Zara se había estado comportando de la misma manera absurda y cortante de aquel día en que fui a su casa a intentar hablarle de Noemí, en las siguientes 2 semanas, no me dirigió la palabra y, ni siquiera me miraba a los ojos cuando nos encontrábamos por casualidad en la calle.
No podía comprender porque, de pronto su dulzura y espectacular belleza me eran imposibles de distinguir. Ella era hermosa por fuera y su figura me lo recordaba cada vez con mayor ahinco en mis sueños más locos, su sonrisa y su mirada me desarmaban, sus manos me rechazaban y simplemente se alejaba de mi.
Triste ante la idea de ser ignorado por la mujer que me tenía ilusionado, comencé a sentirme mal e incluso culpable de lo acontecido, aún teniendo perfectamente claro que, no había nada de malo en tener una nueva amiga como Noemí; quien, por cierto, era una chica muy agradable y comprensiva, lo que hacia que mi sufrimiento ante la actitud de Zara, no pesara tanto sobre mis hombros.
Afortunadamente tenía a Noemí a mi lado para apoyarme en alguien cuando necesitaba desahogarme ya fuera en persona o por el whatsapp, siempre estaba disponible para charlar.
&Oliver, ¿cómo estas?
&Hola Noemí... Pues... ¿Qué te digo?
&Mmm...si, ya se. Es difícil para ti no saber de ella. ¡Pero es que es muy orgullosa! ¡No sé cómo soporta estar lejos de ti!
&Ja ja ja, tranquila. No soy alguien tan importante al parecer.
&¡Tonterías! ¡Eres genial! Y si ella se lo pierde por orgullosa, ¡lo siento!
&Si... Lo se...
&Pues es que no me gusta que te esté afectando. Creo que todo es culpa mía y ...
&No, es mía por no ser cuidadoso.
&Si...como sea, te ayudaré a que deje de ser tan nena y deje de ignorarte. Porque no me gusta verte tan decaído.
Noemí a veces me sorprendía demasiado, era una niña muy madura para su edad, siempre era sincera y, me gustaba que fuera así. Eso la hacia única, tanto como a Zara a quien, por su asombrosa belleza me era imposible olvidar un segundo siquiera. Estaba seguro de que Noemí encontraría la forma de ayudarme a aclarar el malentendido con Zara y, mientras eso pasaba, yo tenía que ser paciente y esperar a que algo sucediera, así que me senté de brazos cruzados y comencé a esperar.
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El arte de amarte
Teen FictionEl día que la conocí, sus ojos me miraron desde la distancia y un tenue rubor en sus mejillas se pintó cuando se dio cuenta de que también la miraba, sin embargo no se detuvo y continuó con su suave caminar, ese que acentuaba el movimiento de sus ca...
