Donde todo cambia

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Esa noche, la conexión entre Lynn y Amelia era tan palpable que el aire mismo parecía volverse denso alrededor de ellas. Desde el momento en que ambas habían cruzado la puerta de la habitación de Lynn, habían sentido cómo la cercanía y los sentimientos crecían más de lo que ninguna de las dos había anticipado.

Al principio, ambas trataron de mantener la compostura, moviéndose por la habitación mientras hablaban de cosas cotidianas: de cómo había sido su día en la feria, de las bromas que Lynn había hecho y de los premios que había ganado solo para dárselos a Amelia, algo que, en cualquier otra situación, Lynn jamás habría hecho. Pero esta no era cualquier otra situación. Después de tanto tiempo compartiendo momentos de amistad y rivalidad, algo estaba cambiando, y ambas lo sabían.

Mientras Amelia se acomodaba en la cama de Lynn, esta última sintió cómo una ola de nervios la invadía. No era algo que le sucediera a menudo; Lynn Loud Jr. era segura de sí misma y rara vez dudaba de sus acciones. Pero esa noche, con Amelia frente a ella, su corazón latía más rápido de lo que hubiera querido admitir.

—¿Estás cómoda? —le preguntó Lynn, rompiendo el silencio que había comenzado a formarse entre ellas.

Amelia asintió con una pequeña sonrisa, esa sonrisa tranquila y serena que siempre la caracterizaba y que, en ese momento, a Lynn le pareció especialmente hermosa.

—Sí, estoy bien… contigo, Lynnie —dijo Amelia suavemente, usando el apodo que, poco a poco, se había convertido en una especie de secreto compartido entre ellas.

El apodo escapó de sus labios de manera tan natural que ambas se quedaron en silencio un momento, procesando lo que significaba. Lynn sintió una calidez especial en el pecho, una emoción que no había experimentado antes. Sin pensarlo demasiado, se acercó a Amelia, rodeándola suavemente con los brazos y tirándola hacia ella en un abrazo cálido y protector.

Amelia correspondió al abrazo sin dudar, acurrucándose en el pecho de Lynn y cerrando los ojos, disfrutando de la sensación de seguridad que sentía en sus brazos. Ambas permanecieron así durante un largo rato, en silencio, como si el tiempo se hubiera detenido. Lynn, quien usualmente era tan ruidosa y bromista, se encontraba en un estado de calma casi desconocido para ella. Algo en la presencia de Amelia la hacía querer ser más suave, más cuidadosa.

Después de unos minutos, Amelia comenzó a jugar con un mechón de cabello de Lynn, enredándolo entre sus dedos y sonriendo para sí misma. Lynn, sintiendo la caricia, sonrió también, sin decir una palabra. Había algo en ese momento que hacía que todo pareciera perfecto, como si estuvieran en el lugar exacto donde debían estar.

—¿Crees que esto cambie algo entre nosotras? —preguntó Amelia finalmente, rompiendo el silencio con una voz suave y algo temerosa.

Lynn la miró, notando la duda en sus ojos, y le dio una sonrisa cálida y segura.

—No quiero que nada cambie —respondió con sinceridad, tomando la mano de Amelia y apretándola suavemente—. Me gusta esto, estar contigo.

Amelia sintió que su corazón se aceleraba, y aunque intentó ocultarlo, una pequeña sonrisa se formó en sus labios. Pero Lynn, quien nunca podía evitar una oportunidad de bromear, añadió:

—Aunque, bueno… eso sí, creo que voy a molestarte un poquito menos en los entrenamientos… tal vez.

Ambas rieron suavemente, y la tensión que había entre ellas pareció disiparse. Sin necesidad de decir nada más, ambas se miraron a los ojos y, poco a poco, sus rostros se acercaron hasta que sus labios se encontraron en un beso suave y delicado, un beso que compartía todos los sentimientos que habían estado guardando.

El beso comenzó de manera tímida, casi como si ambas quisieran asegurarse de que esto realmente estaba sucediendo. Pero, poco a poco, la intensidad aumentó. Lynn, quien generalmente era más impulsiva y segura, dejó que sus manos se deslizaran hacia el rostro de Amelia, acariciándolo con suavidad mientras profundizaba el beso. Amelia, por su parte, correspondió con la misma ternura, dejándose llevar por la emoción del momento y aferrándose suavemente a Lynn, como si temiera que el momento pudiera desvanecerse en cualquier instante.

Cuando finalmente se separaron, ambas se miraron en silencio, sin saber exactamente qué decir. Lynn fue la primera en romper el silencio, sonriendo con ese toque de picardía que la caracterizaba.

—Wow, princesa, ¿siempre besas así? Porque me estás dejando sin palabras —dijo en tono de broma, aunque sus palabras estaban cargadas de sinceridad.

Amelia no pudo evitar reír, y se cubrió el rostro con las manos, ligeramente avergonzada.

—Cállate, Lynnie… —respondió entre risas, empujándola suavemente.

Lynn la miró con una sonrisa amplia y, en un impulso, volvió a abrazarla, sin querer que el momento terminara. Se quedaron así, abrazadas y en silencio, sintiendo la cercanía y la calidez de la otra.

Después de un rato, Lynn comenzó a hablar de sus planes para el futuro, compartiendo algunos de sus sueños y aspiraciones que usualmente guardaba para sí misma. Amelia, quien siempre había sido una excelente oyente, escuchó cada palabra con atención, encantada de conocer ese lado más vulnerable de Lynn. Por su parte, Amelia también compartió algunos de sus propios sueños, aunque de manera más tímida, sintiendo que podía confiar plenamente en Lynn.

A medida que la noche avanzaba, ambas se dieron cuenta de que su relación había cambiado de una manera irreversible. Habían pasado de ser rivales, luego amigas, y ahora… algo más. Ninguna de las dos se atrevía a ponerle un nombre a lo que sentían, pero ambas sabían que era algo especial.

Finalmente, después de varias horas de risas, confesiones y caricias, se acomodaron juntas en la cama de Lynn. Amelia, sintiéndose completamente en paz, se quedó dormida apoyada en el pecho de Lynn, quien, antes de cerrar los ojos, se quedó mirando el techo y pensando en lo afortunada que se sentía por tener a Amelia a su lado.

Mientras el sueño la vencía, Lynn sintió cómo el corazón se le aceleraba al pensar en lo que podría significar todo esto. Pero, por primera vez, no se sintió asustada; en lugar de eso, se sintió emocionada, lista para descubrir lo que el futuro les depararía a ambas.

Esa noche, ambas durmieron profundamente, sintiendo una felicidad y una paz que nunca antes habían experimentado. Sin importar lo que sucediera después, sabían que siempre recordarían esa noche como el momento en el que todo había cambiado entre ellas.

Princesa, estoy contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora