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Aunque fue consciente de todo el alboroto que causaban los niños en la cocina con el desayuno y el parloteo, el sonido de la cubertería y de la risa de Daniel, seguramente, por las ocurrencias de los chicos; ella estaba distraída y luchando férreamente por no llorar. Supuso que todo ese sentimentalismo era por la llegada rotunda de su regla. Siempre había sido muy sensible.
Escuchó las risas de los niños al alejarse de la cocina, el teléfono de Dan y ella solo pudo ponerse a recoger después de terminar de desayunar.
– ¿Qué ha pasado? – escuchó a Daniel tras ella, se giró solo para verle tomar cosas de la mesa y llevarlas al fregadero.
– ¿Por qué preguntas esto? Todo está bien– dijo y por un momento hasta ella misma se la creyó.
–Wow, Pía, no puedo creer que me creas tan estúpido, te conozco... o hubo un tiempo en el que lo hice muy... muy bien. Luego de darte la vuelta y sentarte a comer, cambiaste... Si hice algo que te molesto lo lamento, no fue mi intensión incomodarte, solo hice lo que los niños querían que hiciera, planearon eso en forma de agradecimiento y...
–No estoy incomoda por tu proximidad hacia mí, Daniel. Solo... supongo que verles me ha puesto un poco nostálgica, son... es como ver a tu padre– dijo bajando la voz.
Supo entonces que no fue bueno decirle lo que en verdad pasaba, su mirada de tribulación le dijo que todo iba a terminar con el quebrándose.
–Oh–su voz salió atropellada.
Hubo un momento en la noche anterior en el que el habló de su padre y si le vio los ojos brillosos cuando lo menciono, si ella que no era nada de Markus Joshep Stone se ponía a hipar del llanto, cosa que estaba conteniendo por el mismo, cuanto más su único hijo, quien fue y era la luz de los ojos de Daniel.
–Yo no lo recordé por...– quiso disculparse cuando vio su rostro enrojecer.
–Está bien, Pía...– dijo muy bajito y dándose la vuelta salió de la cocina.
Pensó que ir a consolarlo sería inapropiado, pero ella no quería pensar en ello, así que salió a su encuentro. Beth y Danm estaban viendo televisión y camino hasta ellos.
–Papa y yo vamos a hablar... quédense aquí y por favor no pasen a la cocina u otra haría de la casa si no es necesario.
Se dirigió a la habitación, más no estaba allí, camino hasta el baño, y la puerta estaba cerrada.
Quedo allí, pegada de la puerta, y escuchó una respiración un poco dificultosa.
Oh, no Daniel.
Fue consciente de su propio llanto silencio cuando no podía respirar bien por el fluido nasal que obstruía el de aire.
La puerta se abrió un momento más tarde, ella no se movió y cuando se alejo y lo encaró el volvió a respirar forzosamente y se giró mientras levantaba su cabeza y llevaba las manos a su cabello. Sin más que decir entró al cuarto de baño y cerrando la puerta le abrazó desde atrás.
Sintió como el volvía a inclinar su cabeza y la apoyaba de la suya, llevaba sus manos a donde ella tenía los suyos rodeándole y entonces sintió como su estomago se contraía. Estaba llorando. Un real llanto.
–Shh... todo está bien.
Le dijo mientras besaba su espalda.
&
Dolía, dolía y mucho, aun después de los años era lacerante el recordar que su padre ya no estaba con él, que no volvería jamás. Sí, que Pía le recordara a su padre en un momento como ese, un momento en donde su sentimentalismo estaba alterado por su hijo y cosas más que el no entendía, le pudo y no tuvo otra opción que irse, intento controlar el llanto y casi pudo, mas no le fue fácil, y ver a Pía del otro lado de la puerta esperando con su llanto creciente le pudo.
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Cliché y punto
RomanceDaniel siempre soñó con convertirse en un reconocido biólogo marino, desde pequeño se visualizó como un reconocido y famoso biólogo, como un programa de investigación en televisión . Al cumplir la corta edad de diecisiete ya era un prodigio en la...
