El sol de la tarde bañaba los pasillos de la escuela con un cálido resplandor, y la emoción estaba en el aire. Jace había tomado finalmente la decisión: hoy sería el día en que le confesaría sus sentimientos a Marco. Con el apoyo de sus amigos, el plan estaba en marcha, y aunque el nerviosismo lo carcomía por dentro, una mezcla de emoción y temor lo mantenía firme.
Todos se reunieron en el parque después de clases, esperando la llegada de Marco. Lynn, Amelia, Kelly, Margo e Ivy estaban ahí, junto a Jace, dándole los últimos ánimos antes del gran momento.
—Vamos, Jace, tú puedes —dijo Lynn, dándole una palmada en la espalda—. Si Marco te dice que no, yo personalmente lo convenzo a patadas.
—Lynn... —rió Jace, aunque se notaba que estaba tenso—. Creo que no es necesario llegar a eso.
—Es broma... más o menos —respondió Lynn con una sonrisa socarrona, lo que arrancó risas de los demás.
Amelia, que estaba sentada al lado de Lynn, le dio un codazo suave.
—Lynnie, no asustes a Jace. Ya está lo suficientemente nervioso.
—Está bien, princesa, solo intento aligerar el ambiente —respondió Lynn con un guiño, ganándose una pequeña sonrisa de Amelia.
Cuando Marco llegó, todos hicieron un esfuerzo por disimular, aunque sus miradas los delataban. Jace tomó aire profundamente y se acercó a Marco con pasos decididos.
—¿Podemos hablar un momento? —le dijo Jace, su voz algo temblorosa pero llena de determinación.
Marco lo miró, un poco desconcertado, pero asintió con una sonrisa.
Los amigos se quedaron a cierta distancia, fingiendo no mirar mientras Jace llevaba a Marco a un rincón más privado del parque. El grupo murmuraba entre risitas y susurros, aunque Margo trataba de mantenerlos bajo control.
—¡Chicos, no se pasen! —susurró Margo, aunque también estaba ansiosa por saber qué pasaría.
Desde lejos, vieron a Jace hablar, gesticulando nerviosamente, mientras Marco lo escuchaba atentamente. Hubo un momento de silencio, y luego, de repente, Marco sonrió ampliamente y abrazó a Jace.
—¡Dijo que sí! —gritó Jace, volviendo hacia ellos con Marco a su lado, las mejillas de ambos encendidas.
El grupo estalló en vítores y aplausos, rodeando a la nueva pareja con abrazos y felicitaciones. Lynn fue la primera en levantar a Jace del suelo en un efusivo abrazo.
—¡Te dije que lo lograrías! —exclamó Lynn, riendo—. ¿Y qué te dije de convencerlo a patadas? Ni fue necesario.
—Gracias, chicos... en serio —dijo Jace, emocionado—. No lo habría hecho sin su apoyo.
Amelia, con una sonrisa cálida, se acercó a Marco.
—Te encomendamos a Jace. Cuídalo bien, ¿de acuerdo?
Marco asintió, aún con las mejillas rojas.
—Lo haré, lo prometo.
Con el ambiente lleno de alegría, decidieron que la mejor manera de celebrar era pasar la tarde juntos en casa de Lynn. Era el lugar ideal: amplio, cómodo y, sobre todo, lleno de buena vibra.
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La celebración en casa de Lynn
Cuando llegaron, Rita, la madre de Lynn, los recibió con una sonrisa, acostumbrada ya a las reuniones del grupo.
—¿Otra vez todos juntos? —preguntó Rita, divertida.
—Es una ocasión especial, mamá. Jace y Marco ahora son oficialmente pareja —anunció Lynn con orgullo.
—¡Felicidades, chicos! —dijo Rita, mientras se retiraba al comedor para darles espacio—. Si necesitan algo, avísenme.
El grupo se instaló en la sala, donde las conversaciones, las bromas y las risas llenaron el ambiente. Lily, que estaba jugando en el suelo con sus muñecos, pronto atrajo la atención de Amelia, quien se agachó para acompañarla.
—¿Qué haces, Lily? —preguntó Amelia, observando cómo la pequeña organizaba una especie de desfile improvisado con sus muñecos.
—Estoy jugando a que van a una fiesta —respondió Lily con una sonrisa—. ¿Quieres ayudarme?
Amelia aceptó encantada, y pronto ambas estaban sumergidas en el juego. Lynn, que observaba desde el sofá, no pudo evitar quedarse embelesada. Ver a Amelia interactuar con Lily de una manera tan natural y dulce hacía que algo en su interior se agitara.
"Es perfecta", pensó Lynn, dejando escapar un suspiro.
Mientras tanto, Kelly, Margo e Ivy se habían reunido en la cocina para preparar algunos bocadillos, mientras Jace y Marco seguían compartiendo miradas cómplices en el sofá. La alegría del momento era contagiosa, pero Lynn tenía algo más rondándole la mente.
La imagen de Amelia con Lily había despertado una chispa de inspiración en ella. Desde hace tiempo había considerado hacerse más tatuajes, pero ahora la idea estaba más clara: quería algo que representara a las personas que más le importaban, algo que simbolizara a su familia, a sus amigos y, por supuesto, a Amelia. Aunque no mencionó nada, su mente ya estaba trabajando en los detalles.
—¿Lynnie? —la voz de Amelia la sacó de sus pensamientos.
—¿Sí, princesa? —respondió Lynn, acercándose a donde estaban Amelia y Lily.
—Lily quiere que te unas al desfile de muñecos —dijo Amelia con una sonrisa divertida, mientras Lily asentía emocionada.
Lynn fingió dudar por un momento, pero luego se sentó en el suelo con ellas, haciendo que Lily estallara en risas.
—Está bien, pero solo si yo soy la reina del desfile —bromeó Lynn, tomando un muñeco y poniéndolo en fila.
La tarde continuó con ese ambiente relajado y lleno de alegría. Después de jugar, el grupo se reunió nuevamente en la sala, donde compartieron historias, bromas y planes para los próximos días. Lily, agotada por toda la diversión, comenzó a quedarse dormida en el regazo de Lynn, quien la acunó con cuidado.
—Creo que es hora de que la pequeña reina descanse —murmuró Amelia, acariciando suavemente el cabello de Lily.
Lynn asintió, llevando a su hermana menor a su habitación. Cuando regresó, encontró a sus amigos organizando una partida de cartas en la mesa del comedor.
—¿Qué apostamos? —preguntó Lynn, tomando asiento.
—Tu dignidad —bromeó Jace, provocando risas en el grupo.
La noche continuó con juegos, risas y, sobre todo, una sensación de unión que hacía que cada momento fuera especial. Aunque Lynn no dijo nada, no podía dejar de pensar en lo afortunada que era de tener a ese grupo en su vida y de contar con una novia como Amelia.
Mientras todos se despedían al final de la noche, Lynn se quedó mirando a Amelia con una sonrisa traviesa.
—Gracias por ser parte de esto, princesa —dijo, tomándola de la mano.
—Siempre lo seré, Lynnie —respondió Amelia, apoyando su cabeza en el hombro de Lynn mientras ambas observaban cómo la noche se volvía más tranquila.
-Te vez bien con Lily, princesa. Estoy empezando a pensar que deberíamos tener una como ella.
Amelia le dio un ligero golpe en el pecho, aunque sonrió con timidez.
—Cálmate, Loud. Apenas estamos en la escuela.
—Solo digo, te ves bien en el papel —bromeó Lynn
Lynn sonrió, besándola suavemente.
—Sabes, Amelia, cada día me haces querer ser mejor. No sé qué haría sin ti.
—Lo mismo digo, Loud. Aunque seguro harías algo loco como siempre.
Ambas rieron suavemente, disfrutando del momento. La noche era tranquila, y aunque las preocupaciones del mundo aún estaban ahí, en ese instante, todo estaba bien.
En ese momento, Lynn decidió que pronto daría el siguiente paso en su idea de los tatuajes. Quería algo que representara todo lo que habían vivido juntos, y ahora sabía exactamente cómo hacerlo.
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Princesa, estoy contigo
Fiksi RemajaQue pasa si la número 1 de su secundaria se enamora? no pasaría nada, si tan solo no fuera *Amelia Anderson*
