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Morgan

Enzo salió corriendo como alma que se lleva el diablo y aunque estuve a nada de salir a seguirlo, Alessandro me hizo ver que necesitaba su tiempo para procesar las cosas por lo que en seguida lo mande detrás de él para que pudiera calmarlo o incluso consolarlo.

-Ve con él por favor.- Alessandro tomó mi rostro entre sus manos y me dio un beso en la frente.- Por favor

-Iré con él, pero necesito que te calmes, no te puedo dejar asi nena.

Aunque me tarde bastante, cuando Alessandro me dejó tranquila sobre el sillón, se marchó a casa de Enzo.
Yo tuve la culpa de todo esto y mi cabeza no dejaba de recordarmelo minuto tras minuto, tenía que recuperar a mi mejor amigo, fuera como fuera.

-Nena, vamos a cenar, prepare un poco de pasta.

-Ahora no tengo hambre ma, prefiero esperar a Alessandro.

-¿Estas segura?

-Si, prefiero esperar.

Mi mamá se fue del salón y de nuevo me quedé esperando, con la vista sobre la puerta. El tiempo corrió como agua. Y pasaron alrededor de cinco horas, cuando estuve a nada de dejarme vencer por el sueño, Alessandro tocó el timbre.

Me levante de prisa, claramente me recibió entre sus brazos, estaba sereno y eso me decía cosas muy buenas.

-¿Qué paso, como esta, que te dijo?

-Wow, tranquila hermosa, lo dejé mucho más tranquilo. Sigue un poco molesto, pero todo esta bien, me pidió tiempo para poder hablar contigo.

-¿Pero que dijo?

-¿Textual?.- Le asentí y después de cerrar la puerta y avanzar conmigo sobre él, me dejo en el sillón.- Ok dijo que te picaras el culo y que te odiaba pero después te buscaría.

-Lo odio, siempre dice eso.

Me cruce de brazos sobre mi pecho y comence a llorar como parte de mi alivio personal.

-Aplazasté mucho el tiempo para hablar con él, ¿estás consiente de eso verdad?

-Lo estoy y me siento mal por eso. Pero no encontré el momento perfecto para poder decirle las cosas, hasta que se salió de mis manos.

-Ahora solo dale su tiempo.

-Lo haré.

Alessandro se acercó a mi, acuno todo mi ser en sus brazos y poco a poco me fui quedando dormida.

*

El calor se hizo presente en mi pero por más que intentaba quitarme las cobijas de encima no pude lograrlo, con desesperación logré voltearme y encontrar al causante de todo. Alessandro me tenía presa, sus brazos estaban alrededor de mi cintura, mientras que una de sus piernas sobre mis muslos.

-Amor, muero de calor. Quitate de encima por favor.

-¿Mmmh?

-Ale, muevete o te muevo.

-Vale, vale. Que gruñona amaneciste el día de hoy, ni los buenos días.

Se hizo a un lado y me dejó respirar con tranquilidad, hasta que de nuevo me abrazo a él.

-¿Ahora el ratón te comió la lengua?

-Nooooo, basta, muero de calor, sueltame.

-Hola guapo, buenos días, ¿como estás?. Merezco eso.

-No te diré eso, me estoy asando, sueltame.

Alessandro de nuevo se hizó a un lado y se levantó de la cama y por obvias razones yo hice lo mismo. Me quité los calcetines y recogí mi cabello en una trenza. Estaba dispuesta a ir al baño pero justo al pasar a lado de Alessandro, me jaló y me tumbó sobre la cama.

E N T U P I E L  |B O R R A D O R|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora