Setenta y seis

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SETENTA Y SEIS

El olor de la pólvora se estrelló en la nariz de Porsche, hace mucho que no disparaba una de esas armas, prácticamente desde que dejó a los Theerapanyakul. El peso de aquel revólver causó un escalofrío en su cuerpo, la textura del arma era satisfactoria y sus sentidos despertaron, como en aquellos tiempos, listo para reaccionar ante cualquier peligro.

―Te ves sexy.

La voz gruesa de Kinn resonó en aquel campo de tiro subterráneo.

―Me siento sexy― Porsche acarició el arma una vez ―Siguen usando buenas armas, aunque, mi arma era especial.

―Lo sé, yo te la regalé― Kinn se acercó a Porsche abrazándolo por la espalda con deseo, besó suavemente su cuello, muy cerca de aquella deliciosa glándula y sopló lentamente sobre esa piel de canela ―Me encantaba verte usarla, tan sexy... me excitaba tanto.

―Siempre me empujabas a la habitación, una y otra vez, buscabas cada momento que tenía libre para estar conmigo― recordó el Omega disfrutando de los brazos gruesos y fuertes de Kinn ―Tus manos sabían cómo desabrocharme la camisa muy rápido y tus dedos... recuerdo que llegaban tan adentro y sabían dónde pegar.

―Mis dedos no son lo único de mí que sabe cómo hacerte sentir bien― sonrió Kinn besando el cuello de Porsche con hambre, chupando y lamiendo su piel, dejándose seducir por el delicioso aroma de las feromonas salvajes de su Omega.

―¿Qué intentas hacer?― Porsche sonrió permitiendo que Kinn juegue con su cuerpo.

―No intento nada, pero, si quieres que lo intente...

―Aún no llegamos a eso― el Omega suspiró intentando mantener la calma.

Kinn sonrió como si le diese igual lo dicho por Porsche, giró a su Omega para encontrarse frente a frente, lleno de deseo atacó sus labios con hambre. Las manos traviesas del Alpha apretaron las nalgas carnosas de Porsche y sus feromonas flotaron, cubriendo a su pareja anunciando que es suyo y nadie más puede llegar a él. El Omega no se quedó atrás, se frotó contra el cuerpo duro de Kinn, sus manos tiraron del cabello de su Alpha impidiendo que se aleje, disfrutando de cada caricia, beso y del contacto de ambos cuerpos llenos de un deseo que aún espera.

―Mi amor...― susurró Kinn aún contra los labios de Porsche ―Me estás matando.

―Te lo mereces― respondió el Omega disfrutando de saber que su Alpha se muere por él.

Aquellas caricias comenzaban a subir la temperatura del lugar llamando a que continúen con lo que sus cuerpos y su naturaleza desean, sin embargo, antes de que Kinn pudiese alzar en brazos a Porsche para llevarlo a la habitación más cercana el teléfono del Omega anunció una llamada.

―Maldita sea, no contestes― se quejó el Alpha buscando los labios de su Omega una vez más.

―Es Chay― anunció Porsche y Kinn se apartó de inmediato. La única excepción cuando está con su Omega es su hijo.

Porsche contestó la llamada, escuchó a su hijo hablarle sobre algunas cosas de la escuela y recordarle que entregarán esa tarde los trajes para la Velada Real y por último, pedirle permiso para faltar al entrenamiento.

―No― respondió Porsche con firmeza.

―Pero mami― Chay dijo al otro lado de la línea ―Estoy cansado, quiero hacer otra cosa.

―No me importa, no puedes saltarte el entrenamiento.

―¡Mamá!

―Porchay, no discutas. He dicho que no. Sin excusas, vas al entrenamiento y punto.

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⏰ Última actualización: Feb 08 ⏰

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