El día siguiente llegó con una sensación de pesadez en el aire, como si el caos de la noche anterior aún flotara sobre todos. Amelia, a pesar de su tobillo aún hinchado y adolorido, decidió ir a la escuela. No podía faltar más clases, especialmente porque estaba decidida a destacarse en su equipo de porristas. Con paso lento y cuidadoso, entró al edificio, deseando que el día fuera lo más normal posible.
Pero, al pasar por el pasillo, Amelia no pudo evitar notar que algo no estaba bien. Lynn, Marco y Jace caminaban con el andar de aquellos que acababan de sobrevivir a una guerra. Sus rostros, visiblemente agotados, y la manera en que trataban de mantenerse en pie, les daban una apariencia de haber sido atropellados por un camión. A pesar de sus esfuerzos por parecer normales, la resaca era obvia.
—¿Están bien? —preguntó Amelia con una sonrisa divertida, acercándose al grupo mientras cojeaba levemente debido a su tobillo.
Lynn levantó la mirada, sus ojos rojos y entrecerrados.
—¿Bien? Eso sería un milagro —dijo Lynn, con su voz aún ronca—. Siento que me pasó una apisonadora por encima.
Amelia no pudo evitar reírse un poco. Lynn, siempre tan sarcástica, hacía que incluso una resaca de campeonato sonara como un chiste.
—No te vi tan mal anoche —bromeó Amelia, recordando lo que había sucedido la noche anterior.
—Yo diría que esa era la idea —respondió Lynn, con una risa débil—. Pero mira a Marco y Jace, ellos están mucho peor que yo.
Marco, que caminaba con dificultad, levantó una mano débilmente, como si quisiera saludar.
—Hola… —dijo con voz grave—. Creo que ya no puedo sentir la mitad de mi cara.
Jace, en su típica actitud despreocupada, apenas pudo levantar la cabeza. Sus ojos se veían apagados, y su paso tambaleante sugería que el vino no le había hecho ningún favor.
—¿Alguien puede recordarme por qué hice eso? —murmuró Jace, mirando al suelo como si esperara que la respuesta cayera del cielo.
Amelia no pudo contener la risa. Mirando a sus amigos, se dio cuenta de lo mucho que se habían divertido a pesar de la resaca.
—Oye, creo que podrías haberlo evitado —bromeó Amelia, mirando a Lynn con complicidad—. Ya sabes, tú fuiste la que insistió en más copas de vino.
—No es mi culpa si el pastel estaba tan bueno que lo necesitaba —respondió Lynn, con una sonrisa pícara.
Marco hizo una mueca, claramente sintiendo las consecuencias de esa misma noche.
—No se puede confiar en una fiesta que tiene pastel de chocolate. Ni modo… —Marco suspiró—. Eso fue un error. Pero estuvo divertido, ¿no?
Amelia asintió con la cabeza, todavía con una sonrisa en su rostro. Aunque sus amigos estaban en su peor momento, la noche había sido épica.
—No te preocupes, amigo. Lo mejor es que sobrevivimos —dijo Amelia, dirigiéndose a Jace, mientras los otros amigos se reían suavemente.
Kelly, que había estado observando la escena desde lejos, se acercó a ellos, sonriendo como siempre.
—¿Y qué tal si grabamos un video de todo esto para asegurarnos de que no olviden lo que hicieron? —dijo Kelly, con tono travieso.
—¡Ni lo sueñes! —exclamó Jace, levantando una mano para detener cualquier intento de grabar.— ¡No quiero pruebas de que fui el más borracho de todos!
La conversación continuó entre risas, aunque el ambiente estaba claramente marcado por la resaca de los chicos. Pronto, el timbre de la escuela sonó, y el día escolar comenzó de manera inevitable. Sin embargo, las carcajadas de la noche anterior parecían seguir reverberando en los pasillos.
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Princesa, estoy contigo
Novela JuvenilQue pasa si la número 1 de su secundaria se enamora? no pasaría nada, si tan solo no fuera *Amelia Anderson*
