Epilogó

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Cinco años después...

Morgan

Alessandro y yo llevábamos más de seis meses viviendo en Orlando, ambos decidimos cambiar de aires y poder conocer otros lugares, nuestras "empresas" nos seguían a donde nosotros ibamos, así que por esa parte no teniamos ningún problema.

El jueves de la semana anterior empecé a sentirme un poco mal, tenía dolores de cabeza intensos, todo absolutamente todo me daba pereza y prefería estar durmiedo. Ambos asociamos mi cansancio como consecuencia del exceso de trabajo que tuvimos. Así que para descansar un poco preferí tomarme una semana en casa para recargar energías.

Aunque no estaba sirviendo de mucho, desperté alrededor de las doce del día y juraba que podía seguir durmiendo todo el día si no fuera por el malestar dentro de mi estomagó. Con demasiada pereza me levante de la cama y aunque me tardé unos minutos en preparar mi cuerpo para ponerme de pie, mi cabeza dio miles de vueltas y una arcada llego a mi garganta.

Como pude corrí al retrete y metí la cabeza dentro de la taza, estuve ahí alrededor de cinco minutos. Todo me daba vueltas y el sabor amargo se quedó en mi garganta, sin muchas ganas de salir, lo recomendable seria ir al médico. Me di un baño y lave mis dientes, estaba preocupada, tenía miedo de haber recaído y que eso afectará de nuevo toda mi salud y mi vida cotidiana.

Saliendo del baño marque el número de Enzo, estuve tentada hablar con Alessandro, pero conociendolo estaría en casa en menos de quince minutos y se convertiría en mi sombra cuidandome día y noche.
Así que la mejor opción era Enzo, podría ir sola al doctor, pero no quiero acabar chocando con algún poste.

-¿Hola, como sigues?

-Peor que ayer, podrías venir por mi?, necesito ir al doctor.

-De acuerdo eso si es preocupante, salgo en quince minutos para allá. ¿Alessandro sabe?

-¿Porque crees que te estoy hablando a ti cabeza hueca?

-Tienes razón, no tardó.

-Con cuidado.

Con lentitud y mucha calma me vestí, me puse algo sumamente comodo y casi sentada bajé a la cocina por un vaso de agua. La cabeza me pesaba y no dejaba de darme vueltas, me sentía como hace algunos años y aunque aun no sabía la causa, mi cabeza pensó "son las consecuencias de la edad".
Después de regañarme mentalmente por haber pensado eso, me quedé sentada cerca de la puerta, para salir en cuanto Enzo estuviera fuera.

Y en realidad no tardó mucho, en cuanto escuche el motor de su auto salí sin darle tiempo si quiera a bajarse.
Entrando a su auto, su particular aroma me recibió y todo en mi estomago se revolvió y de nuevo tuve que sacar la cabeza y sacar todo lo de mi interior.

-Mierda, si estás muy enferma. Espero no sea grave, si no, Alessandro nos va a matar de eso estoy seguro.

-Por favor, solo conducé, hoy desperté con las nauseás.

Después de unos eternos veinte minutos, entramos a la clinicá, afortunadamente no había demasiada gente y corrí con suerte de ver a mi doctor, asi que muy deprisa me acerque al mostrador.

-Buenas tardes, necesito un consulta con el doctor Eder.

-Buenas tardes, su nombre por favor.

-Morgan Rizotto, justo estoy viendo al doctor, cree que le pueda comentar, me siento realmente mal.

-Bien, permitamé, tome asiento y en unos minutos le informó.

Enzo y yo nos quedamos de pie a un lado del mostrador, no tenía ganas de esperar y mi paciencia no me iba a permitir estar sentada, solo quería respuestas y le pedía a Dios que no fuera una recaída.

E N T U P I E L  |B O R R A D O R|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora