Nuevos secretos

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La idea del tatuaje había quedado grabada en la mente de Lynn desde aquella tarde viendo a Lily jugar con Amelia. Cada vez que se distraía, su mente volvía a la misma imagen: un diseño que representara todo lo importante para ella, algo único, algo que llevara consigo para siempre. Sin embargo, no estaba lista para compartirlo con nadie, ni siquiera con Amelia. Era su pequeño secreto, una chispa de emoción que la hacía sonreír de manera inesperada durante los días que siguieron.

En la escuela, todo transcurría con normalidad. Lynn se esforzaba por mantener la compostura, aunque en más de una ocasión sus amigos notaron que parecía estar en otro mundo. En el almuerzo, por ejemplo, mientras los demás discutían sobre el próximo plan para salir, Lynn permanecía en silencio, trazando líneas imaginarias en su libreta.

—¿Qué tanto haces ahí, Lynnie? —preguntó Amelia, inclinándose sobre el hombro de Lynn con una sonrisa curiosa.
—Nada importante, princesa —respondió Lynn rápidamente, cerrando la libreta de golpe—. Solo garabatos.

Amelia la miró con una ceja arqueada, pero decidió no insistir. Sabía que cuando Lynn estaba lista para hablar, lo hacía sin rodeos, y no tenía sentido presionarla.

Mientras tanto, Kelly, Margo e Ivy parecían estar más interesadas en una acalorada discusión sobre quién era la persona más atlética del grupo.

—Digo que es Lynn —declaró Kelly, cruzando los brazos—. Esa chica podría correr una maratón y luego seguir haciendo flexiones.
—Pero yo puedo hacer tres backflips seguidos sin marearme —replicó Ivy, sonriendo con suficiencia.
—¿Y qué hay de mí? —intervino Margo—. Soy la única que puede aguantar las prácticas de porristas sin quejarme.

—¡Eso no cuenta! —respondieron Kelly e Ivy al unísono, causando una carcajada general.

Lynn, aunque estaba escuchando de fondo, no participó en la conversación. Su mente estaba ocupada en otra cosa: ¿qué diseño sería el adecuado? ¿Algo relacionado con su familia? ¿Con Amelia? ¿O tal vez algo que representara su amor por el deporte? No podía decidirse, y ese dilema la tenía absorta.

Después de la escuela

De regreso a casa, Amelia caminaba junto a Lynn, sosteniendo su mano mientras hablaban sobre su día. Amelia notó que Lynn estaba un poco más callada de lo usual, aunque no parecía molesta.

—¿Estás bien, Lynnie? —preguntó Amelia, apretando suavemente su mano.
—Sí, claro —respondió Lynn con una sonrisa, volviendo a enfocarse en Amelia—. Sólo estoy pensando en cosas... ya sabes, entrenamiento, planes, esas cosas.

Amelia sonrió con ternura, acostumbrada a las respuestas vagas de Lynn cuando algo le rondaba la cabeza.

—Bueno, si necesitas hablar de algo, estoy aquí, ¿vale? —le dijo, besándola en la mejilla antes de cambiar de tema a algo más ligero.

Mientras tanto, el secreto de Lynn seguía creciendo en su mente. Había pasado las noches anteriores buscando ideas y referencias en su teléfono, asegurándose de que nadie más viera. Incluso había empezado a dibujar posibles diseños en una libreta vieja que tenía escondida en su habitación.

Un par de días después, durante una tranquila tarde en casa, Lynn decidió hablar con un profesional para explorar sus opciones. Encontró un estudio de tatuajes cerca del centro de la ciudad y, después de pensarlo mucho, se armó de valor para enviar un mensaje preguntando por citas y consultas. Quería que todo saliera perfecto, pero también sabía que debía mantener el secreto hasta estar completamente segura.

Una tarde con Amelia y los chicos

Ese mismo día, Amelia llegó a casa de Lynn después de la escuela para pasar la tarde juntas. Sin embargo, la llegada inesperada de Kelly, Margo, Jace e Ivy cambió los planes iniciales.

—¡Ey, Lynn! —exclamó Jace, entrando como si la casa fuera suya—. Pensamos en pasar a ver qué hacías. ¿Qué tal una película o algo?
—¡Genial! Porque aquí tengo un par de ideas que quiero probar —añadió Kelly, sacando un par de cajas de juegos de mesa de su mochila.

Amelia rió al ver cómo el grupo llenaba la sala en cuestión de minutos, y Lynn no tuvo más opción que unirse a la diversión, aunque en el fondo seguía pensando en su tatuaje secreto.

Durante el juego, Amelia notó que Lynn miraba de reojo hacia la mesa donde tenía su libreta. No podía evitar preguntarse qué le estaba ocultando, pero decidió no presionarla. Por su parte, Lynn estaba agradecida de tener a Amelia cerca. Su presencia era suficiente para calmar los nervios que sentía al pensar en su decisión.

—¿Todo bien, princesa? —preguntó Lynn en voz baja mientras el resto discutía sobre quién iba ganando.
—Todo perfecto —respondió Amelia, apoyándose en el hombro de Lynn con una sonrisa—. Sólo disfrutando de verte relajada por una vez.

Lynn sonrió, aunque su mente estaba lejos de relajarse.

El dilema continúa

Esa noche, cuando todos se fueron, Lynn se quedó despierta mucho más tiempo del que debería. La idea del tatuaje no la dejaba en paz. Había reducido sus opciones a un par de diseños: uno que representaba a su familia y otro que simbolizaba su relación con Amelia. Cada uno tenía un significado especial, y decidirse era más difícil de lo que había imaginado.

—¿Por qué esto tiene que ser tan complicado? —murmuró para sí misma, dejando caer la cabeza sobre la almohada.

A pesar de las dudas, había algo que tenía claro: este tatuaje sería más que una marca en su piel. Sería un recordatorio de todo lo que amaba y valoraba, y eso la hacía sentirse emocionada, aunque también un poco nerviosa.

Por ahora, su plan seguía siendo un secreto, pero Lynn sabía que no faltaba mucho para que ese secreto se convirtiera en una realidad.

Princesa, estoy contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora