Capítulo 45 "Los buenos amigos"

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Estando a punto de explotar, mis tiros a la portería se volvieron cada vez más torpes y fuertes. Lo único que estaba haciendo era descargar el coraje y la impotencia que sentía en ese instante, no podía echarle la culpa a nadie de haber caído en esta rutina tan espantosa de ser intermediario entre mis amigas y mi novia. Es que no podía comprender que ella se sintiera celosa de mi preocupación por mis amigas cuando ella representaba mi principal motivo de felicidad, si ella era la primera persona con quien no quería y no podía estar mal.

Pensando en su actitud y sus palabras, me acosté en el suelo, cansado de haber golpeado ya el balón con tanto rencor por más de 3 horas, el sol estaba brillando justo con su mayor potencia y, eso no me importó. El suelo quemaba mi cuerpo pero ni siquiera me afectaba tanto como el peso de mis problemas que vagaban uno tras otro en mi mente provocándome una espantosa migraña.

Justo comencé a gritar para desahogar el nudo que tenía dentro de la garganta por las palabras que no había pronunciado frente a Zara, cuando escuché los pasos de alguien acercarse y vi entonces a Sergio, mi mejor amigo, agacharse para verme y poder hablarme, logrando sacarme la primera risa del día.

-¿Qué pasa carnal? ¿Por qué te quieres achicharrar en este solazo desértico?

-jajajajaja ¡Idiota!

- más idiota estas tú por querer quemarte sin estar en la playa.....supongo que eso significa que traes broncas, ¿no?

-Y de la peor clase posible

-¿peleaste con tu mujer?

- Si... así es...

-Chale wey, ¿pos que le hiciste? A ver, primero que nada vámonos de aquí porque no me quiero volver chicharrón.

Después de que fuimos a sentarnos en una de las bancas más cercanas a la cancha, que tenía sombra, por supuesto, le conté absolutamente todo lo que había pasado con Zara, con mis amigas y conmigo en las últimas semanas. Mientras él me escuchaba atentamente, ya que Sergio era el tipo de amigos que te escuchan siempre hasta el final sin interrumpirte y al final te atacan con todo lo que saben que hiciste mal.

En el momento en que terminé de relatarle lo sucedido unas horas atrás con Zara, me quedé en silencio, él respiró profundamente, se puso de pie y empezó a cuestionar absolutamente cada una de mis acciones y actitudes. Me hizo caer en cuenta del lío tan grande en que me había metido por no saber poner límites entre Zara y mis amistades, me dijo lo idiota que estaba siendo al querer arreglar las broncas de todas las personas que me rodeaban y, sobre todo me hizo entender que, sin importar si quería o no ayudar a mis amigas y arreglar las cosas con mi novia, eso sólo dependía de mí.

Tener un momento de paz conmigo mismo y, después haber tenido ese pequeño momento de desahogo con Sergio, me abrió los ojos de nuevo, yo no podía permitirle a Zara que dominara absolutamente todos los aspectos de mi vida, el que ella fuera mi novia no significaba que yo debía ser sólo de ella. Aunque claro, no iba a descuidar mi noviazgo con ella por prestar atención a mis amigas o amigos, ella y yo debíamos entender que un noviazgo no involucra la posesión del otro, sino su cercanía y confianza.

Esa misma noche, decidí que al día siguiente mi vida comenzaría a tener límites, con mi novia, con mis amigos y con mis amigas, pero sobre todo conmigo mismo; no podía permitirme estar sólo al pendiente de los demás y no preocuparme por mi propio bienestar. Si quería ser feliz al lado de mi novia, debía aprender a equilibrar el resto de mi vida y eso era justo, lo que iba a empezar a hacer.


El arte de amarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora