Solo faltaban dos días para Navidad, y la emoción estaba a flor de piel. El aire frío de la tarde parecía traer consigo un sentimiento de calidez y anticipación. Lynn y Amelia, junto con el resto de sus amigos, habían decidido pasar la Navidad en un lugar especial: la casa del árbol, ese refugio que todos compartían y que se había convertido en su pequeño santuario, lejos de todo el bullicio de la ciudad.
Todos se reunieron en el parque, cerca del árbol donde se encontraba la famosa casa, y la emoción estaba a flor de piel. Nadie había visto nunca un árbol tan impresionante como el que los rodeaba, y menos aún una casa del árbol tan acogedora, decorada con recuerdos de todas las aventuras que habían vivido juntos. El lugar estaba lleno de luces y adornos, y ya se podía sentir el espíritu navideño envolviendo el ambiente.
—¡Este año lo haremos más grande que nunca! —dijo Kelly, con una sonrisa traviesa mientras miraba las cajas llenas de adornos que había traído.
—¡Ya basta de hablar! ¡Hay que ponernos manos a la obra! —exclamó Ivy, sacando unas guirnaldas y pasándoselas a Lynn, quien parecía más interesada en estar cerca de Amelia que en empezar a decorar.
Amelia, que siempre mantenía su calma, sonrió al ver a todos tan emocionados. Se acercó a Lynn y le dio un suave beso en la mejilla.
—Vamos, princesa, ¡a decorar! —dijo en tono juguetón, casi burlándose de la pereza de Lynn.
—No sé si quiero hacer todo el trabajo... —respondió Lynn, sonriendo de vuelta. —Pero si me haces compañía, puedo intentarlo.
Marco, que ya había comenzado a colgar algunas luces en el árbol, miró hacia el grupo y levantó una ceja.
—¡No hagas trampas, Lynn! ¡Vas a tener que ayudar igual!
Lynn soltó una risa, sabiendo que no podía evitarlo. Jace, siempre el bromista del grupo, estaba en lo suyo, poniendo adornos por todo el lugar y asegurándose de que cada rincón de la casa del árbol estuviera decorado de la manera más exagerada posible.
—¿Tienes miedo de que tus habilidades de decoración se vean cuestionadas? —le preguntó Jace a Lynn, levantando una bombilla en el aire.
—¡Claro que no! —contestó Lynn, con su típico sarcasmo—. Simplemente me gusta dejar todo en manos de los expertos.
Pero Amelia, divertida por la actitud de Lynn, la tomó de la mano y la condujo hacia las cajas llenas de adornos.
—Vamos, Lynnie, trabajemos juntas. —dijo Amelia con una mirada que mostraba lo mucho que disfrutaba de esos pequeños momentos compartidos.
Mientras tanto, Margo y Kelly estaban en el lado opuesto de la casa del árbol, discutiendo sobre qué tipo de decoración poner en la ventana. Entre risas y bromas, rápidamente se dieron cuenta de que estaban más interesados en crear algo único que en seguir las reglas de la tradición.
—Este lugar se va a ver increíble —dijo Margo, mirando su trabajo mientras le daba una vuelta a la guirnalda que estaba colocando. —Creo que este año podemos hacer algo diferente.
—¡Nada de lo común! —añadió Kelly, riendo. —Este año se viene con todo.
Ivy, que era la más organizada de todos, comenzó a coordinar todo el proceso. Les dio a todos pequeñas tareas, asegurándose de que todo se hiciera de manera eficiente.
—Vamos a hacerlo todo bien, pero también vamos a divertirnos. —dijo Ivy con una sonrisa de satisfacción.
Con la ayuda de todos, la casa del árbol fue tomando forma rápidamente. Lynn y Amelia se encargaron de colocar algunas de las luces, mientras Marco y Jace empezaron a montar una pequeña estrella en lo más alto del árbol. La atmósfera estaba llena de risas y buenos momentos, con todo el grupo disfrutando de la compañía y de las bromas que no paraban de circular.
Lynn, mientras colgaba una serie de luces, no pudo evitar mirar a Amelia de vez en cuando, sonriendo con ternura al ver cómo se concentraba en colocar cada detalle con precisión. A pesar de todo el ajetreo, la cercanía de Amelia la hacía sentirse tranquila, y la Navidad empezaba a sentirse aún más especial de lo que ya era.
—¿Qué opinas? —le preguntó Lynn, señalando el lugar donde había colocado algunas decoraciones.
Amelia sonrió y la miró con una mirada llena de cariño.
—Está perfecto. —respondió con suavidad.
Los chicos continuaron con su tarea mientras las chicas decoraban la parte interior de la casa del árbol. El lugar se estaba llenando rápidamente de adornos, luces brillantes y pequeños detalles que hacían que todo pareciera sacado de un cuento de Navidad.
—¡Esto va a ser épico! —dijo Jace con entusiasmo mientras terminaba de colgar la última de las luces. —Va a ser una Navidad que ninguno de nosotros olvidará.
—¡Tienes razón! —contestó Kelly. —Este año será inolvidable.
Finalmente, después de horas de trabajo y risas, la casa del árbol quedó decorada con tanto esmero que parecía salida de un sueño. Las luces titilaban suavemente, creando una atmósfera cálida y acogedora. Lynn, Amelia, y los demás se sentaron alrededor de la chimenea improvisada, admirando el resultado.
—Este lugar es perfecto —dijo Lynn, recostándose sobre Amelia, quien la abrazó con ternura.
—Y lo hicimos juntos —añadió Amelia, sonriendo mientras acariciaba el cabello de Lynn.
El grupo se quedó allí, bajo el techo de su casa del árbol, mirando las luces que iluminaban el lugar, sintiendo la calidez de la Navidad en sus corazones. Aunque aún faltaba una semana para la Navidad, ese momento juntos ya era un regalo en sí mismo.
En ese instante, todos supieron que este sería uno de los recuerdos más hermosos de sus vidas, uno que perduraría mucho después de que los regalos se abrieran y la Navidad pasara.
(por cierto, actualizare corazones en el campo, hasta terminar esta historia, para que no crean que la tengo olvidada aksjdjsks)
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Princesa, estoy contigo
Ficção AdolescenteQue pasa si la número 1 de su secundaria se enamora? no pasaría nada, si tan solo no fuera *Amelia Anderson*
