Cuando Lynn llegó a su casa, apenas cerró la puerta detrás de ella, se dejó caer en el sofá, con una mezcla de pensamientos y emociones revoloteando en su mente. Su relación con Amelia se había transformado de maneras que nunca imaginó. Recordaba cada mirada, cada gesto, y especialmente esos besos que compartían, que parecían confirmar lo que tanto había tratado de negar.
Suspiró profundamente y pasó una mano por su cabello desordenado. Todo se sentía surrealista, como si estuviera en una especie de sueño del que no quería despertar. Sin embargo, también sentía una presión en su pecho. Había algo en esa relación que la hacía sentirse al borde de algo grande, de una decisión que podría cambiar su vida.
Los recuerdos inundaban su mente. Recordaba cómo había empezado todo entre ellas: las bromas, los apodos irónicos, las miradas de desafío. Al principio, fue divertido. Siempre había una chispa entre ambas, una competencia constante, casi como si no pudieran evitar provocarse mutuamente. Pero ahora, después de todo lo que habían compartido, esas bromas y ese desafío parecían tener otro tono, uno que le provocaba una mezcla de nervios y emoción.
—¿Qué voy a hacer contigo, princesa? —murmuró en voz baja, esbozando una sonrisa mientras pensaba en Amelia y en cómo la llamaba.
Se levantó del sofá y fue hasta su habitación. En ese espacio, sin interrupciones ni ruido, todo se sentía más intenso. Lynn se dejó caer en su cama y se quedó mirando al techo. Podía sentir cómo su corazón latía con fuerza, y sus pensamientos iban y venían.
Pensaba en cómo, al principio, simplemente quería molestar a Amelia, o competir con ella. Pero ahora... ahora quería protegerla, hacerla sonreír, y estar cerca de ella todo el tiempo. Sabía que había algo especial en Amelia, algo que la hacía única y que hacía que Lynn no pudiera dejar de pensar en ella. Pero ¿qué significaba eso realmente? ¿Y qué haría con esos sentimientos?
Se giró y agarró su teléfono, dándole vueltas entre los dedos mientras consideraba si debía escribirle. Algo tan simple como un mensaje podría aligerar su corazón, pero al mismo tiempo, le hacía enfrentarse a sus propios sentimientos. ¿Debería ser honesta con Amelia sobre todo lo que sentía? ¿O simplemente dejar que las cosas fluyeran, sin ponerles etiquetas?
Suspiró otra vez, esta vez con un toque de frustración. No estaba acostumbrada a sentir tanto por alguien, y mucho menos a no saber qué hacer al respecto. Para ella, siempre había sido fácil ser impulsiva, seguir sus instintos. Pero con Amelia, sentía que todo debía ser diferente, más delicado, más pensado.
De repente, su teléfono vibró con una notificación. Era un mensaje de Amelia: "¿Llegaste bien, Lynnie?"
El apodo hizo que sonriera. ¿Cómo era posible que unas simples palabras pudieran cambiar su estado de ánimo tan rápidamente? Se apresuró a contestar:
—Sí, llegué bien, princesa. Solo estaba... pensando.
Hubo una pequeña pausa antes de que Amelia respondiera: "¿Pensando en qué?"
Lynn titubeó. Este era el momento en el que podía decirlo, expresar lo que sentía, o simplemente dejar que todo siguiera igual. Después de un instante, respondió con una simple verdad que no revelaba demasiado pero que para ella lo decía todo:
—En nosotras.
Pasaron unos segundos antes de que Amelia respondiera: "Yo también."
Con esa respuesta, Lynn sintió que algo en su interior se calmaba y, al mismo tiempo, se encendía.
Lynn se quedó mirando la pantalla de su teléfono, leyendo las palabras de Amelia una y otra vez: "Yo también". Solo dos palabras, pero parecían tener un peso tan grande que Lynn sintió una mezcla de alivio y emoción recorrer su cuerpo. Se giró en su cama, abrazando una de sus almohadas mientras trataba de ordenar sus pensamientos.
Sabía que esa respuesta lo cambiaba todo. Amelia estaba pensando en "ellas" de la misma manera, tal vez incluso enfrentándose a sus propios sentimientos igual que ella. Pero aún así, Lynn no estaba segura de cuál sería el siguiente paso. Tenía que tomar una decisión: ¿iba a arriesgarse y ser completamente honesta con Amelia? ¿O seguirían jugando ese juego de miradas y roces, evitando lo inevitable?
Volvió a escribir un mensaje, queriendo decir algo, cualquier cosa, pero las palabras simplemente no salían. ¿Cómo le podía expresar todo eso sin hacer que sonara demasiado serio o fuera de lugar? Al final, envió algo breve:
—Creo que tenemos que hablar pronto, ¿no crees?
No pasó ni un segundo cuando Amelia respondió con un “Sí, también lo creo”. Esa simple afirmación fue como una señal de que ambas estaban en la misma página. Lynn sintió una calidez inexplicable, y aunque sabía que tenían que hablar, también sentía que el momento aún no había llegado. Necesitaba tiempo para ordenar sus pensamientos y decidir qué quería decir exactamente.
Esa noche, Lynn se quedó despierta pensando en el pasado reciente. Recordaba los primeros días con Amelia, cuando la rivalidad era todo lo que había entre ellas, cuando una simple broma podía durar semanas y el objetivo siempre era ganar, siempre ser la mejor. Pero en algún momento, sin siquiera darse cuenta, todo eso había cambiado. Ya no se trataba de ganar; se trataba de estar cerca, de ver a Amelia sonreír, incluso cuando eso significaba perder alguna que otra apuesta.
Sin darse cuenta, la mañana llegó, y Lynn se despertó aún cansada, con los ojos pesados pero con una determinación en su pecho. Esa tarde se encontraría con Amelia y, sin importar cómo salieran las cosas, hablarían. Iban a ser sinceras.
Cuando llegó la hora de encontrarse, Lynn caminó hasta el parque donde habían quedado. Ahí estaba Amelia, esperándola en una banca bajo un árbol, con una expresión en su rostro que reflejaba los mismos nervios y la misma emoción que Lynn sentía en su interior. Se acercó despacio, intentando contenerse, pero tan pronto como se sentó junto a ella, el silencio se rompió con una risa nerviosa de ambas.
—Bueno… —Lynn rompió el silencio, rascándose la nuca—, aquí estamos. Supongo que ya sabes de qué quiero hablar.
Amelia asintió, mirándola directamente a los ojos. No había ni una pizca de duda en su mirada; estaba tan decidida como ella.
—Sí, Lynnie. Creo que yo también he estado dándole muchas vueltas a esto. A nosotras.
Hubo una pausa, un silencio cómodo que parecía cargar con todas las palabras no dichas. Al final, Lynn suspiró y soltó una risa nerviosa.
—¿Es raro si digo que nunca imaginé que esto terminaría así? —preguntó, intentando que no se notara lo rápido que su corazón latía.
Amelia sonrió suavemente, acercándose un poco más.
—No, no es raro. Yo tampoco lo imaginé… pero no me molesta. Creo que me gusta más de lo que quiero admitir.
Ese último comentario hizo que el corazón de Lynn diera un vuelco. No podía evitarlo. Antes de pensarlo dos veces, se acercó un poco más y, sin decir una palabra más, le dio un beso suave y lento, como una promesa silenciosa de lo que sentía.
Cuando se separaron, Amelia sonrió, claramente sorprendida pero feliz.
—Así que… supongo que estamos en esto juntas, ¿verdad? —dijo Amelia con una pequeña sonrisa.
Lynn asintió, entrelazando sus dedos con los de Amelia y sintiendo una calidez que la llenaba por completo.
—Sí, juntas, princesa.
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Princesa, estoy contigo
Teen FictionQue pasa si la número 1 de su secundaria se enamora? no pasaría nada, si tan solo no fuera *Amelia Anderson*
