La luz de la mañana comenzaba a filtrarse por la ventana, llenando la habitación con un brillo suave que hizo que Lynn entrecerrara los ojos. La pijamada había sido increíblemente divertida, y aunque no había podido dormir mucho, se sentía bien. Miró a su lado y vio a Amelia, que aún estaba profundamente dormida, con su cabello desordenado cubriendo parte de su rostro. En un momento de impulsividad, Lynn decidió aprovechar la oportunidad y tomó una foto con su teléfono, riéndose en silencio por lo adorable que se veía.
—“Eres demasiado linda para ser la princesa que siempre digo que eres,” —murmuró Lynn en voz baja, tratando de no despertarla.
Amelia se movió ligeramente y se tapó la cara con una almohada, lo que hizo que Lynn riera un poco más. Se levantó de la cama y se dirigió a la cocina para preparar un desayuno. Cuando llegó, su madre ya estaba preparando algo.
—“Buenos días, Lynn. ¿Cómo te fue anoche?” —preguntó su madre con una sonrisa, mientras mezclaba ingredientes en un tazón.
—“Estuvo genial, solo un montón de películas y comida,” —respondió Lynn, tratando de ocultar que, en realidad, había sido más que eso. Había compartido una conexión especial con Amelia que todavía la sorprendía.
Mientras tanto, en la habitación, Amelia despertó sintiendo el aroma del desayuno. Se estiró y se sentó, frotándose los ojos antes de mirar a su alrededor. Su mirada se detuvo en la cama desordenada, recordando los momentos divertidos de la noche anterior. A medida que se levantaba, su mente comenzó a repasar las conversaciones que habían tenido y cómo, por primera vez, se había sentido completamente a gusto con Lynn.
Bajó las escaleras y se encontró con Lynn y su madre en la cocina.
—“¡Buenos días, Amelia! ¡Espero que tengas hambre!” —dijo la madre de Lynn, mientras le ofrecía un plato con panqueques recién hechos.
—“¡Claro! ¡Huele delicioso!” —respondió Amelia, con una sonrisa brillante en su rostro.
Mientras compartían el desayuno, la conversación fluía de manera natural. Lynn y Amelia hablaban sobre sus películas favoritas, bromeaban sobre sus personajes preferidos y compartían historias de su infancia.
—“Recuerdo cuando traté de hacer un truco de magia en el jardín y terminé tirando el sombrero de mi abuelo al río,” —dijo Lynn riendo, mientras recordaba el momento.
—“¡Oh! Yo hice algo similar! Intenté hacer una poción mágica y acabé derramando todo en el perro de mi vecino. ¡No sabía si reír o llorar!” —respondió Amelia, haciendo que ambas rieran aún más.
Después de un rato de risas y recuerdos, se despidieron de la madre de Lynn y decidieron salir a dar un paseo. El sol brillaba y el aire fresco de la mañana les dio la energía necesaria para comenzar el día.
Mientras caminaban, Lynn sintió que la tensión que había entre ellas se desvanecía. Era un momento diferente, lleno de tranquilidad y amistad. No había más rencores ni rivalidades, solo la risa y la compañía de una amiga que estaba empezando a significar mucho más para ella.
—“¿Qué tal si vamos al parque y hacemos un picnic? Puedo traer algunas cosas de la nevera,” —sugirió Amelia.
—“¡Eso suena genial! Además, podemos llevar los anillos de papel que empezamos a hacer en la pijamada,” —dijo Lynn, emocionada por la idea.
Ambas decidieron regresar a casa de Lynn para preparar lo que necesitarían. Lynn buscó en la nevera y empezó a juntar todo: frutas, galletas, jugos y, por supuesto, los anillos de papel que habían comenzado.
En un abrir y cerrar de ojos, estaban listas y se dirigieron al parque. Al llegar, eligieron un lugar bajo un gran árbol donde podían extender la manta y disfrutar de su comida.
—“Esto es perfecto,” —dijo Lynn mientras se sentaba en la manta y miraba a su alrededor, disfrutando del aire fresco.
—“Sí, lo es,” —respondió Amelia mientras sacaba la comida y la organizaba.
Después de un rato de comer y compartir historias, comenzaron a hablar sobre la escuela y sus amigos. Lynn le contó a Amelia sobre lo que había pasado en el entrenamiento de fútbol y cómo habían logrado volver a ser amigas.
—“Es increíble cómo todo cambió entre nosotras. Me alegra que ya no haya tensión,” —dijo Amelia, mirándola a los ojos.
—“Yo también. Pensé que nunca podríamos volver a estar así. Pero, honestamente, me gusta mucho más esta parte de nuestra relación,” —Lynn sonrió, sintiendo que había una conexión más profunda entre ellas.
A medida que el sol comenzaba a descender, decidieron hacer una pausa en la conversación y se dedicaron a hacer los anillos de papel. Rieron mientras intentaban seguir las instrucciones que habían encontrado en un video de internet. Las manos de ambas estaban llenas de colores y papel, y cada anillo que hacían se convertía en un pequeño logro que celebraban.
—“Mira, ¡he creado una cadena de anillos! ¡Soy una experta!” —exclamó Lynn, sosteniendo orgullosamente su creación.
—“¡Eso es increíble! Pero no olvides que también tengo algunos muy buenos,” —dijo Amelia, mostrando su propia cadena, que aunque no era perfecta, tenía su encanto.
Después de varias risas y un poco de competencia amistosa, la tarde llegó a su fin. Ambas se sentaron juntas, agotadas pero contentas, mirando hacia el horizonte mientras el sol se ocultaba.
—“Sabes, Amelia, estoy realmente feliz de que hayamos hecho esto. Nunca pensé que podría tener una amistad así contigo,” —Lynn dijo, sintiendo una calidez en su pecho.
—“Yo también lo estoy, Lynn. Gracias por ser tan genial y por hacer que todo esto sea divertido,” —respondió Amelia, sonriendo sinceramente.
Se quedaron en silencio por un momento, disfrutando de la compañía de la otra. Luego, sin pensarlo demasiado, Lynn se inclinó un poco hacia Amelia y la abrazó suavemente. Fue un gesto tierno y sincero, una manera de sellar su nueva amistad. Para su sorpresa, Amelia respondió al abrazo, acurrucándose un poco más contra ella.
—“Esto es agradable,” —murmuró Lynn, sintiendo que este momento era algo que quería recordar.
—“Sí, lo es. Deberíamos hacerlo más a menudo,” —dijo Amelia con una sonrisa.
Con el cielo pintado de tonos anaranjados y morados, ambas sabían que el día había sido especial. Se sentaron ahí, disfrutando de la tranquilidad de su nuevo vínculo, sintiendo que cada momento juntas las acercaba un poco más. No sabían qué les depararía el futuro, pero por ahora, estaban felices de simplemente estar ahí, juntas.
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Princesa, estoy contigo
Novela JuvenilQue pasa si la número 1 de su secundaria se enamora? no pasaría nada, si tan solo no fuera *Amelia Anderson*
