este partido, nos aseguramos un lugar en las finales —dijo, mirando a Lynn con expectación—. Vas a estar al 100%, ¿verdad?

—Por supuesto —respondió Lynn, mientras guardaba su cuaderno—. Pero, aunque no lo parezca, también tengo que hacer un proyecto estúpido con Amelia. Así que puede que esté algo ocupada.

—¿Proyectos? —Marco se metió en la conversación, levantando una ceja—. ¿Desde cuándo hacen proyectos juntas? ¿No deberían estar entrenando?

Amelia soltó una risa ligera. —Eso pensamos, pero el destino decidió que debemos pasar más tiempo juntas.

—Ya sabes lo que dicen —añadió Lynn—, "lo que no te mata, te hace más fuerte". Y hasta ahora, ninguna de las dos ha muerto, así que vamos bien.

Entre risas, entraron a la clase de historia, donde el profesor ya había comenzado a escribir la lección del día en el pizarrón.

---

Durante la clase, Lynn y Amelia compartieron el mismo grupo de trabajo junto a Kelly e Ivy. Aunque el profesor les había pedido que discutieran el impacto de la revolución industrial, la conversación pronto derivó hacia otros temas.

—¿Sabían que van a abrir una nueva tienda de donas cerca del parque? —preguntó Ivy, con una expresión emocionada—. ¡Podríamos ir después del entrenamiento!

Kelly asintió con entusiasmo. —¡Sí! Escuché que tienen una dona de chocolate con chispas que es increíble.

—Me traen una —dijo Lynn, girándose para mirar a Amelia—. Si sobrevivo al proyecto de hoy, claro.

Amelia le devolvió la mirada con una sonrisa de complicidad. —Oh, seguro sobrevivirás. Después de todo, si puedes sobrevivir a mis bromas, esto será fácil.

La clase continuó con comentarios entre risas y bromas mientras el grupo trataba de concentrarse en la tarea. Cuando finalmente terminó, todos salieron al pasillo, comentando lo aburrido que había sido el tema.

—Si tengo que escuchar una palabra más sobre la revolución industrial, me voy a dormir en medio de clase —bromeó Lynn, mientras se dirigían hacia la cafetería.

---

El almuerzo fue igual de relajado. Lynn y Amelia compartieron una mesa con el resto del grupo, y aunque el tema del proyecto aún colgaba sobre sus cabezas, ninguna de las dos parecía estresarse demasiado por ello. De alguna manera, la reconciliación había hecho que la tensión desapareciera por completo.

—Entonces, ¿qué harás después de clases? —preguntó Marco, mordiendo su sándwich—. ¿Tienen entrenamiento o van a seguir con el proyecto?

Amelia y Lynn intercambiaron miradas antes de que Lynn respondiera.

—Nada de entrenamiento, el director nos expulso por un mes . Tenemos que ir a la casa de Amelia para terminar ese proyecto —dijo Lynn con una mueca de resignación.

—Y probablemente terminemos en la cocina en lugar de haciendo el trabajo —añadió Amelia, sonriendo.

Kelly rió, sacudiendo la cabeza. —Ustedes dos son un caso perdido.

---

Las horas pasaron rápidamente, y cuando la última campana sonó, Lynn y Amelia salieron juntas de la escuela, caminando hacia la casa de Amelia. El sol de la tarde iluminaba las calles, y el aire estaba fresco, lo que hacía el camino más agradable.

Cuando llegaron, la madre de Amelia las saludó con una sonrisa desde la cocina, como siempre.

—¡Hola, chicas! —dijo, limpiándose las manos en un paño—. ¿Van a trabajar en el proyecto?

—Eso intentaremos, mamá —respondió Amelia, dándole un beso en la mejilla antes de dirigirse a la sala de estar con Lynn.

Se instalaron en la mesa del comedor, sacando sus materiales para el proyecto. Durante los primeros veinte minutos, ambas intentaron concentrarse, pero la conversación fluía con tanta naturalidad que pronto se dieron cuenta de que estaban hablando más de cualquier cosa que del trabajo.

—Esto es un desastre —dijo Lynn, dejando caer su bolígrafo con un suspiro—. ¿Cómo se supone que vamos a terminar esto si seguimos hablando de... pasteles?

Amelia la miró con una sonrisa traviesa. —Bueno, hablando de pasteles... ¿qué tal si hacemos uno?

Lynn levantó una ceja, claramente interesada. —¿Hornear en lugar de hacer el proyecto? Me gusta cómo piensas.

Amelia se levantó de la mesa y se dirigió a la cocina. —Vamos. Mi mamá siempre tiene los ingredientes listos para cualquier ocasión.

Lynn la siguió, encantada con la idea de dejar de lado el proyecto por un rato. Mientras sacaban los ingredientes y preparaban la masa, las risas y bromas llenaban la cocina.

—No sabía que sabías cocinar, "princesa" —dijo Lynn, mientras mezclaba los ingredientes con entusiasmo.

—Hay muchas cosas que no sabes de mí, Loud —respondió Amelia, guiñándole un ojo.

El tiempo pasó rápidamente, y pronto el aroma dulce de los pasteles llenaba la casa. Cuando sacaron la bandeja del horno, las dos se miraron con satisfacción.

—No lo hicimos tan mal —dijo Amelia, sonriendo—. Creo que este es nuestro primer gran logro juntas.

Lynn asintió, mientras tomaba uno de los pasteles y lo mordía. —Y es probablemente lo más productivo que hemos hecho hoy.

Ambas rieron, y en ese momento, Lynn sintió que algo más había cambiado entre ellas. Ya no había tensión, ya no había rivalidad. Sólo dos chicas compartiendo un momento divertido, después de todo lo que habían pasado.

Sin decir nada, Amelia se acercó y le dio un abrazo a Lynn, algo que nunca antes había hecho. Al principio, Lynn se sorprendió, pero después de unos segundos, le devolvió el abrazo.

—¿Sabes? No eres tan mala, Amelia —dijo Lynn en voz baja, aún manteniendo el tono bromista.

—Tú tampoco, Lynn —respondió Amelia, sonriendo.

El abrazo se sintió como un cierre definitivo a toda la tensión que había existido entre ellas. Y aunque todavía les quedaba mucho por aprender la una de la otra, en ese momento, ambas sabían que habían dado un paso importante hacia una verdadera amistad.

Princesa, estoy contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora