SETENTA Y DOS
Khun dejó el ramo de rosas sobre la tumba de su madre, el color vibrante de las flores combinaba perfectamente con el nombre escrito en la lápida. Era pequeño cuando ella murió, sin embargo, podía recordar lo suficiente de esa mujer que, aunque nunca supo cómo ser una madre, amaba a sus hijos. Chan se inclinó en señal de respeto ante la fría lápida y recordó a la tía Pink que alguna vez vivió en su casa; era una mujer excéntrica que a veces perdía la cordura, pero, que siempre recordaba a sus hijos.
―Mamá, he traído a tu yerno este día― dijo Khun con una sonrisa tomando la mano de Chan ―Tu nieto también vino, pero, está aquí adentro, aún en mi vientre... Nos tardamos un poco, pero, conseguimos estar juntos.
El viento sopló suavemente y Khun sonrió pensando en que ese leve roce en su mejilla se sentía tan similar al toque que recordaba de su madre.
―Tía Pink― saludó Chan con nostalgia ―Me dijiste que cuando creciera podría casarme con tu hijo y cuidarlo, dijiste que me confiarías a tu tesoro. He venido a cumplir tus deseos, amo a tu hijo, la vida hizo que nos encontráramos y pudiéramos amarnos; a partir de hoy ya no te llamaré tía, te reconozco como madre, pronto le daré una boda correcta a tu hijo, pero, ante ti prometo no equivocarme otra vez y quedarme junto a él hasta que muera, cuidaré de él y de nuestro hijo, formaremos nuestro hogar y lo llenaremos de amor. Madre no se preocupe, cuidaré de Khun.
―Mamá, ya encontré mi lugar― sonrió Khun dejándose abrigar por el fuerte y cálido abrazo de Chan ―Pronto me convertiré en madre, por favor, ayúdame a ser todo lo que mi hijo necesite. Que mi vida sea larga para ver crecer a mi niño y disfrutar del amor, quiero llegar a viejo junto a Chan, ayúdame a tener una vida larga para ser feliz con el hombre que amo.
Poco después la pareja abandonó el cementerio, la tarde comenzaba a caer y aquella era su última parada antes de ir a Villa Sangrienta. Pasarían la noche allí para encargarse de los últimos detalles y asegurar que los prisioneros sigan vivos y los leones estén cómodos, después de todo, son las estrellas del show.
―¿Tenemos a toda tu familia?― preguntó Khun haciendo un recuento mental de los invitados que ya esperaban en los calabozos.
―No escapó ni uno― sonrió el Alpha dejando que su Omega recargue la cabeza en su hombro ―¿Cómo te sientes cariño? ¿cómo está el bebé?
―Estamos bien, pero, estaríamos mejor si liberas algunas feromonas para mí.
El Alpha obedeció de inmediato, el aroma a enebro cubrió a Khun haciendo que su cuerpo se relaje de inmediato. Era maravilloso como una sola gota de las feromonas de su vínculo puede darle tanto bienestar y alejar todos los síntomas desagradables del embarazo.
Arm detuvo el auto frente a la Villa, aquella construcción podría albergar a un ejército, fue construida con un tamaño mucho mayor al de la casa familiar, el terreno contenía varias hectáreas y el escenario del show estaba a una distancia prudente, así como los calabozos. Khun lo diseñó de esa forma porque no quería que los gritos de los prisioneros arruinaran la estadía y el descanso de sus invitados.
―¿Llegó mi hermano y su familia?― preguntó Khun a Pol que corría organizando todo.
―No señor, ellos llegarán para la cena parece que el Joven Maestro Porchay quiso ir de compras antes de venir y sus padres lo consintieron― informó Pol.
―Mi pequeño Chay es tan parecido a mí― fanfarroneó Khun ―¿Y Diao? ¿Llegaron mis sobrinos?
―El señor Diao también se retrasó, el Joven Maestro Tian y el Joven Maestro Tor tenían una cita médica y llegarán tarde.
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WOUNDS
FanfictionKinnPorsche Omegaverse Hace 16 años Porsche trabajó para la familia Theerapanyakul, su guapo heredero Kinn puso sus ojos en Porsche y decidió que sería un juguete muy interesante y divertido, pero los juegos tienen consecuencias y Porsche de pronto...
