Las puertas se abrieron de golpe, Cameron se separó bastante rápido. Agarró su cabeza y negó. Casi comete una locura. Casi tira todo por la borda.
-Hija, me asusté. -se escucho la voz de Devonne. -¿Están bien?
Lola, un poco aturdida por lo que acababa de vivir, y Cameron salieron del ascensor. Devonne abrazó a su hija. Lola un poco molesta, apartó a su madre. Cameron saludó a la mujer con un beso. Estaba mal por lo del ascensor, por ese casi beso que no podía suceder.
Cameron saludó a los padres de Lola con cierto nerviosismo que ellos no se dieron cuenta porque estaban atentos a lo que le pasaba a su hija después de ese momento.
Mira al abogado, casi rompe la ley...
Tragó saliva y agachó la cabeza. Lo peor de todo es que tenían un almuerzo con los padres de Lola y el señor Cabagnal. ¿Ella iría?, se preguntó.
Luego de algunos minutos donde Edgar habló con los empleados y Devonne habló con su hija un poco preocupada, los cuatro entraron a la oficina de Edgar. Había un cuadro de Lola donde estaba con un vestido suelto que le quedaba bien e hizo al abogado observar el cuadro más de lo que quería. La biblioteca pequeña estaba ordenada. Se sentaron en unas sillas alrededor de una mesa de vidrio que había al otro lado del escritorio donde Lola se sentó para usar la computadora de su padre.
-El señor Cabagnal está viniendo. Tuvo unos problemas con su ex mujer pero está viniendo. -Cameron se atrevió a hablar.
-¿Nada de qué preocuparse? -preguntó Devonne.
-No, está todo bien.
-Fuimos desconsiderados, ¿cómo estás?
-Estoy bien. -asintió él. -No soy claustrofóbico.
Hubiese sido mejor ser claustrofóbico y desesperarse por estar atrapado en un ascensor que estar ahí con Lola, creyó Cameron. Aunque no sabía qué podía ser peor a esa altura de la vida y del día, menos al lado o cerca de Lola.
-Lo sentimos mucho. No sé qué le pasó. -dijo Devonne realmente angustiada y avergonzada. -Nunca había pasado eso de que se detuviera el ascensor.
Nunca pasó y te pasa a ti, Cameron.
-No hay problema alguno.
-¿Qué les parece si bajamos? Digo, para esperar a el señor Cabagnal. -propuso Edgar. -Esta el otro ascensor.
-Está bien por mí.
-Vamos hija. -habló Devonne.
Lola se levantó de la silla y salió junto a sus padres y Cameron quien dejó que ella salga antes con su madre, como hace todo caballero. Devonne apretó el botón para que bajara el otro ascensor que llegó rápido. Los cuatro se subieron y Edgar apretó el botón para ir a la planta baja. Cameron se apoyó frente a Lola quien estaba al lado de los botones. Edgar y Devonne estaban en en segundo plano.
Lola y Cameron se miraban. A él se le vino a la cabeza el momento donde la acorralo a ella en el otro ascensor donde casi la beso. Agradeció que lo hayan podido abrir al ascensor antes de que el cometa una locura de la cual se iba a arrepentir más de lo que ya estaba sin haberla besado. Toda su vida se habría derribado en cuestión de segundos.
Llegaron a la planta baja en el momento que el señor Cabagnal estaba entrando a la empresa. Se saludaron todos cordialmente y volvieron a salir. Cada uno se fue en su auto al restaurante donde había reservado Devonne para el almuerzo donde iba a estar Lola para la mala suerte de Cameron.
Se sentaron, Lola en la punta entre su papá y el señor Cabagnal quien del otro lado tenía a Cameron que estaba frente a Devonne. Un mozo vino a tomar la orden a todos y luego se fue.
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