Como si las cosas no estuvieran ya mal en mi vida, aquel día en que salí con mis amigos al parque y que estaba platicándoles lo bien que me había ido en mi última cita con Nallely, tenía que decaerse mi ánimo por culpa de nada más y nada menos que aquella perfecta figura de perfección que aún me tenía fascinado con su belleza, Zara venía caminando portando un hermoso vestido blanco y negro y unos destellantes zapatos de tacón color negro.
Lucía simplemente hermosa, delicada en su caminar con ese suave meneo de caderas, y por completo feliz, con una indescriptible sonrisa perfecta, cuando me percaté de que ella miraba a mi dirección, sonreí, levanté mi mano en señal de saludo, pero ella no pareció siquiera notarme, instintivamente la seguí con la mirada cuando pasó al lado de la banca en que me encontraba sentado con mis amigas y vi que casi llegó corriendo hasta los brazos de un muchacho alto y fornido, que la recibió con los brazos abiertos de par en par.
Escuché murmullos a mi alrededor, sentí la mano de Noemí sobre mi hombro, mis músculos se tensaron al ver que Zara saludaba de beso y abrazo a aquel individuo, pero luego de verla alejarse, con la mente llena de preguntas giré para ver a quienes me miraban detenidamente sin pronunciar palabra alguna, mis amigos, esperaban mi reacción pero simplemente bajé la mirada.
Unos minutos después, elevé nuevamente la mirada ante el silencio sepulcral que se había generado a mí alrededor y busqué especialmente los rostros de Danny y Jimena para encontrar una explicación al reciente suceso.
D: Es un muchacho de la univ, ella está yendo a cursos de introducción y...lo conoció allí.
-Ahh...
J: íbamos a decírtelo pero no sabíamos cómo lo tomarías...
N: ¿Oli? ¿Estás bien?
Sabiendo que necesitaba un poco de espacio, Noemí se puso de pie y me tendió su mano invitándome a pararme para ir a caminar, seguí su oferta porque necesitaba aclarar un poco mi mente, olvidar aquella escena y evitar que me perturbara mi felicidad. Caminamos uno al lado del otro en silencio, hacia el lado contrario a donde Zara había caminado, estuvimos así un par de segundos antes de que nos detuviéramos para tomar asiento bajo un árbol.
-Supongo que si yo estoy avanzando...ella no se quiere quedar atrás...
-Si...así parece...
-Me da gusto que lo haga...
-¿Si?
-Claro loquita... supongo que eso significa que...ya no debo preocuparme...
-Toma...
-¿Qué es esto?
-Es un cuaderno y un lápiz... sé que para desahogarte necesitas dibujar... así que hazlo... no guardes ese sentimiento que te invade...
-Jajaja... ¿ya eres psicóloga?
-Y la mejor del país...
-jaja...si...seguro...
Después de que mi voz se quebrara, ella me abrazó, reconfortando mi espíritu como sólo ella sabía hacerlo por ser mi pequeña mejor amiga. Ante su último comentario, sonreí, ella me conocía perfectamente, sabía que mi corazón y mi mente necesitaban un respiro y que el dibujo me ayudaba a tomarlo, así que, sin más, comencé a dibujar todo lo que sentía en aquel preciso momento, teniendo por resultado un dibujo abstracto de casi más de dos horas de duración, para ser terminado, hasta que el sol bajó, no me moví de aquel sitio, sino hasta después de tomar el dibujo entre mis manos satisfecho de haberlo concluido, luego me dirigí hasta donde mis amigos aún me aguardaban y le regresé su cuaderno y lápiz a Noemí. Nos fuimos entonces cada quien a su casa, necesitaba descansar.
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El arte de amarte
Ficção AdolescenteEl día que la conocí, sus ojos me miraron desde la distancia y un tenue rubor en sus mejillas se pintó cuando se dio cuenta de que también la miraba, sin embargo no se detuvo y continuó con su suave caminar, ese que acentuaba el movimiento de sus ca...
