Anillos de papel

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Después de haber pasado un buen rato en la casa de los Loud, Lynn y Amelia se encontraban sentadas en la mesa de la cocina, ambas algo aburridas después de terminar sus galletas. A pesar de haber trabajado en el proyecto, no tenían mucha energía para seguir, así que Amelia, siempre tranquila pero creativa, tuvo una idea que parecía sacada de los recuerdos de su infancia.

—Oye, ¿recuerdas cuando hacíamos anillos de papel en primaria? —preguntó Amelia de repente, mirando a Lynn con una sonrisa nostálgica.

Lynn arqueó una ceja, mirando a Amelia como si le acabara de proponer algo ridículo. —¿Anillos de papel? ¿Quién hace eso a nuestra edad?

Amelia se encogió de hombros, divertida. —¿Qué, no puedes con algo tan simple? Pensé que eras más competitiva, "princesa".

Lynn sonrió ante el apodo que usualmente usaba para Amelia, pero en esta ocasión le tocó a ella ser la "princesa". No podía resistirse a una broma y, mucho menos, a un reto. Sacó una hoja de papel de su cuaderno, la rompió en pedazos, y empezó a doblarla rápidamente.

—Vale, reto aceptado. A ver quién hace el mejor anillo. —dijo Lynn, sonriendo con ese aire de competitividad que siempre la caracterizaba.

Amelia no perdió el tiempo. Cogió otra hoja de papel y comenzó a doblarla con cuidado, mucho más detallada que Lynn, quien ya estaba usando su usual estilo de "hacerlo rápido y ver qué pasa". En menos de dos minutos, ambas tenían dos anillos hechos. El de Lynn era grande, con los bordes desiguales, pero tenía algo de estilo en su simplicidad. El de Amelia, por otro lado, era más pequeño y perfectamente doblado, como si lo hubiera hecho con una precisión casi quirúrgica.

—Mira esto, "princesa". Este anillo es digno de una campeona —dijo Lynn, sosteniendo el anillo de papel y mostrándoselo a Amelia con orgullo.

Amelia lo tomó y lo observó con una mirada crítica. —Parece que lo hiciste mientras corrías una maratón, pero bueno, tiene carácter. Aquí tienes el mío —dijo, entregándole su creación a Lynn.

Lynn tomó el anillo de Amelia, examinándolo con cuidado. —Esto... está demasiado perfecto. ¿Qué pasa? ¿No sabes hacer nada mal?

Amelia se encogió de hombros, sonriendo. —Solo soy buena en lo que hago, Lynn.

Lynn se quedó mirándola por un segundo y luego soltó una carcajada. —Bueno, bueno, admito que tienes talento. Pero eso no significa que te voy a dejar ganar tan fácil.

—¿Ah sí? —preguntó Amelia, con un destello juguetón en los ojos. Se levantó de la silla y empezó a buscar más papel en la casa, abriendo los cajones de la cocina. Lynn la observaba con curiosidad, hasta que Amelia encontró más hojas y las arrojó sobre la mesa. —Hagamos algo más. Vamos a hacer toda una colección de anillos de papel. Pero esta vez, con diseños distintos. ¿Qué dices?

Lynn sonrió, siempre dispuesta a aceptar un nuevo desafío. —Está bien, "princesa". Pero no llores cuando te gane, ¿eh?

Ambas se dedicaron a crear diferentes tipos de anillos. Amelia hacía los más elaborados, con detalles de pliegues y formas únicas, mientras que Lynn iba más por lo grande y llamativo. A medida que avanzaban, las bromas entre ellas iban y venían.

—¿Sabías que estos anillos se los podrías dar a tus fans? —bromeó Amelia mientras sostenía un anillo grande que había hecho Lynn.

—¿Qué fans? ¿Los del equipo de fútbol? —preguntó Lynn, riéndose—. Podría venderlos como edición limitada, todos querrían uno.

—Definitivamente. Y hasta podrías autografiarlos —añadió Amelia, entre risas.

Lynn le dio un leve golpe en el hombro, todavía sonriendo. —Ya sabes, si quieres uno, solo tienes que pedírmelo.

El tiempo pasó volando entre risas y comentarios sarcásticos. Pronto la mesa estaba llena de anillos de papel, algunos sencillos, otros completamente absurdos, pero todos eran el resultado de la relajada tarde que ambas habían compartido. Lynn y Amelia se miraron mutuamente, riendo al ver el desorden de papel que habían dejado.

—Bueno, no creo que vayamos a ganar ningún premio por esto —comentó Lynn, mientras recogía algunos de los papeles.

—Tal vez no, pero al menos nos divertimos, ¿no? —respondió Amelia, sonriendo mientras doblaba con cuidado uno de sus últimos anillos.

Lynn la miró por un momento, asintiendo con una sonrisa más suave. —Sí, supongo que sí.

Se quedaron en silencio por un momento, disfrutando de la tranquilidad. Era raro para ellas no estar compitiendo, o peleándose por algo. De alguna manera, esa tarde les había permitido conocer un lado diferente la una de la otra. Y aunque probablemente volverían a sus bromas y retos habituales, era bueno saber que podían compartir un momento de paz.

—Oye, Amelia —dijo Lynn después de un rato—. Gracias por no ser tan terrible.

Amelia arqueó una ceja, divertida. —Eso es lo más cercano a un cumplido que he escuchado salir de tu boca, Lynn. ¿Debo preocuparme?

Lynn soltó una carcajada. —Tal vez. O tal vez solo estoy aprendiendo a tolerarte.

Amelia sonrió, asintiendo. —Bueno, en ese caso, yo también te agradezco. No está tan mal pasar el rato contigo... de vez en cuando.

Ambas rieron de nuevo, y aunque no lo dijeron en voz alta, ambas sabían que ese día en la casa de los Loud había sido algo especial.

Princesa, estoy contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora